Un perro.

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Los veterinarios coinciden: "Los perros son las primeras víctimas; hay garrapatas donde antes era impensable"

Las enfermedades transmitidas por estos parásitos ya no son exclusivas de la primavera y el verano.

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Las garrapatas han dejado de ser una preocupación exclusiva de los meses de calor. El aumento generalizado de las temperaturas y la alteración de los ciclos estacionales están transformando por completo el mapa de los parásitos en España.

Lo que antes era una amenaza acotada a la primavera y el verano, hoy se ha convertido en un riesgo silencioso que acecha durante los doce meses del año. Así lo advierte Ana Ramírez, veterinaria de Kivet, quien detalla cómo el cambio climático está reconfigurando la conducta de estos vectores de enfermedades.

"Debido al cambio de temperaturas que estamos sufriendo los últimos años, hemos visto que estos parásitos en algunas zonas permanecen activos durante todo el año. Ya no debemos bajar la guardia en temporadas más frías", explica la experta, incidiendo en que la prevención debe ser continua.

Este fenómeno meteorológico no solo alarga su periodo de actividad, sino que está provocando una expansión geográfica inédita. "Estamos viendo especies de garrapatas donde antes era impensable", alerta Ramírez.

Al tener inviernos más suaves, nuevas especies viajan y se asientan en regiones donde no habitaban, lo que incrementa notablemente la probabilidad de que transmitan patógenos que antes no estaban presentes en esas zonas.

Un enemigo para los perros

En el ámbito veterinario, los perros son, sin duda, las principales víctimas de las picaduras. Entre las patologías más frecuentes que transmiten estos parásitos en el territorio nacional se encuentran la erliquiosis canina, la anaplasmosis, la babesiosis y la hepatozoonosis.

"Son enfermedades provocadas por parásitos o bacterias que afectan directamente a la sangre", aclara la veterinaria de Kivet. Por el contrario, el escenario en los felinos es radicalmente distinto. Aunque las garrapatas también tienen la capacidad de transmitirles patologías, Ramírez puntualiza que en los gatos este diagnóstico "es mucho menos frecuente".

Uno de los mayores peligros para los propietarios de mascotas es la dificultad para detectar la infección a tiempo, ya que los síntomas iniciales suelen ser muy inespecíficos. El cuadro clínico suele manifestarse entre una y tres semanas después del contacto con el parásito —aunque en ocasiones puede tardar más—, manifestándose a través de fiebre, pérdida de apetito, anorexia, cojeras o sangrados por la nariz.

"El problema fundamental es que no causan síntomas que puedan alertar de una enfermedad concreta, sino de muchos tipos de dolencias", advierte Ramírez. Por ello, la recomendación es clara: "Si estamos seguros de que nuestro animal ha entrado en contacto con la garrapata y notamos cualquier signo que nos alerte de un comportamiento diferente, debemos consultar de inmediato al veterinario".

Existe la falsa creencia de que si un perro logra superar una de estas patologías queda protegido de cara al futuro. La experta desmiente categóricamente este mito: "Por mucho que un animal haya padecido ya una erliquiosis o una anaplasmosis, puede volver a contraerla. No los protege ni los inmuniza de por vida".

El peligro de los remedios caseros

Cuando un propietario detecta una garrapata adherida a la piel de su mascota, la reacción inmediata suele ser intentar retirarla. Sin embargo, recurrir al imaginario popular puede empeorar drásticamente la situación.

Prácticas como aplicar alcohol, aceite o incluso quemar al parásito con fuego son errores graves que ponen en riesgo la salud del animal. "Esto es muy peligroso porque cuando la garrapata siente estos agentes externos, suele liberar más patógenos, bacterias o parásitos a la sangre de nuestro animal", detalla la especialista.

La forma correcta y segura de proceder requiere el uso de pinzas específicas. Se debe sujetar al parásito lo más cerca posible de la piel "y tirar de forma firme y continua, sin aplastar la garrapata ni girarla".

El motivo de esta precisión es evitar que la cabeza o parte del aparato bucal quede enquistada dentro de la dermis. "Si tenemos dudas o miedo de no hacerlo correctamente, lo ideal es acudir al veterinario para que la extraiga o nos enseñe a hacerlo", añade.

¿Existe riesgo para los humanos?

El peligro de las garrapatas no es exclusivo del mundo animal; también constituye un problema de salud pública al tratarse de afecciones zoonóticas (transmisibles a los humanos).

Enfermedades como la anaplasmosis, la rickettsiosis, la enfermedad de Lyme o la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo están presentes en España. No obstante, Ramírez lanza un mensaje de tranquilidad: "Los casos en personas son muy raros; son muchísimo más frecuentes en perros".

Asimismo, la veterinaria aclara una duda habitual sobre el contagio en el hogar. Aunque una garrapata puede desprenderse del perro en la vivienda y adherirse a un humano, el mecanismo de transmisión más habitual para las personas no son nuestras mascotas. "Suele ser más frecuente que la persona las adhiera paseando por el campo, en una zona con hierba, y se queden en la ropa o en las piernas", apunta.

La estrategia de defensa: combinar para proteger

Ante un escenario de riesgo anual, la prevención se consolida como la mejor herramienta. En el mercado actual no existe una solución única y milagrosa, ya que la mayoría de los antiparasitarios actúan como repelentes y ninguno ofrece una efectividad del 100%.

Por este motivo, en zonas con una alta densidad de parásitos, la estrategia idónea pasa por la terapia combinada. "Se recomienda combinar más de un método antiparasitario externo, normalmente utilizando un collar y una pipeta, o un comprimido y una pipeta", aconseja Ramírez.

La idoneidad de un método u otro variará sustancialmente según el estilo de vida del animal y la región geográfica, ya que los parásitos no se distribuyen de manera uniforme por la península.

"Lo indicado es consultar con el veterinario para diseñar la combinación de métodos repelentes más eficaz para cada perro o gato de forma continua", concluye la experta, recordando que estas pautas protegen además contra otras graves amenazas como las pulgas o el flebotomo, mosquito transmisor de la leishmania.