Esther Alcántara, jefa de Refugio, junto a dos animales de la Protectora.

Esther Alcántara, jefa de Refugio, junto a dos animales de la Protectora. Samuel Baeza

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“La gente no es consciente de que un animal es un ser vivo que siente y padece”: lucha contra el abandono en verano

En los tres meses más críticos del año, la Protectora de Animales de Málaga refuerza el cuidado de los perros y gatos con la ayuda de 200 voluntarios.

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Las claves

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La Protectora de Animales de Málaga enfrenta un repunte de abandonos en verano, con más de 250 animales acogidos y dificultades para gestionar la ola de calor.

El abandono animal es estacional, con picos tras Navidad, la temporada de caza y especialmente en verano; en 2026 ya se han contabilizado 439 abandonos.

Muchos dueños justifican el abandono por motivos como vacaciones, alergias, problemas de conducta, falta de tiempo o cambios en la vivienda.

El refugio cuenta con una red de voluntarios, protocolos de integración y adiestramiento, y destaca historias de superación y adopción como la de Noa, Pistacho y Gaya.

Para la Protectora de Animales de Málaga el verano es una estación de lucha constante contra los termómetros y algo peor: el abandono animal.

Con 258 animales acogidos físicamente, 206 perros y 52 gatos, el refugio se enfrenta a los tres meses más difíciles. Esther Alcántara, jefa de Refugio, explica que, con las vacaciones, el repunte de animales abandonados es “horroroso”.

Los dueños defienden que no pueden llevarse al perro, aunque hay hoteles y lugares donde se puede viajar con ellos.

Gestionar los días de calor cuando los termómetros marcan 40 grados no es fácil para los trabajadores ni tampoco para los peludos. Por eso, la Protectora implementa medidas para protegerlos, como barreños que funcionan como piscinas improvisadas o mangueras para refrescarlos constantemente. Además, se riegan los patios para evitar que el suelo queme las almohadillas de sus patas.

“Los días de 40 grados, los perros directamente no salen; se quedan en sus cheniles”, explica Alcántara. El compromiso de la Protectora es rotundo: el refugio funciona los 365 días del año y nunca se queda solo ni 10 minutos seguidos. Se garantiza una vigilancia constante, mañana, tarde y noche, para evitar peleas entre los perros.

El músculo que fortalece a la Protectora durante los meses más críticos es el de los voluntarios. La red cuenta con alrededor de 200, pero no todo es color de rosa: la cifra a veces es menor porque los estudiantes regresan a sus pueblos durante los meses de vacaciones. También existe el perfil de jubilados que ofrecen su tiempo al refugio.

Aun así, el trabajo es exigente: cuatro horas obligatorias a la semana. Sus tareas son vitales para mantener la salud de los animales y van desde paseos, limpieza, vigilancia de patologías y apoyo en clínica. “El voluntario es el que realmente conoce cómo evoluciona cada animal en su módulo”, señala Alcántara.

El abandono es, curiosamente, un fenómeno estacional. Desde el 1 de enero de 2026, y según datos del refugio, 439 animales han sido abandonados en Málaga. Existen repuntes después de Navidad o tras la temporada de caza, pero el verano marca un pico de algo que Alcántara tacha de irresponsabilidad: “La gente no es consciente de que un animal es un ser vivo que siente y padece y tú eres el máximo responsable desde que lo adoptas”, subraya.

“Hace poco nos llegó una señora quejándose de que su perro la mordía a ella solamente. Lleva en la Protectora un par de meses y todavía no ha hecho ningún tipo de ademán de morder a nadie, ni a la veterinaria que pincha las vacunas”.

También es un fenómeno de modas. Antes eran los bulldogs franceses o los pastores alemanes ,ahora se abandonan más belgas y mastines. Es habitual que los dueños prefieran tener al mastín cachorro y cuando crece, lo abandonan por falta de espacio, tiempo o porque directamente no se quieren hacer cargo.

Bulldog francés en su chenil de la Protectora de Animales.

Bulldog francés en su chenil de la Protectora de Animales. Samuel Baeza

El pastor belga malinois es una raza caracterizada por su intensidad; necesitan hacer ejercicio constantemente y salir a la calle. Suelen acompañar a la policía y se han llevado a varios. Los motivos que esgrimen los dueños que los abandonan son alergia, mordeduras, nerviosismo, destrozos en la casa o falta de tiempo. También hay familias que no pueden mantener al perro económicamente y se cansan de él.

Un curioso fenómeno es el de las personas mayores que acuden a la Protectora en busca de compañía. “Me vino una señora con un andador que quería un cachorro de mastín. Venía con el hijo. Le dije al hijo que fuera consciente de que su madre podía caerse porque un cachorro tira, corre, salta y muerde”.

La alternativa que se ofrece a personas que buscan compañía de mayores son perros del módulo G, donde están los más mayores, de siete u ocho años, que son más tranquilos y no necesitan un nivel alto de actividad física.

“Permitimos que entre un perro cuando tenemos espacio; si no tenemos cheniles libres, decimos que en estos momentos no hay espacio, que tienen que buscar otro lugar o esperar”. Las apariencias del animal pueden engañar: algunos vienen tranquilos, pero al meterlo en el chenil con tres perros que no conoce, se pelean. Por eso, intentan que haya un macho y una hembra y que haya alguien encargado de observarlos y de decidir dónde encajarían mejor.

Para los perros con problemas de conducta, viene un adiestrador los martes para trabajar con ellos y aconsejar pautas a los trabajadores y voluntarios del módulo al que pertenece el perro. “Hay perros que son protectores con la comida; es decir, que come uno, se aparta de forma pacífica y luego come el otro”.

La gestión de los perros potencialmente peligrosos requiere un protocolo especial. El refugio los mantiene aislados en cheniles individuales y no es una cuestión de raza, sino de carácter individual: hay mastines, chihuahuas y pastores belgas poco tratables.

Bartolo, un perro potencialmente peligroso, en el módulo B.

Bartolo, un perro potencialmente peligroso, en el módulo B. Samuel Baeza

El problema de acceso a la vivienda influye también en el abandono animal. “Hace poco se adoptó un mastín precioso. El dueño estaba loco con su perro, pero vivía en un campo y el hijo del dueño del campo se separó y le dijo que se viniera. El padre tuvo que empezar a buscar un sitio para poder vivir con su mastín y no lo encontró, estaba desesperado y tuvo que entregarlo”.

La recompensa: las historias de superación

Noa ha sido el animal que ha estado más tiempo en el refugio. Llegó con la cara desfigurada y permaneció nueve años allí. Luego, una chica finlandesa que conocía a Carmen Manzano, presidenta de la Protectora, y que se dedicaba a hacer fotos en protectoras de toda Europa, pidió que mandaran fotos de perros invisibles. Cuando terminó la exposición, vino al refugio, adoptó a Noa y se la llevó a Finlandia. Por desgracia, a los dos o tres años, le detectaron un tumor y murió.

Pero Alcántara tiene dos perros preferidos: Pistacho y Gaya. “Pistacho es un bodeguero al que le falta una pata y tiene muy mala pipa, como yo digo, un poquito bipolar; solamente se deja manipular en determinadas ocasiones y con ciertas personas y hay cosas que hay que hacerlas con bozal. Él considera que la oficina es su chenil y no permite que entre otro perro”.

Después de Pistacho llegó Gaya, una podenco a la que habían atropellado y no andaba. La hospitalizaron y la veterinaria le puso un tratamiento para el dolor, pero no se la podía operar. Le dieron un margen de quince días y si no recuperaba la masa muscular, era mejor recurrir a la eutanasia; pero empezó a andar y ha congeniado bien con Pistacho.

La mayor satisfacción de trabajar en la Protectora es ver que, pese al estado inicial en que llegan algunos animales, muchos evolucionan y encuentran una familia dispuesta a darles todo el amor que merecen.