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Las educadoras de animales coinciden: los gatos perciben un mundo sensorial que va mucho más allá del nuestro

La experta Alexia detalla cómo el oído felino capta frecuencias ultrasónicas y sus ojos detectan movimientos mínimos.

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Angelica Rimini
Publicada

¿Alguna vez tu casa estaba en absoluto silencio y, de repente, tu gato se ha quedado inmóvil, con la mirada fija en una pared completamente vacía? Es una escena típica que dispara la imaginación humana y hace que muchos piensen que está viendo fantasmas o percibiendo alguna energía extraña.

Sin embargo, la explicación real es mucho más fascinante que cualquier teoría paranormal. Alexia, educadora y experta en conducta felina, desmonta estos mitos de forma clara: "Lo que para ti parece la nada, para tu gato es un universo lleno de señales ocultas".

Cuando tu felino se queda quieto, sin parpadear y totalmente concentrado, no está despistado ni "ido". "Tu gato no está desconcentrado ni perdido. Lo que hace en esos momentos es procesar", explica.

Para entender estas "miradas al vacío", primero debemos aceptar una idea sencilla: los gatos perciben un mundo sensorial que va mucho más allá del nuestro.

Un oído con "superpoderes"

Mientras que el oído humano suele captar frecuencias de hasta unos 20 kHz, los gatos pueden escuchar sonidos que llegan aproximadamente hasta los 60–65 kHz, lo que les permite detectar ultrasonidos imperceptibles para nosotros.

Esto significa que son capaces de oír el chillido de un ratón bajo tierra, el movimiento de un insecto en plena noche o el crujido casi imperceptible de la madera.

Alexia explica que, cuando tú ves a tu gato mirando a la nada, probablemente "sus orejas ya han registrado un ruido que para ti es completamente silencioso" y su mirada fija es simplemente la forma de localizar visualmente de dónde procede ese sonido.

Visión de cazador

Aunque los gatos no ven con precisión los pequeños detalles que tienen justo delante de la nariz, su visión a media y larga distancia está optimizada para detectar incluso el más mínimo movimiento en condiciones de poca luz, algo clave para la caza crepuscular.

A esto se suma una herramienta extraordinaria: los bigotes. Alexia destaca que "no son simples pelos largos, son auténticos sensores que le permiten leer el aire".

Estos bigotes captan turbulencias, vibraciones y cambios sutiles en el entorno, ayudando al gato a crear un mapa espacial muy detallado. Gracias a ellos, puede notar que algo se ha movido incluso antes de verlo claramente o de oírlo.

Un mapa invisible de olores

Donde tú solo ves una pared blanca cualquiera, tu gato percibe capas de rastros y olores superpuestos. Esto es posible, en parte, gracias a su órgano vomeronasal o órgano de Jacobson, una estructura especializada que le permite analizar feromonas y otros mensajes químicos.

Cuando abre ligeramente la boca y se queda "congelado", está realizando una especie de análisis químico del ambiente: interpreta feromonas, restos de olor de otros animales e incluso matices de tu propio olor corporal. "No es que vea fantasmas, es que su mundo huele a miles de cosas que el tuyo ignora por completo".

Pura estrategia de supervivencia

Todas estas capacidades se combinan en esos momentos de quietud absoluta. Lo que parece una "pose rara" es en realidad una pausa vigilante en la que su mente está en alerta máxima, integrando sonidos, vibraciones y olores para decidir si lo que ha detectado es irrelevante, una posible presa o un posible peligro.

Alexia recuerda que, en la naturaleza, quedarse inmóvil unos segundos puede marcar la diferencia entre cazar con éxito o convertirse en presa. Aunque ahora viva entre cuatro paredes y con el comedero siempre lleno, "sigue siendo un felino con todos sus mecanismos intactos".

Ante la duda de cómo reaccionar cuando encontramos a nuestro gato en este estado casi hipnótico, la recomendación de la experta es sencilla: "La respuesta es muy sencilla. No tienes que hacer nada, déjale".

No necesita que lo distraigas ni que lo "saques" de ese trance; no está asustado ni sufriendo, simplemente está procesando información y asegurándose de que todo está bajo control.

Pasados unos segundos o unos minutos, tu gato volverá a su rutina como si nada hubiera pasado. Tú quizá sigas pensando en fantasmas; él, en cambio, ya habrá analizado hasta el último detalle de un mundo que tú ni siquiera percibes.