Primer plano de un perro.

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Canela, la perrita que quedó con la cara desfigurada por culpa de un petardo: no está protegida por las leyes

Una perrita pitbull sobrevivió a una tragedia el pasado Año Nuevo y se ha transformado en el epicentro de un intenso debate jurídico y social en Paraguay.

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La pesadilla de Canela comenzó en las primeras horas del 2024. Tras la explosión de un petardo durante los festejos de Año Nuevo, la perrita perdió la mayor parte de su mandíbula superior.

Las alarmantes imágenes de su estado movilizaron de inmediato a la Dirección Nacional de Defensa Animal y a una red de rescatistas independientes.

Contra todo pronóstico, y tras meses de cirugías reconstructivas de alta complejidad que incluyeron el diseño e implantación de una prótesis en 3D, Canela logró recuperarse.

Aprendió a comer de nuevo y encontró un refugio seguro y especializado bajo el cuidado de sus salvadores. Sin embargo, cuando parecía que su historia avanzaba hacia un final feliz, la justicia dictó un giro inesperado.

El fallo de la discordia

La jueza de Garantías de Lambaré, Carmen Román, emitió una orden judicial que obligaba a los rescatistas a devolver a Canela a sus dueños originales.

La resolución se basó en una investigación de seis meses que determinó que la familia no provocó las heridas del animal; el único imputado en la causa fue un adolescente del barrio, señalado como el responsable de encender el explosivo que la perrita mordió.

Para la justicia penal, al no existir una autoría directa del daño por parte de los propietarios, la perrita debía regresar a su hogar de origen.

El centro del debate

La decisión judicial desató una ola inmediata de indignación en las organizaciones animalistas y en la propia Dirección de Defensa Animal, quienes anunciaron batallas legales —lideradas por el abogado Diego Tuma— para intentar revertir la medida.

El caso de Canela expone una línea muy delgada en la legislación paraguaya: la diferencia entre el maltrato activo y la falta del deber de cuidado.

Las organizaciones de protección animal argumentan que dejar a una perrita expuesta en la calle durante una noche de alta pirotecnia constituye una negligencia grave (maltrato por omisión).

Además, sostienen que un animal con secuelas tan severas requiere cuidados médicos diarios y específicos que la familia original no demostró poder garantizar.

Según la postura judicial, el fallo se ciñe estrictamente a la propiedad del animal, argumentando que no se puede despojar a una familia de su mascota si no se les demuestra un dolo o una intención de dañarla.

Más allá del destino final de Canela, este suceso ha marcado un antes y un después en Paraguay. Obliga a la sociedad y a los legisladores a replantearse si las leyes actuales son suficientes para proteger a quienes no tienen voz, o si es hora de castigar con la misma firmeza la negligencia de los tutores.