Tres vacas en el terreno quemado de Ciperez, Salamanca, España.

Tres vacas en el terreno quemado de Ciperez, Salamanca, España. istock

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Los expertos coinciden: hay que prohibir la caza en un radio de 30 km en las zonas quemadas para salvar a los animales

Una petición recoge firmas para llevar a cabo esta reivindicación ambiental y de protección animal.

Más información: El grito silencioso tras los incendios de Madrid: la lucha para salvar a los animales y ayudar a los refugios

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Los recientes incendios forestales que han azotado con extrema gravedad a las provincias de Ávila y Madrid han provocado un desastre ecológico sin precedentes. Decenas de miles de hectáreas han quedado reducidas a cenizas, destruyendo el hábitat natural de multitud de especies.

Los animales que han logrado escapar del fuego se encuentran heridos, desorientados, sin agua, sin alimento y desprovistos de vegetación donde refugiarse. Sus vidas siguen en peligro y todavía no existe un plan de actuación oficial.

Los que sobreviven huyen a las zonas colindantes no quemadas. Esto genera una alta concentración de fauna en espacios reducidos, lo cual implica una competencia extrema por el agua y el alimento y una mayor visibilidad ante depredadores.

Además, el estrés hídrico y nutricional aumenta drásticamente, reduciendo las tasas de reproducción. En este estado de absoluta vulnerabilidad, permitir la actividad cinegética en estas áreas y sus alrededores es una sentencia de muerte para la biodiversidad superviviente.

Aunque leyes autonómicas contemplan restricciones en zonas quemadas, la gravedad de esta catástrofe exige una medida excepcional: la suspensión total de la caza en todos los cotos afectados y en un perímetro de seguridad de 30 kilómetros a la redonda.

Una ley sin resolución explícita

Aunque en Castilla y León y en la Comunidad de Madrid existen normativas al respecto, estas no contemplan automáticamente perímetros tan amplios de 30 kilómetros sin una resolución explícita.

De hecho, la Ley 43/2003 prohíbe el cambio de uso forestal en al menos 30 años y deja en manos de las comunidades autónomas la regulación del aprovechamiento cinegético post-incendio.

El artículo 54 establece que la junta directiva del coto o la administración autonómica puede acotar o suspender la actividad cinegética en terrenos incendiados para favorecer la recuperación de las especies.

Sin embargo, los expertos en fauna advierten que este radio es vital para proteger a los animales que han migrado forzosamente a terrenos colindantes buscando refugio. Los 30 kilómetros buscan evitar que los cazadores esperen en los límites del incendio a la fauna desplazada y exhausta.

Los ecosistemas mediterráneos necesitan entre 3 y 10 años para recuperar la cobertura vegetal mínima que sirva de cobijo y fuente de alimento. La prohibición de las repoblaciones cinegéticas evita la introducción de especies exóticas o criadas en cautividad mientras el suelo está erosionado y frágil.

Inhabilitación inmediata de los cotos de caza

Por todo ello, una petición en Change.org está recogiendo más de 21.000 firmas para solicitar a la Junta de Castilla y León y a la Comunidad de Madrid la veda e inhabilitación inmediata de todos los cotos de caza incluidos total o parcialmente en la superficie quemada.

Por ello, se pide la prohibición temporal de la caza en una franja perimetral de seguridad de 30 km en torno al límite del incendio forestal, por un periodo mínimo de 3 a 5 años para garantizar la regeneración del suelo, de la flora y la recuperación de las poblaciones de fauna locales.

Además, para que la fauna se recupere, esta suspensión se suele acompañar de otras medidas de emergencia como la instalación temporal de bebederos y aporte de alimentos en zonas no quemadas.

En estos momentos, delimitar las zonas de reserva total y prohibir el tránsito de maquinaria pesada también es clave para proteger las áreas de nidificación. La entrada de camiones y motosierras puede generar un estrés similar o superior al de la propia caza.