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Los veterinarios coinciden: "Lavar el transportín en cuanto el gato lo abandone, elimina las feromonas de temor"

Para que un gato se acostumbre a una nueva casa, se necesita mucha paciencia y saber cómo gestionar el estrés inicial.

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Angelica Rimini
Publicada

Adoptar un gato es una experiencia emocionante, pero los primeros días en un nuevo hogar pueden representar un desafío tanto para el animal como para su familia. En un vídeo de YouTube, Carlos Gutiérrez, veterinario, ha documentado la primera semana de Alcachofa, un gato rescatado, para ilustrar los pasos fundamentales de este proceso.

El especialista explica cómo gestionar el estrés inicial, fomentar la confianza y, sobre todo, evitar problemas de comportamiento comunes como el hiperapego.

El éxito de la transición comienza incluso antes de que el felino cruce la puerta. Carlos recomienda preparar una habitación exclusiva un par de días antes, utilizando feromonas faciales sintéticas para crear un ambiente relajante.

La habitación del pánico

Al llegar, es normal que el gato busque refugio inmediato; en el caso de Alcachofa, su reacción fue esconderse bajo la cama en postura de alerta. Ante esto, el veterinario es tajante: si el gato se refugia, hay que dejarlo tranquilo y no intentar sacarlo a la fuerza, ya que esto solo aumentaría su estrés.

A este espacio seguro lo denomina la "habitación del pánico", un lugar donde el animal debe sentirse protegido hasta que decida explorar por voluntad propia. Además, para eliminar asociaciones negativas, aconseja lavar el transportín en cuanto el gato lo abandone, eliminando así las feromonas de temor que suelen segregar durante el trayecto.

La conquista del animal se produce gradualmente a través del estómago y el juego. Carlos utilizó comida húmeda, mucho más atractiva que el pienso habitual, para motivar a Alcachofa a salir de su escondite, alejando el plato progresivamente para sacarlo de su zona de confort.

La caña con ratoncito

El segundo gran aliado fue el juego; al segundo día, mediante el uso de una caña con un ratoncito, lograron despertar su curiosidad natural, consiguiendo que abandonara la habitación por periodos breves para explorar el salón.

Sin embargo, a medida que ganaba confianza, surgió un nuevo reto: el gato maullaba constantemente si no estaba acompañado. Para prevenir el hiperapego, los dueños tomaron la decisión de no dejarlo dormir en su cama.

Según declara el veterinario, a los gatos les beneficia tener momentos de independencia para que, cuando los humanos se ausenten, no sufran niveles de estrés perjudiciales. A partir del tercer día, la estrategia consistió en expandir el territorio trasladando de forma progresiva sus pertenencias fuera de la habitación inicial.

El comedero fue lo primero en salir, seguido del rascador y, finalmente, el arenero, que se ubicó en su lugar definitivo en el baño, manteniendo la misma arena para que el gato reconociera su olor.

Para consolidar esta autonomía, Carlos implementó soluciones de enriquecimiento ambiental, como una "fortaleza" de cartón con premios y un árbol rascador junto a la ventana que le permitiera observar el exterior de manera autónoma. La primera semana de Alcachofa concluyó con éxito, pasando de la reclusión bajo la cama a adueñarse del sofá.

Carlos recuerda que cada animal es un mundo y que aquellos más tímidos o con experiencias previas difíciles pueden requerir un periodo de adaptación más largo. La clave, asegura el profesional, reside en no forzar los tiempos: "Con un poquito de paciencia, al final todo se consigue".