Nairobi, el loro rescatado por el refugio Alma y Pata.

Nairobi, el loro rescatado por el refugio Alma y Pata. Instagram: Alma y Pata

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Nairobi, un loro rescatado después de haber pasado 25 años de en una jaula: "Ahora no puede salir y ponerse a volar"

El encierro prolongado en espacios reducidos tiene consecuencias devastadoras para los los animales, dejando secuelas físicas y psicológicas.

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Tras pasar un cuarto de siglo confinada entre los barrotes de una jaula, Nairobi y Denver, dos loros Amazonas, llegaron a Alma y Pata, un refugio de animales ubicado en Barcelona.

Sus historias están dando la vuelta por internet, ya que muchas personas se preguntan por qué los cuidadores no las sacan de la jaula. Para sus cuidadores, la respuesta es compleja, ya que la verdadera libertad tras tanto tiempo de cautiverio requiere mucho más que simplemente abrir una puerta.

Denver llegó después de haber pasado 20 años en una jaula, con las patas y las alas fracturadas. No pudieron traer la jaula en la que había vivido toda su vida, por lo que todo era nuevo y le daba mucho miedo.

Nairobi fue rescatada recientemente después de haber pasado 25 años encerrada en una jaula. Ahora, se encuentra en pleno proceso de adaptación y rehabilitación: hace apenas unos días descubrió cómo disfrutar de un baño con pulverizador, una experiencia que probablemente nunca antes había vivido.

"Todos queremos verla libre después de haber pasado 25 años encerrada, pero precisamente por eso no podemos hacer las cosas deprisa", explica Melody Alonso Ruíz, en un vídeo de Instagram.

Su único refugio

A diferencia de los humanos, que interpretan la jaula como una prisión, para Nairobi representa su único refugio. El equipo decidió mantener su jaula original durante este proceso de transición porque "aunque a nosotros nos cueste entenderlo, después de 25 años en esa jaula es el único sitio que conoce".

La meta del refugio no es forzar su salida, sino reconstruir su confianza. "No se trata de abrir la puerta y esperar a que salga. Se trata de conseguir que algún día quiera salir porque se siente segura".

Este delicado proceso de adaptación consiste en pasos muy lentos: acercarle la mano poco a poco, ofrecerle comida, mostrarle juguetes y respetar escrupulosamente sus tiempos.

Gracias a este tacto, Nairobi descubrió hace unos días de las cosas más sencillas de la vida.

Secuelas profundas

El encierro prolongado en espacios reducidos tiene consecuencias devastadoras para los loros. Son aves con una inteligencia comparable a la de un niño de 4 a 5 años, con una alta necesidad de socialización y un diseño evolutivo hecho para volar grandes distancias diarias.

Al ser animales tan cognitivamente complejos, el aburrimiento y la frustración rompen su estabilidad mental rápidamente.

Por estrés, ansiedad o dolor crónico, el loro comienza a arrancarse las plumas (especialmente en el pecho y las alas) o a morderse la piel hasta causarse heridas profundas.

Desarrollan conductas repetitivas sin ningún propósito aparente, como balancear la cabeza de lado a lado continuamente, caminar en círculos por los barrotes o morder la jaula de forma obsesiva.

Algunos loros canalizan el trauma volviéndose extremadamente hostiles (mordiendo a cualquiera que se acerque), mientras que otros caen en una especie de "depresión clínica" o indefensión aprendida, quedándose inmóviles en una percha durante días.

Recuperar la alegría

Más allá del trauma psicológico, el encierro prolongado deja graves secuelas físicas. Al no haber podido utilizar sus alas durante décadas, la musculatura de Nairobi está muy debilitada.

"Nairobi no puede salir y ponerse a volar de un día para otro", sino que necesita "ejercitar esa musculatura poco a poco para fortalecer las alas antes de poder volar con seguridad".

Cuando Denver llegó, también estaba en la misma situación que Nairobi. Ahora, su vida ha cambiado por completo. "La paciencia no retrasa la rehabilitación sino que la hace posible"

Un animal que ha sufrido un encierro prolongado puede que nunca vuelva a volar con normalidad. Sin embargo, su capacidad para recuperar la alegría de vivir en un entorno de santuario que respete su naturaleza es asombrosa.