Un hombre con un gato.

Un hombre con un gato. istock

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Los veterinarios dicen que las visitas de personas ajenas al hogar alteran por completo el entorno de los gatos

A diferencia de los perros, los felinos suelen ser más sensibles a los cambios de rutina, ruidos nuevos y la pérdida de control sobre sus recursos.

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Angelica Rimini
Publicada

Recibir visitas en casa suele ser un motivo de alegría para nosotros, pero para nuestros compañeros felinos puede ser una fuente importante de ansiedad.

Según el veterinario Carlos Gutiérrez, la llegada de personas ajenas al hogar altera por completo el entorno en el que viven los felinos, y es fundamental saber gestionarlo para no afectar su bienestar.

Intrusos en su territorio

A diferencia de los perros, que suelen salir al parque y tienen contacto regular con desconocidos, los gatos viven en un entorno mucho más cerrado y hermético.

Cuando llega una visita, el gato no lo interpreta como una reunión social amigable. El experto lo explica de forma muy clara: "nuestros gatos no están viendo eso, están percibiendo que están entrando intrusos dentro de su territorio".

Desde su punto de vista, estas personas nuevas podrían robarles sus recursos más preciados, como sus zonas de descanso, su arenero, su comida o incluso la atención de su dueño.

Además de introducir olores, sonidos y voces nuevas, las visitas traen consigo cambios en la rutina, algo que los gatos detestan porque les encanta tener todo bajo control. Pueden ocupar su silla favorita o alterar la disposición de los muebles.

Ante esto, es completamente normal que el gato decida esconderse, tomar distancia para observar o mostrarse en alerta.

El experto es tajante al afirmar que "tu gato no es el que tiene que adaptarse, lo tienes que hacer tú". La solución no es dejar de invitar gente, sino proporcionar al gato un entorno seguro, con escondites y vías de escape para que no se sienta acorralado ni observado si no lo desea.

Además, obligar al gato a interactuar, cogiéndolo en brazos para que las visitas lo acaricien con la excusa de que "es muy bueno", es un "completo error". El especialista advierte que, aunque el animal se quede inmóvil, en ese momento está sufriendo "altísimas dosis de estrés".

Rutina y normalidad

Para minimizar el impacto negativo, se recomienda seguir los consejos del veterinario. Según indica, antes de que lleguen las visitas, es vital mantener las rutinas y el ambiente lo más normal posible.

Si vas a hospedar a alguien, no le cierres la puerta de la habitación de invitados con antelación, ya que esto genera una "confusión tremenda" en el felino, al que le gusta explorar su territorio.

Además, es muy recomendable prepararle un refugio tranquilo (como debajo de tu cama o en su habitación) con cuencos adicionales de agua y comida, de modo que pueda alimentarse y descansar sin ser visto por los invitados ni tener que pasar por las zonas comunes.

Durante la estancia, la regla de oro es no forzar la interacción en ningún momento. Como declara el experto: "tenemos que dejar que el gato decida, esto es algo que nos tenemos que grabar a fuego".

La principal tarea del tutor será educar a las visitas, pidiéndoles que ignoren al gato, que no lo persigan y que jamás lo levanten del suelo bruscamente, ya que esto resulta muy intimidatorio para él. Hay que dejar que sea el propio felino quien se acerque si siente curiosidad.

Después de que se marchen, una vez la casa vuelve a la normalidad, hay que facilitarle al gato un momento de descompresión para que sus niveles de estrés bajen poco a poco. "Déjalo tranquilo hasta que decida salir de su escondite".

Una vez que se deje ver, puedes ofrecerle un poco de comida húmeda, pero siempre en pequeñas cantidades, ya que el estrés puede provocar que coma con mucha ansia y termine vomitando.

También es importante observar si presenta estrés diferido, que puede manifestarse en las horas o días posteriores mediante comportamientos esquivos, destructivos o incluso cierta agresividad redirigida hacia los miembros de la familia.

En estos casos, el experto subraya que jamás se le debe castigar, ya que eso solo aumentaría su frustración y estrés. Para garantizar una convivencia armoniosa, es esencial aprender a leer las necesidades de nuestro felino.

Si sabemos que nuestro gato no tolera bien a los desconocidos, lo ideal es realizar un proceso de adaptación gradual, comenzando con visitas puntuales, tranquilas y de pocas personas, para que el animal vaya asociando estas situaciones con experiencias inofensivas y gane confianza a su propio ritmo.