Un gato tigrado tumbado.

Un gato tigrado tumbado. Istock

Mascotario

Nerea Gilabert, pedagoga animal: "El ronroneo de los gatos nos permite confesar ciertas cosas difíciles de hablar"

A diferencia de otros animales, los felinos ofrecen un vínculo no invasivo que favorece la regulación emocional y la creación de rutinas saludables.

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Aunque las intervenciones asistidas con perros o caballos son ampliamente conocidas, el trabajo terapéutico y educativo con gatos es una práctica mucho menos frecuente, pero con un potencial transformador profundo.

Lo sabe bien Nerea Gilabert, pedagoga terapéutica y maestra de Biak Bat, quien nos ha acogido en La Gatoteca para enseñarnos los mecanismos y beneficios de la gatoterapia. Mientras los felinos rescatados nos trepaban los cuerpos, asistimos en directo a cómo se crea ese vínculo.

Con más de 15 años de experiencia en terapia asistida con gatos, la experta afirma que el vínculo con el animal permite a las personas abrirse en un entorno seguro: "Los animales no juzgan, les da igual cómo te llames o de dónde vengas".

Este factor es clave para los profesionales, ya que lograr interactuar con el animal se convierte en un logro personal: "Al final eso es un reforzador muy potente para la persona y para la propia construcción de su personalidad, de sí mismo, de su autoestima, de su autoimagen".

Las IAG son un espacio consciente y controlado donde un gato específicamente seleccionado participa en una intervención profesional. Según lo que cuenta, a diferencia de otras especies, los gatos ofrecen un entorno de baja estimulación, con un contacto predecible y un vínculo inherentemente no invasivo.

"Esta combinación es idónea para fomentar la seguridad, la gestión de la frustración, una conexión sin juicios y la expresión emocional, facilitando la concentración sin sobreestimulación".

El poder del ronroneo

El ritmo acelerado y el estrés de la vida diaria hacen que muchas personas olviden lo que significa estar en calma. En este sentido, la presencia de un gato en una sesión altera por completo la atmósfera.

"Cambia totalmente el ambiente. ¿Por qué? Porque tenemos que acercarnos desde la calma. Si nos acercamos con movimientos bruscos, él se va a asustar, se va a ir". Este estado de tranquilidad propiciado por el animal facilita el trabajo psicológico.

Una foto del evento sobre gatoterapia en La Gatoteca de Madrid.

Una foto del evento sobre gatoterapia en La Gatoteca de Madrid. Sanicat

La experta relata cómo el simple hecho de tener a un gato cerca ayuda a bajar las defensas emocionales: "A través de ese ronroneo y ese movimiento repetitivo del cepillado conseguimos llegar a un estado de calma suficiente y tener la seguridad suficiente para que esas palabras difíciles pudiesen salir".

Incluso, destaca que existen estudios científicos que apuntan a que la frecuencia del ronroneo puede acelerar la curación de fracturas óseas.

Aliados frente al trauma

Los gatos son expertos en establecer límites, lo que los convierte en grandes maestros de las relaciones basadas en el consentimiento. "Si el gato no quiere se va a ir... aprendemos esos límites sociales, ese consentimiento, ese espacio personal".

Esta característica los hace especialmente adecuados para personas que han sufrido traumas físicos o fobia social. "El contacto con él es calmado, respetuoso, mucho menos invasivo que el de otro tipo de animales. Nos permite trabajar situaciones asociadas al trauma".

El paciente aprende a relacionarse mediante un contacto predecible y no invasivo, reaprendiendo poco a poco lo que es un contacto físico seguro.

Un objetivo claro

Más allá de la terapia psicológica, los gatos también juegan un papel fundamental en la educación asistida y en la salud mental cotidiana. El cuidado de un felino ayuda a personas con trastornos mentales que sufren de desorganización vital.

"Nos ayuda a rutinizar, a establecer nuevas rutinas que luego esa persona va a poder trasladar al día a día". En el ámbito educativo, la experta, que es maestra de formación, defiende que los gatos despiertan una motivación única por el aprendizaje.

"No es lo mismo contar bolitas sueltas o palillos sueltos, que aprender a contar con palillos para preparar la merienda de la gata". Ellos no curan por arte de magia. Detrás de cada juego con un túnel o de cada caricia, hay un propósito.

"Siempre hay un profesional, una formación, unos objetivos claros; lo que está haciendo tiene un por qué y un para qué. Porque si no caemos en el otro lado, en los animales mágicos o terapéuticos... los animales son animales, son maravillosos y nos encantan".

Además, el bienestar del animal es una prioridad innegociable. A diferencia de los perros, los felinos no suelen ser llevados a hospitales o residencias, ya que necesitan trabajar en sus propios espacios seguros y conocidos para no sufrir estrés. Durante las sesiones, los gatos de intervención circulan libremente y eligen si desean interactuar o simplemente dormir.

En una sociedad marcada por la prisa y el estrés, las intervenciones asistidas con gatos nos obligan a detenernos. Como concluye la experta sobre el simple acto de observar a un felino: "Nos hace parar... vivimos en un nivel de estrés tan elevado que necesitamos ese contacto con los animales para no perder el contacto con quiénes somos realmente".