Un montaje con imágenes del incendio.

Un montaje con imágenes del incendio.

Málaga ciudad

Acero estructural, madera e insonorización: el cóctel perfecto que ha convertido el Ibis Centro en un 'horno'

Un técnico en emergencias, un ingeniero y un bombero desgranan el papel de los materiales en la propagación del fuego mientras Tecnifuego reclama revisar la protección pasiva en hoteles y bares.

Más información: Un virulento incendio obliga a desalojar el hotel IBIS Centro de Málaga de madrugada y quema el Le Grand Café

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Las claves

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Un incendio en el Hotel Ibis Centro de Málaga obligó a evacuar a más de 100 huéspedes y trabajadores durante la madrugada.

El fuego, originado en el bar Le Grand Café, se propagó rápidamente debido a la combinación de acero, madera y materiales de insonorización en la estructura.

La normativa española permitió la evacuación segura gracias a la resistencia inicial de la estructura, pero los daños estructurales fueron graves y requieren evaluación pericial.

La Asociación Tecnifuego pide revisar las medidas de protección pasiva en hoteles y bares para evitar la rápida propagación de incendios en edificaciones similares.

La madrugada en el centro de Málaga se rompió de golpe a las 01:20 horas de este lunes, cuando el intenso olor a humo obligó a despertar a un centenar de huéspedes alojados en el Hotel Ibis Centro de Málaga, ubicado en pleno casco urbano junto al río Guadalmedina.

En pocos minutos, los clientes del alojamiento tuvieron que abandonar el edificio, aún en pijama y con lo imprescindible en las manos, mientras los bomberos trataban de contener un incendio que se había originado en los bajos, en el bar Le Grand Café.

El fuego seguía activo hasta última hora de la tarde de este lunes, arrasando por completo el interior del establecimiento hostelero y avanzando sin descanso en las plantas altas del hotel tras más de 15 horas ardiendo.

Pero más allá del balance o la crónica, el siniestro deja sobre la mesa una pregunta que técnicos e ingenieros tratan de responder: ¿por qué este edificio en concreto ha ardido con tanta virulencia y por qué partes de su forjado llegaron a desprenderse?

La respuesta, según los expertos consultados, está en una combinación muy concreta de materiales: acero, madera y materiales especiales de insonorización.

Tres elementos que, aislados, son perfectamente habituales en la edificación. Juntos, y sometidos a un incendio con elevada carga de fuego como el originado en el Le Grand Café, conforman lo que un técnico en emergencias describe como un escenario "nefasto" en el que el edificio funciona literalmente como un horno.

La primera clave técnica está en el comportamiento del acero estructural frente a la temperatura. Lejos de ser inmune al fuego, el material empleado en las vigas de acero de los edificios disminuye de forma drástica su capacidad portante a medida que aumenta la temperatura y el tiempo de exposición a esa temperatura, sin necesidad siquiera de llegar a fundirse.

Un Técnico Superior en Coordinación de Emergencias y Protección Civil, con años de experiencia como bombero, sitúa el umbral crítico a partir de los 500 °C, una temperatura que un fuego virulento como el del Le Grand Café alcanza en pocos minutos. El acero pierde aproximadamente el 50% de su resistencia mecánica y se vuelve elástico.

Esa franja coincide con lo que la normativa española maneja. Según ha explicado un ingeniero bombero, el acero pierde en torno a la mitad de su capacidad portante al alcanzar los 600 °C, y a 550 °C la pérdida ya es del 60%. Es decir, antes incluso de llegar a los 600 grados, una viga ha perdido más de la mitad de su capacidad para sostener el peso del edificio.

Es habitual oír en la calle que el punto débil de las construcciones de acero son los remaches o las soldaduras. El técnico en emergencias matiza esa idea extendida: aunque esas uniones efectivamente sufren tensiones brutales durante un incendio por las dilataciones térmicas, el verdadero peligro del acero está en su propia naturaleza física ante el calor.

Al calentarse, las vigas no se limitan a perder resistencia: se dilatan longitudinalmente y empujan con enorme fuerza los pilares o los muros hacia los lados, desestabilizando el "esqueleto" del edificio.

Y cuando esas vigas se enfrían bruscamente, por ejemplo, con el agua de la extinción, se contraen de golpe. Es entonces cuando soldaduras y tornillos pueden romper por cizallamiento. Es decir, las uniones efectivamente fallan, pero no por debilidad propia, sino arrastradas por el comportamiento térmico del conjunto.

Qué dice el Código Técnico: el reloj de la evacuación

Conscientes de este comportamiento del acero, los ingenieros que redactaron el Documento Básico de Seguridad en caso de Incendio (DB-SI) del Código Técnico de la Edificación establecieron un margen de seguridad basado precisamente en esas temperaturas críticas.

La normativa relaciona la temperatura alcanzada con la pérdida de capacidad portante asociada —60% a 550 °C, en torno al 50% a 600 °C— y, a partir de ahí, prescribe tiempos mínimos de resistencia al fuego que la estructura debe soportar sin colapsar.

¿Para qué sirven esos tiempos? El ingeniero bombero lo explica con dos objetivos muy claros: garantizar la evacuación de los ocupantes, es decir, la protección de las personas y permitir la intervención de los servicios de extinción antes de que la estructura falle, lo que se entiende como protección de los bienes.

En el Ibis Centro, ese primer objetivo se cumplió: más de un centenar de huéspedes y trabajadores fueron evacuados sin heridos. La estructura aguantó el tiempo necesario para que el desalojo se completara, que es exactamente lo que la normativa persigue como prioridad absoluta. En el caso del Le Grand Café, este estaba cerrado cuando ocurrieron los hechos.

A la vulnerabilidad térmica del acero se suma el comportamiento de los otros dos ingredientes del edificio: la madera del revestimiento de Le Grand Café y los materiales de insonorización del hotel. Una combinación que el técnico en emergencias califica de "nefasta" ante un incendio, por tres razones encadenadas.

La primera, la carga de fuego. La madera aporta muchísimas calorías por metro cuadrado, lo que multiplica la intensidad y la duración del incendio una vez declarado. La segunda, el tipo de aislamiento.

Si la insonorización empleó materiales plásticos, espumas no ignífugas o incluso lanas minerales cuya barrera de vapor o fijaciones fuesen combustibles, no solo alimentan las llamas: generan un humo densísimo y tóxico que tiende a buscar los patinillos de instalaciones y la ventilación. Esa, apunta el técnico, parece haber sido precisamente la vía por la que el incendio se propagó en el Ibis.

Y la tercera, el fuego oculto. Las llamas se introducen en falsos techos y trasdosados, y el metal transmite el calor por conducción a lo largo de toda la viga. Eso permite que aparezcan focos secundarios en habitaciones de plantas superiores solo por contacto con rastreles de madera o moquetas, sin que el fuego visible haya llegado todavía allí.

A ello se añade la propagación por convección de los gases calientes a través de esas canalizaciones, un fenómeno que conecta con la advertencia del operativo sobre la afectación por humo en toda la mitad del hotel próxima al foco.

Tecnifuego pide revisar la protección pasiva en hoteles y bares

Más allá del análisis estructural, el siniestro de Málaga ha puesto el foco en otra cuestión que las asociaciones del sector consideran clave: las medidas de protección pasiva en establecimientos hosteleros.

La Asociación Española de Sociedades de Protección contra Incendios (Tecnifuego) ha aprovechado el caso del Ibis Centro para reclamar una revisión de estos elementos en bares, restaurantes y hoteles, a falta de que la investigación oficial determine las causas exactas del incendio y cómo respondió el edificio frente al fuego.

Tecnifuego ha señalado que este tipo de sucesos reflejan la complejidad que presentan los incendios en edificios con elevada ocupación, donde resulta fundamental analizar cómo se propagan el fuego y el humo entre distintas zonas.

Su presidente, Antonio Tortosa, ha explicado la diferencia entre dos conceptos clave: la protección activa "detecta, avisa o actúa" cuando se produce un incendio —detectores, alarmas, extintores o rociadores automáticos—, mientras que la pasiva forma parte del propio edificio y su función es "impedir que el fuego y el humo se propaguen rápidamente de una a otra" zona.

El problema, ha advertido Tortosa, es que muchos elementos de protección pasiva pasan desapercibidos porque quedan ocultos en la construcción. "Cuando un incendio consigue extenderse entre distintas plantas o sectores del edificio, hay que revisar cómo han funcionado esas barreras", ha indicado. Una reflexión especialmente pertinente en el caso del Ibis, donde el fuego saltó del local comercial en planta baja al hotel situado encima y se propagó a las plantas superiores.

En los establecimientos hosteleros, el humo representa uno de los principales riesgos debido a la elevada ocupación y a la dificultad que puede suponer evacuar de madrugada, con personas durmiendo, exactamente el escenario que se vivió a la 1:26 horas en la calle Cerrojo.

De ahí que Tortosa haya insistido en la importancia del mantenimiento: la normativa actual obliga a revisar periódicamente los sistemas de protección activa, pero los expertos consideran necesario prestar también atención al estado de los elementos pasivos, especialmente tras reformas, cambios de uso o intervenciones posteriores en el edificio.

"Un falso techo modificado, una instalación mal sellada o una reforma pueden alterar la capacidad del edificio para contener un incendio sin que el problema sea visible a simple vista", ha advertido el presidente de Tecnifuego.

Para bares, restaurantes y hoteles, la asociación recomienda revisar con especial atención cinco puntos: la sectorización entre locales y plantas, el control del humo, la detección automática de incendios, la resistencia al fuego de los elementos constructivos y los sistemas automáticos de extinción, sobre todo en cocinas, además de garantizar que las vías de evacuación y salidas de emergencia permanezcan siempre libres de obstáculos.

¿Demolición?

La pregunta inevitable, una vez controlado el fuego, es qué ocurrirá con el edificio. El técnico en coordinación de emergencias se muestra prudente: es prematuro afirmar que tenga que demolerse entero, pero tampoco se puede descartar una demolición parcial o una reforma estructural profunda. Todo dependerá, advierte, del dictamen del ensayo de materiales.

Los pasos técnicos que, en su opinión, deben seguirse son claros. Primero, enfriar la estructura y apuntalar de forma preventiva para asegurar que no haya colapsos locales mientras el edificio vuelve a temperatura ambiente. Después, una inspección visual exhaustiva: los técnicos medirán las deformaciones de las vigas de hierro del techo de la planta baja. Si han flectado más de la cuenta, han quedado inservibles.

A partir de ahí, los ensayos determinarán si el acero ha sufrido "revenido", un cambio en su microestructura interna que altera su elasticidad y dureza para siempre. También se comprobará si la pintura intumescente, la capa protectora contra el fuego que exige la ley, funcionó correctamente o si brilló por su ausencia o degradación.

Un punto especialmente relevante a la luz del aviso de Tecnifuego sobre la importancia de revisar la protección pasiva tras reformas o intervenciones posteriores.

¿El pronóstico? Raras veces se demuele un edificio hotelero moderno entero por un incendio de estas características, "a menos que los pilares maestros hayan colapsado o se hayan revirado de forma generalizada", apunta el técnico. Lo más habitual en estos casos es tener que desmantelar por completo la planta baja, sustituir o reforzar las vigas metálicas más dañadas y reconstruir forjados de forma local.

Y aquí, paradójicamente, la estructura metálica tiene una ventaja sobre el hormigón: mientras este se cuartea y desconcha de forma interna, dificultando el diagnóstico, el acero permite ver sus deformaciones de manera mucho más evidente y es, en palabras del propio técnico, "más fácil de cortar y sustituir por tramos".

Visto en conjunto, el caso del Ibis Centro ilustra con bastante precisión la lógica con la que está pensada la normativa española de protección contra incendios. La estructura aguantó el tiempo suficiente para que la evacuación se completara sin víctimas.

Pero la combinación de acero estructural, madera, insonorización y una elevada carga de fuego en el local de origen llevó al incendio cerca de ese escenario de "estado máximo" que advertía el ingeniero con forjados desprendidos y casi la totalidad del hotel afectado y la necesidad de una valoración pericial detallada antes de poder hablar siquiera de qué partes del edificio son recuperables.

Los peritos tendrán ahora que determinar, planta a planta, hasta qué punto las temperaturas alcanzadas han comprometido la capacidad portante de las vigas, el estado de los nudos, si la sectorización y demás barreras pasivas hicieron su trabajo y, en última instancia, si el conjunto sigue siendo seguro.