Orelha.

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Mascotario

Brasil endurece sus leyes: los padres pagarán multas de hasta 180.000 euros si sus hijos maltratan animales

Tras la brutal muerte de un perro comunitario en Florianópolis a manos de un grupo de jóvenes, el país endurece sus leyes.

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En el Derecho, suele decirse que las leyes más justas nacen de las tragedias más evitables. En Brasil, esa tragedia tiene nombre propio: Orelha, un perro comunitario de la Praia Brava que fue agredido hasta la muerte por adolescentes a principios de este año.

La respuesta social no se ha quedado en protestas; se ha transformado en un paquete legislativo que marca un antes y un después en la responsabilidad civil y penal: la Ley Orelha.

La gran novedad de esta ley, impulsada inicialmente en el estado de Santa Catarina y ahora replicada a nivel federal, es la responsabilidad administrativa de los padres. Hasta ahora, si un menor maltrataba a un animal, el castigo solía diluirse en advertencias o trabajos comunitarios leves.

Con la nueva normativa, los padres o tutores legales serán los encargados de asumir las multas económicas derivadas de los actos de sus hijos. La lógica es clara: el bienestar animal empieza por la educación en casa, y si la educación falla, la sanción golpeará el bolsillo de los responsables del menor.

Multas que escalan según el daño

La Ley Orelha no solo identifica nuevos responsables, sino que castiga con una dureza sin precedentes la gravedad de los hechos:

Lesiones graves: Si el animal sufre daños físicos permanentes, la multa original se duplica.

Muerte del animal: En caso de fallecimiento, la sanción se triplica automáticamente.

El techo del millón: Bajo el nuevo decreto federal "Justicia por Orelha", las multas por maltrato extremo pueden alcanzar el millón de reales (aprox. 180.000 euros), un salto astronómico frente a las cuantías simbólicas del pasado.

Lista negra de adoptantes

La ley va más allá de lo económico. Aquellos núcleos familiares donde se haya registrado un episodio de maltrato por parte de un menor entrarán en una "lista negra" que les impedirá adoptar animales en refugios oficiales durante años.

Además, la justicia brasileña podrá retirar de inmediato la custodia de cualquier otro animal que conviva en el hogar si se considera que existe un entorno de riesgo. Es, en esencia, una medida de protección preventiva: si el entorno familiar no garantiza la seguridad de un animal, no se le permitirá tener ninguno.