La muerte de Elisabeth Roldán ha dejado un profundo impacto en quien la conocía y su ciudad, Málaga, donde era muy conocida; pero también en el que asumió el difícil reto de operarla. El cirujano gallego Diego González Rivas ha querido despedirse públicamente de la malagueña con un mensaje cargado de emoción tras conocerse que no ha logrado superar el agresivo sarcoma de Ewing que padecía.
“Me quedo con esta imagen de esperanza. Pocos pacientes me han marcado tanto como Eli, siempre llena de vitalidad. Hicimos todo lo que pudimos y me quedo tranquilo con eso, pero la enorme tristeza no me la quita nadie. DEP”, ha escrito el especialista en su perfil de Instagram junto a una fotografía tomada después de la intervención del pasado 2 de enero, cuando la malagueña, de 39 años, era intervenida para extirparle un tumor de cuatro kilos de la pleura de un pulmón.
El 31 de diciembre, Nochevieja, la familia de Eli logró contactar con el cirujano torácico Diego González Rivas, quien tras revisar los informes consideró viable intentar la intervención después de que en Andalucía rechazaran intervenir a Elisabeth. Todo fue muy rápido. No había tiempo que perder. El 2 de enero entró en quirófano en A Coruña.
La operación, de cerca de cinco horas, permitió extirpar el tumor en una cirugía de altísima complejidad técnica. En ella también participaron el anestesista César Bonome y la cirujana Mercedes de la Torre.
A finales de enero regresó a su barrio, Portada Alta, donde fue recibida entre aplausos, pancartas y abrazos. La imagen de aquella bienvenida simbolizaba la esperanza de una recuperación que parecía posible tras superar la intervención. En paralelo, familiares y amigos organizaron hace unos días una ruta solidaria en la que se unieron 200 personas para recaudar fondos para ayudarla a recuperarse de los gastos de viaje y del altísimo coste de la intervención. Querían acompañarla en el proceso.
Su evolución clínica posterior a la operación, lamentablemente, no ha sido favorable y este domingo la malagueña fallecía por complicaciones derivadas de su enfermedad, según confirmó uno de sus familiares a EL ESPAÑOL de Málaga, que quiere que se la recuerde con esa sonrisa que no desapareció hasta el final de sus días.
El sarcoma de Ewing es un tumor poco frecuente y especialmente agresivo cuando afecta a órganos vitales, con un comportamiento imprevisible incluso tras cirugías de alto riesgo. Su fallecimiento ha causado una profunda conmoción entre quienes habían seguido de cerca su lucha en las últimas semanas y que se agarran al legado que dejó Elisabeth tras tantos años sufriendo.