Imagen de archivo de un perro en la naturaleza.

Imagen de archivo de un perro en la naturaleza. iStock

Mascotario

Kelsie Hill adoptó a Mona en Costa Rica y pronto descubrió el efecto de las plantas en su perra: "Entra en estado zen"

La estadounidense cuenta la fascinante relación de su mascota y el mundo vegetal en el canal The Dodo, dedicado al mundo animal.

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Raquel Nogueira
Publicada

"Nunca habíamos visto un perro así" es la frase con la que el canal dedicado a las mascotas The Dodo introduce el vídeo en que Kelsie Hill cuenta la historia de Mona, una perrita que adoptó durante un periodo de tiempo que pasó en Costa Rica.

No es de extrañar la reacción, pues la relación que tiene Mona con las plantas es de lo más curioso. "Entra en un estado zen en el que nada más existe; es como si desapareciésemos todos", dice Hill. Y asegura que "parece que está en otro planeta".

Para su dueña, esta perrita tiene la capacidad de comunicarse con el mundo vegetal. O, al menos, matiza, "lo parece".

Hill reconoce que cuando adoptó a Mona fue "amor a primera vista". En Costa Rica, vivían en plena naturaleza y la perra iba siempre suelta, corriendo de un lado a otro. "Creo que las únicas veces que la vi caminar lento era cuando cruzaba la selva", confiesa su dueña.

Ahí, tal vez, tendría que haberse dado cuenta de que su perra comulgaba con la naturaleza, como si ambas fuesen una. "Es muy hippie, la verdad", bromea la joven.

Rodeada de plantas

Al volver a Estados Unidos, Mona y Hill se quedaron en casa de una amiga, y fue allí donde la joven se dio cuenta de lo especial que era su mascota: "Había una planta en concreto que le gustaba mucho, se pasaba el día dando vueltas alrededor de la maceta y parecía que se teletransportaba a otro lugar".

Esa fue la primera señal de que esta perrita necesitaba vegetación en su vida como quien necesita el mar. La segunda tuvo lugar durante las primeras Navidades de Mona.

El árbol, hasta el techo, frondoso y lleno de decoración, la enamoró. "Vivía en él, se pasaba horas caminando a su alrededor", cuenta Hill.

Cuando se deshicieron del árbol de Navidad, el curioso ritual acabó y Mona dejó de parecer feliz todo el tiempo. Así que la propia Hill se dio cuenta de que necesitaba llenar la casa de plantas para que su mascota se encontrase en su salsa.

Y eso mismo hizo. Montó a Mona en el coche y se fueron a comprar diferentes especies de flora.

Desde ese momento, "una energía como de calma, como de círculo sagrado" invadió su vida. Mona no puede evitar volver a la selva cuando se topa con cualquier tipo de planta. Y a Hill, por su parte, esta experiencia le reconecta con su lado más salvaje y natural.

"Es algo muy sencillo, pero le trae mucha felicidad", concluye la joven, como diciendo que es más fácil de lo que parece hacer feliz a tu mascota y, de paso, a ti mismo.