Mushu y Mate, dos gatos jugando juntos.

Mushu y Mate, dos gatos jugando juntos. Archivo redacción

Mascotario

Carlos Gutiérrez, veterinario: "Los gatos que maúllan mucho o que están estresados pueden desarrollar afonía"

El experto explica que el estrés excesivo o los maullidos constantes por ansiedad pueden agotar las cuerdas vocales del animal.

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Angelica Rimini
Publicada

El maullido es la herramienta clave con la que los felinos se comunican con nosotros. Por eso, cuando de repente notamos que su voz suena ronca, apagada o que directamente intentan emitir un sonido sin que salga nada, es completamente normal que salten las alarmas.

Aunque en la mayoría de las ocasiones suele ser un problema temporal y reversible, la pérdida de voz en los gatos puede tener orígenes muy diversos, que van desde el puro agotamiento vocal hasta pequeñas lesiones nerviosas difíciles de detectar a simple vista.

Para entender mejor qué ocurre en estos casos, el veterinario Carlos Gutiérrez analiza las distintas circunstancias que pueden desencadenar este síntoma.

Estrés o malestar prolongado

En primer lugar, hay que considerar el impacto del uso excesivo de la voz, algo que suele suceder cuando el animal atraviesa un episodio de estrés o malestar prolongado.

"Estos cambios pueden ser debido a un montón de distintas circunstancias. Algunos gatos por maullar demasiado o por haber tenido algún proceso en el que hayan tenido que estar todo el rato vocalizando, pueden llegar a desarrollar una cierta afonía o cambio en el maullido", explica el veterinario.

Esta situación es frecuente en desplazamientos o en animales con problemas emocionales al quedarse solos. Según señala Carlos Gutiérrez, "se puede observar en gatitos que hayan pasado un cierto estrés por un viaje".

De igual forma, los problemas de ansiedad por separación pueden llevar a un gato a maullar de forma continua mientras sus dueños están fuera, provocando que, al regresar a casa, el animal se encuentre completamente afónico.

El calcivirus

Sin embargo, el sobreesfuerzo vocal es solo una parte de la ecuación. La salud de las vías respiratorias y la presencia de patologías infecciosas también desempeñan un papel fundamental en la alteración del sonido del gato.

"En algunos casos el calicivirus puede llegar a inflamar esas zonas", detalla el especialista.

Existen también escenarios más complejos donde la exploración física en la clínica no revela anomalías a simple vista, pero el animal sigue afónico. En estos casos, la causa suele ser un impacto o golpe que no deja huella física aparente pero interrumpe la función de los músculos del cuello.

"Puede llegarse a deber incluso por traumatismos, por golpes que no dejen ningún tipo de signo externo y que no nos demos cuenta que se han producido". En estos casos, es posible que la exploración veterinaria no detecte ningún síntoma. Los pequeños golpes no son fácilmente observables mediante la consulta.

El veterinario explica la razón fisiológica de este fenómeno: "Ocurre porque a esa zona llegan unos nervios que llevan el impulso para que los músculos tengan fuerza y produzcan el sonido. Mediante ese golpe, la conducción nerviosa puede verse interrumpida o alterada, afectando al músculo y, por tanto, al maullido".

Una recuperación global

A pesar de lo alarmante que puede resultar ver a un compañero felino sin voz, el pronóstico suele ser favorable una vez que el organismo se recupera del estímulo que causó el daño.

En la gran mayoría de las ocasiones, una vez que la inflamación cede, el estrés desaparece o el nervio se recupera del impacto, el gato vuelve a maullar sin ningún tipo de problema.

El veterinario apunta que, en ciertos casos, la voz del animal puede no volver a ser exactamente idéntica a la que tenía antes del episodio, pero esto no influye en absoluto en su salud ni en su calidad de vida.

Lo más importante siempre es observar el comportamiento global del gato. Si el animal sigue comiendo con ganas, jugando, utilizando su arenero y manteniendo su energía habitual, la pérdida de voz suele ser solo un pequeño contratiempo en proceso de curación.

Por el contrario, si la afonía se presenta acompañada de apatía, falta de apetito, secreciones en ojos o nariz, o dificultades claras para respirar, la visita al veterinario debe ser inmediata para descartar patologías más graves.