Paula Fraga.

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Paula Fraga, abogada y divulgadora: “La figura de Zapatero es un lastre moral que hace daño al progresismo”

Este jueves 28 de mayo visita el Ágora UTAMED en Málaga para charlar sobre derechos fundamentales, política y sociedad.

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Las claves

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Paula Fraga critica la figura de Zapatero, considerándolo un lastre moral para el PSOE y el progresismo español.

Destaca la necesidad de una política decente y denuncia la corrupción sistémica en los grandes partidos, más allá de la ideología.

Fraga señala las carencias de la Administración de Justicia, especialmente en casos de violencia de género y protección de menores.

Advierte sobre la desafección ciudadana hacia la Unión Europea y pide reformas profundas para acercar las instituciones a la ciudadanía.

Paula Fraga (Lugo, 1988) es una mujer transversal. Ante todo, es abogada especialista en Derecho penal, de familia y protección a la infancia; pero también es divulgadora en canales de televisión como Cuatro o Telemadrid, columnista de EL ESPAÑOL y docente. Sus cuatro profesiones se complementan bajo el paraguas de tres palabras clave: derecho, política y sociedad.

De esos tres temas, en especial de los derechos fundamentales de mujeres y menores, hablará este próximo jueves 28 de mayo en el Ágora de UTAMED en Málaga, una charla coordinada por Adolfo Arjona en la que Fraga desmenuzará el funcionamiento de la Administración de Justicia, las corrientes ideológicas que impactan en los derechos y libertades de Europa y cómo construir sociedades más garantistas.

Antes de su visita a UTAMED, bajo el lema de Una visión alternativa de la política, hablamos con ella para conocer su perspectiva como analista de la actual situación política de España, cómo combina sus facetas profesionales en su vida cotidiana y el papel de Europa frente a los retos globales y las amenazas de Trump.

-Una visión alternativa de la política… ¿Cuál es?

-Se trata de construir otra forma de ver y de hacer política. Desde luego, es un camino que puede durar muchísimo tiempo y no es solo mío, sino conjunto. Vemos todos los casos de corrupción, las políticas que tenemos y una serie de cuestiones que a muchos ciudadanos hace preguntarnos: ¿Es tan difícil tener una política decente? Esto no va de izquierdas ni de derechas, la ciudadanía merece unas instituciones y unos políticos decentes.

-Estos casos de corrupción acaban manchando la imagen de la ideología de cada uno…

-Sí, pero el problema que tenemos no es de ideología, sino de sistema. Hemos visto corrupción desde hace 40 años en un partido y en otro. Quizá tenemos que valorar si hay algún defecto sistémico que está provocando que no haya unos mecanismos de control suficientes para el partido que sea. Como mujer de izquierdas, me doy cuenta de que mucha gente se ampara en cada ideología para no encontrar soluciones. Hay unos packs ideológicos que se manejan social y culturalmente y me parece infantil cómo se está defendiendo eso.

-¿Qué estado de salud tiene ahora mismo la política española tras el escándalo de Zapatero?

-Zapatero era adalid moral del progresismo.Toca de forma muy directa al PSOE y es un lastre moral que le hace daño, a ellos y al progresismo general. Hace mucho tiempo que estaban saliendo informaciones de Plus Ultra. Vemos a un gobierno con dos secretarios de organización investigados, uno en la cárcel, por eso creo que la forma de hacer política de las altas instancias del Gobierno ha sido corrupta.

El panorama es desolador. La corrupción va más allá de lo económico y jurídico, hay una peor: la moral. Con esa empezó a gobernar Sánchez: un gobierno que dijo que nunca pactaría con separatistas y lo hizo.

Es un oxímoron querer gobernar una nación que quieren romper. Más allá de lo que vemos judicializado, hay una falta de respeto constante a los ciudadanos y una falta de esencia y principios básicos en la política. Me cuesta creer en la política, aun estando formada en ello y conocer los riesgos de no creer en la democracia.

-La estrategia de comunicación del Gobierno después de conocer el auto de Calama ha sido el cierre de filas y echar balones fuera…

-No hay autocrítica y además la consigna y la narrativa gubernamental es facilísima. El que no me dé la razón, facha; los jueces, fachas, hay lawfare y todo lo que no dé la razón al gobierno es, simplemente, fascismo.

El progresismo en general está dando marcha atrás porque han salido todos en tromba a hablar de lawfare y me refiero a los partidos en los que se sostiene el Gobierno. Estos siguen apoyando a Zapatero, pero con la boca más pequeña.

-¿Qué lectura hace de los resultados de las elecciones andaluzas y de cómo se ha reforzado Adelante Andalucía?

-Es una buena noticia que salga otra izquierda y que se movilice. Sobre todo, no dar vergüenza. Hemos llegado a un punto en que las personas de izquierdas, socialistas, marxistas o comunistas, estamos en la tesitura de exigir una izquierda que no dé vergüenza.

La izquierda puede hacer algo más allá de todo lo que hemos visto hasta ahora. Es cierto que para mí la gran pena es que sea regionalista o nacionalista andaluza. Se supone que defendemos el internacionalismo, el universalismo y la unidad de la patria, la clase trabajadora. Podemos ser el país menos patriota sobre la faz de la tierra. ¿Qué tiene que ver el nacionalismo con la izquierda?

-A lo largo de su carrera se ha centrado mucho en Derecho penal y Derecho de familia. ¿Por qué esas dos ramas y cómo se dan la mano?

-Me apasiona el Derecho penal, sobre todo el estudio porque la práctica es complicada y a veces ves cosas desagradables. Se dan la mano ambas en el ámbito de la violencia de género y tristemente llevo rupturas de familias donde hay casos de agresiones sexuales.

-También es columnista, docente y divulgadora, ¿cómo es su día desde que se levanta hasta que se acuesta para abarcar tanto?

-Como dice mi padre, cada día tiene su afán. No trato de hacerlo todo el mismo día. Si voy a la televisión, intento hacer menos en el despacho. Tengo un compañero maravilloso allí y me sostiene mucho; si no, sería complicado, pero hago piruetas para llegar a todo.

-Vive de cerca las costuras del sistema, ¿hasta qué punto considera que la Administración de Justicia ha dejado de ser garante para ser una barrera burocrática?

-La Justicia está llena de funcionarios que quieren hacer su trabajo y se preocupan por dar ese buen servicio. El problema es la vocación política para mantener y sostener la Administración. La semana pasada me llegó la citación para la vista preliminar a un juicio por agresión sexual, pero me llegó después de dos años desde que terminamos la instrucción. No hay recursos suficientes. Ponerme en procedimientos penales de tres a cinco años para tener una resolución es menos justicia y más cuando llevo temas que generan tensión.

En los juzgados, hace poco, conocí el caso de una niña que sufrió una agresión sexual por un pederasta. ¿Cómo es posible que el psicólogo forense solo la vea una vez? Esa niña necesita una asistencia constante; desde lo público resulta que no hay recursos para ella.

Con una ratio de 5.000 jueces para 40 millones de habitantes, el sistema judicial resulta insuficiente ante la complejidad de los conflictos familiares. La ausencia de organismos especializados que intervengan en los procesos con menores agrava la situación, especialmente cuando los progenitores utilizan a los hijos para atacarse mutuamente.

-Mirando hacia Europa, ¿está preparada y fuerte para defenderse ante Trump?

-Sánchez ha criticado con dureza a Trump, igual que Meloni, y empiezan a haber voces contra lo que ha hecho a nivel geopolítico. Hasta ahora, en Europa se ha tenido esa concepción de subalternos de Estados Unidos, tanto la OTAN como la UE, y se han tragado muchos desmanes de Estados Unidos.

Ahora están China y Rusia y en un mundo multipolar, posicionarse donde no se debe nos perjudica y no digo que no tengamos que ir contra Rusia o China, pero habría que ver si las alianzas actuales nos favorecen o si estamos haciendo eso de “hermano pequeño” donde la relación es de subyugación

-¿Hay cada vez más ciudadanía escéptica con este sentimiento europeísta?

-Sí, y de hecho lo hemos visto en los países donde han surgido movimientos nacionalistas, como la extrema derecha en Francia o Italia. La creciente desafección ciudadana hacia la Unión Europea se ha hecho patente a raíz de la gestión del conflicto en Gaza.

Existe un clamor generalizado contra el apoyo incondicional de las instituciones europeas a Israel. Este rechazo no es un fenómeno aislado; se extiende tanto a las movilizaciones sociales como al creciente sector crítico dentro de las propias estructuras comunitarias. Personalmente, comparto esa sensación de distanciamiento, que se ha consolidado como un sentimiento compartido por gran parte de la sociedad.

-¿Qué futuro le ve a la Unión Europea en base a los retos que enfrenta?

-Uno de los desafíos más urgentes para la Unión Europea, y especialmente para España, es la gestión del fenómeno migratorio. Es fundamental distinguir entre la inmigración, que es un proceso natural y prepolítico, y las políticas migratorias actuales, que considero imprudentes y excesivas. Esta gestión de “fronteras abiertas” resulta hoy inasumible: no solo pone en riesgo la seguridad, sino que presiona a la baja las condiciones laborales.

A nivel general, el futuro de la Unión Europea depende de un cambio estructural profundo. Las instituciones deben volver a ponerse al servicio de los ciudadanos, algo que actualmente no está sucediendo. Lo vemos claramente en sectores como la agricultura, donde las políticas de la PAC están asfixiando a quienes producen, en lugar de protegerlos. Para que el proyecto europeo tenga sentido, debe dejar de percibirse como un ente ajeno y convertirse en una herramienta útil y cercana a las necesidades de su población.