Un husky en una carrera para perros.

Un husky en una carrera para perros. Cristina Villarino

Mascotario

Estados Unidos endurece las normas: los condenados por delitos de crueldad animal no podrán volver a tener mascota

La nueva Dexter’s Law crea un registro estatal de personas condenadas por crueldad animal y obliga a consultarlo antes de entregar un perro o un gato.

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Angelica Rimini
Publicada

Florida ha decidido enviar un mensaje inequívoco: quien ha maltratado a un animal no debería poder volver a tener otro a su cargo. La llamada Dexter’s Law nace precisamente de esa idea, después de varios casos mediáticos en los que animales maltratados fueron adoptados por personas con antecedentes que nadie había podido detectar a tiempo.

La nueva norma da un giro de tuerca al sistema: ya no se trata solo de castigar el maltrato, sino de impedir que se repita, cerrando la puerta de adopciones y compras a quienes ya han demostrado ser un peligro para los animales.

El eje de este cambio es la creación de un registro estatal de maltratadores de animales. En él se inscriben las personas condenadas por delitos de crueldad animal, y sus datos quedan disponibles para que las entidades que entregan animales puedan consultarlos.

A diferencia de lo que ocurría antes, refugios, protectoras y vendedores tienen ahora una herramienta clara: introducir el nombre de quien quiere adoptar o comprar y comprobar si aparece en la base de datos. Si figura en el registro, la operación debe frenarse ahí.

Una marca registrada

La permanencia en ese listado no es simbólica. Durante años —en muchos casos, al menos una década— la persona registrada queda marcada como no apta para tener animales, y si reincide el periodo puede prolongarse aún más.

Esto convierte el castigo en algo más que una pena puntual: se transforma en una especie de "cordón sanitario" alrededor de los animales. Está pensado para que no vuelvan a caer en manos de alguien que ya les ha causado daño.

Frente al viejo modelo, en el que un maltratador podía cambiar de ciudad o de protectora y volver a empezar, el nuevo sistema busca hacer mucho más difícil esa segunda oportunidad de maltrato.

La ley no nace de la nada, sino que se suma a un itinerario previo en el que Florida ya había endurecido las penas por crueldad animal y permitido a los jueces prohibir la tenencia de animales en ciertos casos. La diferencia es que esa prohibición deja de ser una medida aislada y difícil de controlar para integrarse en un mecanismo claro.

Ahora, hay un registro, hay una obligación de consulta y hay una consecuencia directa si el nombre aparece. El objetivo es pasar de la buena intención a un procedimiento operativo que cualquiera en un refugio pueda seguir.

Un respaldo importante

Para las organizaciones de protección animal, el cambio supone un respaldo importante. Durante años han cargado con la responsabilidad moral de decidir a quién entregan un perro o un gato, a menudo con muy poca información más allá de lo que el solicitante decide contar.

Con el registro, su "olfato" ya no es la única barrera: pueden apoyarse en un sistema oficial que respalde un "no" cuando detectan que la persona tiene antecedentes. Esto reduce el riesgo de que un animal rescatado de una situación terrible acabe, sin saberlo, en manos de alguien con un historial similar.

En términos sociales, Dexter’s Law refuerza una idea que está ganando terreno en muchos lugares del mundo: maltratar a un animal no es un "desliz" sin consecuencias futuras, sino un indicador serio del que el sistema debe tomar nota.

Impedir que esas personas vuelvan a tener animales no es solo una medida de castigo, sino de prevención. Y, a la vez, lanza un mensaje claro a la ciudadanía: quien cruza determinadas líneas con un animal pierde el privilegio de compartir su vida con ellos.