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Sonia, panadera: "No conserves el pan en bolsas de plástico durante el invierno, porque durará menos"

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Sonia, panadera con veinte años de experiencia en Málaga, recomienda usar talegas de tela en invierno para conservar el pan, ya que las bolsas de plástico generan humedad y aceleran la aparición de moho.

En verano la regla cambia: el plástico es indispensable para evitar que el aire seco y los vientos calurosos endurezcan la masa rápidamente.

Las variedades con masa madre y harina más dura, como el pan cateto o el integral, son las que mejor se conservan con el paso de los días.

La experta desaconseja el uso del frigorífico para guardar el pan porque favorece la proliferación de hongos.

Lleva veinte años amasando en la panadería y confitería Hermanos Castro, en Málaga, y si algo tiene claro Sonia es cómo hacer que una barra no se convierta en un ladrillo a los dos días.

Porque el pan está en todas las mesas, del desayuno a la cena, y los hay para todos los gustos: blanco o integral, grande o pequeño, con gluten o sin él. Pero todos acaban igual si se dejan al aire: duros e imposibles de morder.

El truco, dice, cambia según la estación. En verano, bolsa de plástico y bien cerrada. “Es lo ideal”, afirma, sobre todo si hay terral, ese viento que reseca el pan en un suspiro. Lo importante es que no le entre aire.

En invierno, en cambio, el plástico es un error. “Tendría mucha humedad y tiende a ponerse verde”, advierte. Para esos meses, la mejor opción es la talega de tela, que deja respirar la masa sin resecarla. Además, con el frío el pan aguanta bastante más.

La media ronda los dos o tres días, aunque no todos duran igual. ¿Y la nevera? Se puede usar para estirar un poco más la vida del pan, pero Sonia no es muy partidaria: “Tienden a salirle hongos”.

Entre los que mejor resisten, destaca uno sin dudar: el cateto. “Lleva más masa madre y la harina es más dura”, explica. El integral también se defiende bien, porque al llevar el grano entero se conserva más tiempo.

Eso sí, el más vendido es otro: la piña. A la clientela le tira lo de siempre, el pan de miga blanca. Aun así, el integral va ganando terreno, sobre todo por motivos de salud. “A la gente le gusta bastante”, cuenta.

A Sonia, por cierto, no hay que preguntarle mucho para saber cuál es su favorito. Tras dos décadas entre hornos, se queda con el integral: más sano, con menos azúcares y el más puro.

Cateto, integral o piña, da igual. El pan nunca falta en la mesa, ya sea de acompañante o de protagonista.