Dos gatos abrazados.

Dos gatos abrazados.

Mascotario

Un experto en gatos: "Cuando te da 'cabezazos' no está siendo agresivo, es una de las mayores muestras de amor"

Según el educador, es importante conocer los significados de los comportamientos de nuestros felinos para poder interpretarlos correctamente.

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Convivir con un gato significa acostumbrarse a escenas que, a primera vista, parecen puro caos: carreras nocturnas por el pasillo, vasos empujados al vacío o cabezazos inesperados en mitad del sofá.

Pero, tal y como explica el experto del canal "Consejero de Gatos", nada de esto es fruto del azar: "detrás de cada locura hay una lógica que viene de miles de años de evolución".

A partir de esta premisa, podemos entender que esos comportamientos que a veces nos hacen dudar de su cordura son, en realidad, la expresión de un cerebro perfectamente adaptado a cazar, sobrevivir y relacionarse en clave felina.

Por esto, según el experto, es importante desglosar el significado de los comportamientos más curiosos de tu mascota, para que puedas interpretarlos con otros ojos.

El instinto de un cazador atrapado en casa

Una de las escenas más desconcertantes es cuando tu gato te mira fijamente a los ojos mientras empuja lentamente un vaso fuera de la mesa. Aunque pueda parecer una provocación, el experto señala que se trata de "un comportamiento complejo que mezcla el instinto de caza, la curiosidad y la experimentación con las leyes de la física".

Al golpear y hacer caer objetos, los gatos reproducen lo que harían con una presa: comprobar si "reacciona", si se mueve y qué ocurre al interactuar con ella. Es una forma de imitar la caza de un ratón y, al mismo tiempo, de aprender sobre su entorno. Este mismo instinto depredador ayuda a entender por qué tu gato se activa de repente a las tres de la madrugada.

Al ser animales crepusculares, están biológicamente programados para ser más activos al amanecer y al atardecer. Acumulan energía durante el día y la liberan por la noche con carreras y saltos que simulan la persecución de presas imaginarias. Lo mismo sucede cuando atacan tus pies desde debajo de la cama o detrás de una puerta: el movimiento de tus pies es el blanco perfecto para practicar su táctica de emboscada.

Y si los ves hacer esos sonidos extraños y vibrantes con la mandíbula al observar pájaros por la ventana, el experto aclara que se trata de "un ensayo de la mordida mortal que dan a sus presas en el cuello", desencadenado por la frustración de no poder alcanzarlos.

Lenguaje de amor

El lenguaje afectivo de los gatos suele ser uno de los aspectos más incomprendidos de su comportamiento. Cuando tu gato te da fuertes cabezazos, no está siendo agresivo; el experto asegura que es "una de las mayores muestras de amor y confianza".

Con ese gesto, te impregna de sus feromonas faciales, te marca como parte de su grupo y crea un olor compartido que refuerza vuestro vínculo. Otra costumbre que puede parecerte de mala educación es cuando se da la vuelta y te pone su trasero en la cara.

En el mundo felino, este gesto es un saludo de máximo respeto. Las glándulas situadas debajo de su cola contienen un olor único que funciona como su "DNI particular", y al mostrártelo te está ofreciendo su tarjeta de presentación. El experto declara: "es una muestra de confianza porque te está exponiendo su parte más vulnerable".

Existen otras señales que también hablan de cariño absoluto. El parpadeo lento, cuando te mira y cierra los ojos despacio, es su manera de decir "te quiero"; el experto lo traduce como: "confío tanto en ti que puedo cerrar los ojos sin miedo a que me ataques".

Sobrecarga de caricias

Según el experto, cuando te amasa con las patas, revive un instinto de cachorro: te percibe como una figura de seguridad, casi materna. Y si te lame, está realizando un acicalamiento social; al rasparte con su lengua, te integra en su familia y te marca con su olor como a uno más de su grupo.

Por último, el experto nos advierte sobre la llamada "agresión por caricias". Si tu gato ronronea feliz mientras lo acaricias y, de repente, te muerde fuerte, no es maldad ni un cambio de humor caprichoso, sino una sobrecarga de su sistema nervioso.

Según explica, "los gatos son mucho más sensibles al tacto que los perros", y cuando la estimulación supera su umbral de tolerancia, recurren al mordisco como forma de poner un límite y pedir que los dejes en paz.