Una imagen de Germán en la puerta de su 'cole'.

Una imagen de Germán en la puerta de su 'cole'. Alba Rosado

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Germán, el uruguayo que aprendió a hacer reír en un "cole" de Málaga: "Al fin actúo en La Cochera; es un sueño"

Este inagotable malaguista vivió su infancia entre La Paz y El Torcal, regresó a Uruguay en 1995 y nunca soltó a la ciudad.

Aunque ha vuelto en algunas visitas, treinta años después, hace la más especial para cumplir un sueño: actuar el 1 de junio en La Cochera Cabaret.

Más información: Germán, el cómico uruguayo que se "muere" por actuar en Málaga: "Es mi meta en la vida"

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Las claves

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Germán Bernárdez, cómico uruguayo con raíces gallegas, regresa a Málaga para cumplir su sueño de actuar en La Cochera Cabaret.

Su infancia y pasión por la comedia se forjaron en el colegio Rosario Moreno de Málaga, donde un profesor le inculcó el amor por el teatro.

Aunque vive en Uruguay, Germán mantiene un estrecho vínculo con Málaga, colaborando en una radio local y siguiendo al Málaga CF con fervor.

El espectáculo de Germán en La Cochera Cabaret promete humor para toda la familia y un reencuentro emotivo con la ciudad que considera su segunda casa.

El muro del colegio Rosario Moreno, en la barriada de La Paz, sigue donde lo dejó hace treinta años. Germán Bernárdez lo observa en silencio, al igual que el resto del entorno, y por su cabeza brotan miles de recuerdos y anécdotas.

Este cómico uruguayo tiene 41 años, vive a casi 10.000 kilómetros de aquí y se gana la vida haciendo reír a la gente al otro lado del charco a través de sus guiones en televisión y, por supuesto, sus monólogos, esos que le hacen ser carne de escenario, como siempre soñó.

Y aunque la distancia podría haberlo apartado de Málaga, ocurre justo lo contrario: colabora cada semana en una radio local, vive cada partido del Málaga CF como el que más y el 1 de junio cumple uno de sus grandes sueños sobre el escenario de La Cochera Cabaret.

Tras años sin pisar Málaga y mucho menos el Rosario Moreno, mirando a su puerta deja atrás la piel de guionista y vuelve a ser el niño que entró por primera vez por ella a finales de los ochenta, recién aterrizado de un país que entonces era para él un gran mundo por conocer.

"En gran parte soy quien soy gracias a este colegio. No tengo ninguna duda", relata este uruguayo, que guarda una relación con Málaga de película.

Los Bernárdez son uruguayos de raíces gallegas. La primera emigración, la de los abuelos, fue de Galicia a Montevideo. La segunda, la del padre de Germán, llevó a la familia a recorrer el camino contrario: en 1989, una multinacional de refrescos le ofreció trabajo en San Sebastián.

"Algo pasó en la empresa y terminó en Málaga", resume. Poco después llegaron su madre, su hermano Sebastián y él. Tenía cinco años recién cumplidos.

Lo que iba a ser una etapa corta por motivos laborales acabó siendo media infancia de este uruguayo que, a día de hoy, es definido como uruguista (uruguayo y malaguista). Germán hizo prácticamente toda la primaria en el Rosario Moreno, hasta quinto de EGB.

En quinto, justamente, le tocó como tutor Leopoldo Mérida, profesor de colegio y "maestro titiritero", que había diseñado un plan de aula en el que la plástica, la historia, la literatura y la geografía se enseñaban a través del teatro de títeres. "Las herramientas creativas que aplico hoy como guionista de televisión me las dio él cuando yo tenía diez años. Lo digo en todas partes: él fue el responsable de que yo esté donde estoy".

La familia volvió a Uruguay en 1995 por temas de salud familiares. Germán tenía apenas once años. "Yo extrañaba mucho a mis abuelos, tenía ganas de volver. Pero algo se me quedó clavado cuando me despedí de Málaga". Se le quedó tanto que estuvo casi veinte años sin pisar Málaga y, sin embargo, nunca soltó de la mano a la ciudad del sol y los espetos.

Cuando por fin regresó, en 2014, lo primero que hizo fue buscar a Leopoldo a través de Trini Serón, antigua directora del colegio. Lo encontró enfermo. Le contó, atropelladamente, todo lo que había hecho gracias a él: los talleres de títeres que dio de adolescente en Uruguay, las clases que le abrieron puertas profesionales, los espectáculos...

Leopoldo le hizo una seña para que esperara, pidió a su mujer una carpeta y la abrió delante de él. Dentro, pegados con cuidado, estaban los recortes de prensa, las entrevistas que le habían hecho, las fotos de carnaval. Todo lo que Germán había hecho hasta entonces, archivado por un profesor jubilado a 10.000 kilómetros de distancia. "Fue fortísimo", dice, algo emocionado.

Un Mármol Macael disfrazado de Real Madrid

La otra columna del malaguismo de Germán tiene nombre y apellidos: José Antonio, "el yayo", uno de los mejores amigos de sus padres, charrúa afincado en Málaga desde hace más de cuatro décadas. En 1991 llevó a Germán, a su padre y a su hija a La Rosaleda.

Les dijo que iban a ver al Málaga contra el Real Madrid. En realidad, era un Atlético Malagueño contra el Mármol Macael, equipo almeriense de Tercera. Pero el Mármol Macael jugaba todo de blanco: camiseta, pantalón, medias. Aquel pequeño Germán, como niño que era, se lo tragó. "El Málaga le empató uno a uno al 'Real Madrid'. Yo dije: quiero ser de este equipo, ¿cómo es posible?". Treinta y cinco años después, sigue siéndolo.

El cómico con Tirado y más amigos en el recibimiento al Málaga.

El cómico con Tirado y más amigos en el recibimiento al Málaga.

Su pasión blanquiazul no entiende de kilómetros de distancia ni husos horarios. Germán ha gritado goles del Málaga a las siete de la mañana de un domingo, ha subido al escenario durante carnaval con los auriculares puestos pegado a una radio escuchando al equipo de sus amores por internet y lloró por videollamada con su hermano Sebastián cuando Antoñito Cordero marcó en Tarragona.

Esa noche, por cierto, Germán estaba a medio vestir para irse a actuar en Montevideo y salió en calzoncillos al pasillo de un piso alquilado a gritar de la emoción. Sus hijos se lo recuerdan cada vez que pueden.

Los dos pequeños, de siete y diez años, son malaguistas. Cuando su padre les ha preguntado qué quieren que les lleve de su viaje a España, no dudaron en contestar que querían "algo del Málaga". Este domingo, Germán volvió a La Rosaleda para ver de nuevo al Málaga tras más de un lustro sin disfrutarlo sin pantallas de por medio. "No me podía hacer más ilusión", reconoce.

Otro detalle que le emociona de su Málaga es el papel creciente de las mujeres malaguistas. "Hay muchísimas opinando de fútbol y alentando al equipo, plantándose de tú a tú con cualquiera en redes, y a veces sabiendo mucho más que los que se creen los grandes sabedores. Eso me enorgullece de la ciudad", afirma. Una visibilidad que, recuerda, durante décadas no existió, ya que las aficionadas mayores "estaban silenciadas" en un mundo de hombres.

Su vínculo con la ciudad tiene incluso una fecha de "segundo nacimiento". El 14 de mayo de 2017, día de su segundo cumpleaños, Germán circulaba por la autovía hacia Marbella con un grupo de amigos y con su hijo Diego, entonces un bebé. Tuvieron un accidente brutal. Los dos coches quedaron para el desguace, pero, milagrosamente, nadie sufrió ni una herida grave.

"Yo estaba parado en mitad de la autovía con los coches pasando a 150 por hora a metro y medio, todo eran cristales, y mi hijo dentro del coche, que quedó hecho un amasijo de hierros". Aquel día le marcó una idea que repite mucho, que "la vida es un ratito". Y otra que cuenta con orgullo: "Hace nueve años que soy malagueño de segundo nacimiento".

Germán estudió desarrollo de software. Trabajó años en testing en una multinacional. Hacía comedia los fines de semana, dice, "por esa cosa que te mete la sociedad de que de lo artístico no se come". En 2015 supo que iba a ser padre. Todo el mundo le dijo lo previsible: ahora sí, le tocaba cabeza, estabilidad, dejar "las tonterías del escenario".

Pero Germán, con una personalidad arrolladora que se observa nada más hablar unos minutos con él, hizo todo lo contrario y renunció a la multinacional. "Si hay un momento para arriesgarme es ahora. Quiero que mi hijo vea a su padre haciendo lo que le hace feliz", se dijo.

Germán en su llegada a Málaga.

Germán en su llegada a Málaga. Twitter

Diego tiene diez años y medio. Martín, su hermano, siete. Y tras aquel cambio de vida, Germán es guionista de diversas versiones uruguayas de formatos gigantescos como Mask Singer o Tu cara me suena, escribe un programa de cocina al fuego llamado Fuego Sagrado, co-conduce un programa en la radio con María Noel Riccetto, lleva cinco monólogos estrenados desde que comenzó y, desde 2021, colabora cada semana en La Jugada de Málaga de Canal Sur Radio con Juan Carlos Tirado.

Aquella colaboración con Málaga le llegó por un tuit sobre el Málaga que se movió más de la cuenta. Es muy activo en redes y siempre da opiniones sobre el club. "El periodista, Tirado, me escribió: '¿Tú de qué vas? ¿Eres malagueño y vives en Uruguay? Qué pasada'". Y lo demás es ya historia.

La semana pasada, de hecho, colaboró por primera vez en el programa desde el estudio y ha puesto cara a todos sus compañeros con los que hace radio a miles de kilómetros. "Nadie se hace una idea del esfuerzo que yo he hecho por colaborar con ellos. Había días que tenía que hacer humor desde un taxi porque salía de viaje o recién levantado por la diferencia horaria. Pero siempre me ha merecido la pena", declara.

Detrás de toda esta vida partida entre dos continentes está Irene, su pareja desde hace veinte años, psicóloga perinatal especializada en diagnósticos adversos y referente en su campo en Uruguay. "Sería imposible de otra forma. Es el eje y el sostén que me permite estar aquí ahora dando esta entrevista", reconoce.

Esta vez, además, ha sido ella quien se ha quedado al frente de la casa con Diego y Martín, ya que sus padres le han acompañado a España. Sobre los peques, dice que a uno le tira más el fútbol y al otro lo han apuntado a una escuela de arte abierta al cine, el teatro y la música, ya que ha salido más artista. Una mezcla de las dos pasiones de su padre. "En lo que quieran ser, yo los voy a apoyar", asegura.

Germán, en La Cochera Cabaret.

Germán, en La Cochera Cabaret.

El 1 de junio, Germán Bernárdez actúa en La Cochera Cabaret. Es, dice, "uno de los desafíos más grandes de toda mi carrera". A La Cochera lo llevó por primera vez el yayo, aquel que le llevó a ver a un falso Real Madrid. Recuerda que vieron, hace años, a un dúo de humoristas. Salió de allí pensando: "Yo quiero actuar aquí".

Y aquel deseo se cumple el próximo lunes. Promete humor para toda la familia y sin meterse con el público, "algo muy de moda últimamente". "Yo no quiero que nadie sufra en mis shows, estarán relajados", expresa. Además, el espectáculo cuenta con material pulido específicamente para una sala malagueña. Promete, también, que va a sentirse en casa. "Quiero que vengan familias enteras. Los niños también van a pasárselo bien en el show", relata.

Porque eso es lo que es para él esta ciudad. Una casa con dos llaves: una en Montevideo y otra aquí. "Definitivamente volver a Málaga para vivir, creo que ya no, pero mi objetivo es venir una o dos veces al año, tener algún vínculo laboral, actuar en La Cochera, comerme unos boquerones en una terracita, ir al mercadillo del barrio de mis amigos y oír hablar a las señoras, que casi se hacen amigas nuestras en un rato".

Lo dice mirando alrededor, en el Parque del Oeste, donde acaba teniendo lugar la charla. El 1 de junio, a pocos metros de allí, se subirá al escenario de La Cochera Cabaret. Treinta años después de salir por la puerta del Rosario Moreno, Germán Bernárdez volverá a hacer en Málaga lo que aquel profesor titiritero le enseñó: hacer reír a la gente. Y, esta vez, en su casa.