La foto de la Avenida de Velázquez en 1989 y la imagen en la actualidad 33 años después.

La foto de la Avenida de Velázquez en 1989 y la imagen en la actualidad 33 años después. Archivo Ayuntamiento de Málaga // Maribel Mayo

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33 años de las inundaciones de 1989: una tromba que no se borra de la memoria colectiva malagueña

Aquel mes de noviembre de intensas precipitaciones se saldó con ocho vidas en toda la provincia y con una ciudad totalmente devastada.

14 noviembre, 2022 14:58

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Han pasado 33 años, pero hay malagueños que las recuerdan como si hubiesen sucedido ayer. El 14 de noviembre de 1989 una imponente tromba de agua sorprendió a Málaga generando graves inundaciones en la ciudad. 150 litros por metro cuadrado en una hora y media en la capital -fueron 200 en el Valle del Guadalhorce- fueron suficientes para provocar imágenes impactantes que aún figuran en el archivo fotográfico municipal como algo histórico y en la retina de toda la población malagueña que ronda los cuarenta años. 

33 años más tarde pocos malagueños se imaginan que pueda suceder algo similar a aquello en un otoño en el que pocos han hecho el cambio de armario porque el calor no se marcha. Tampoco tienen ubicado en qué punto de la casa se encuentra el paraguas. Hace semanas que no lo necesitan. El pantano de la Viñuela pide un SOS desde hace meses con las grietas en la tierra como únicas protagonistas. Su capacidad está por debajo del 10%, en concreto en un 9,49%. El resto de pantanos y embalses de la provincia, a excepción del de Guadalteba -con un 58,58%- están por debajo de la mitad de su capacidad total.

33 años más tarde desde que se produjeran aquellas históricas inundaciones, en la Avenida de Velázquez, la columna vertebral de Carretera de Cádiz, hace un día de primavera, por no decir verano, los vecinos van en manga corta y llevan gafas de sol. Alguno sale del gimnasio en chanclas. Menudo contraste con aquel mediodía de 1989 en el que el cielo se volvió negro y la carretera en un río. Hay vecinos que aseguran que "se hizo de noche" inesperadamente.

El reloj no marcaba aún la una de la tarde cuando empezó a granizar y, a continuación, una potente tromba de agua no les dejó tiempo a los malagueños para reaccionar. El agua se acumuló tan rápido que cuando quisieron darse cuenta, a muchos de ellos les llegaba ya el agua por los tobillos y, minutos más tarde, por la cintura. 

No fue aquella tromba la única de un otoño difícil para Málaga. Los días 15 y 17 se registraron datos de precipitaciones muy potentes que volvieron a repetirse el 26 y el 27 de noviembre y el 8 de diciembre, Día de la Inmaculada Concepción. Todos estos días de lluvias intensas se saldaron con las vidas de ocho personas en toda la provincia y con una ciudad devastada de principio a fin con más de 2.000 personas evacuadas, especialmente de los polígonos industriales, que quedaron ocultos bajo balsas de agua de color marrón, teñidas por el barro.

Toda Málaga, especialmente la zona centro y oeste, se vio afectada por aquellas lluvias. La Trinidad, La Victoria, El Perchel, Martiricos, Miraflores... el panorama era desolador y la sensación, según el vecindario, era de "no saber qué hacer ni cómo ayudar". Situación similar en La Luz, La Paz y El Torcal de Carretera de Cádiz, con la mayoría de sus comercios anegados.

Muchas vidas

Los daños se valoraron en 50.000 millones de pesetas, unos 300 millones de euros en la actualidad, pero nadie olvida aún las historias de aquellos que fallecieron. De Francisco y Dolores, la pareja de Portada Alta, padres de seis hijos, que murieron en su propia casa.

A ambos hay que sumarle el fallecimiento de Sebastián, un niño de 15 que a bordo de un camión que le ayudó a cruzar el Guadalhorce cayó, se golpeó la cabeza y murió ahogado. También murió en estas inundaciones Casimiro en un accidente de tráfico en Las Pedrizas conduciendo una ambulancia que venía a Málaga para ayudar desde Jaén. 

Francisca murió cerca de Almogía. Su cadáver apareció durante la mañana del 16 de noviembre de aquel fatídico año. Iba en el coche junto a su marido, que pudo salvar su vida. Las lluvias siguieron llevándose vidas los siguientes días. El 17 de noviembre, en Villanueva de la Concepción, también falleció Antonio. Un arroyo cercano al pueblo se lo llevó cuando conducía su todoterreno. Unos días más tarde, en las inundaciones del día 26, murieron Bernabé, en el arroyo Totalán y Carmen, cuando estaba tranquilamente en su casa situada en la barriada de La Pelusa.

El testimonio | "No podíamos andar, nos ahogábamos"

Avenida de Velázquez.

Avenida de Velázquez. Archivo Ayuntamiento de Málaga

Susana Moreno estaba trabajando en una tienda de Torremolinos aquella mañana. Recuerda cómo su jefe ya les alertó de que "estaba lloviendo muchísimo en Málaga" y que tenían que marcharse cuanto antes porque si no, no iban a poder volver a entrar a tiempo a las cuatro de la tarde.

"Y no pude volver al trabajo a las cuatro, pero tampoco a mi casa. No llegué a mi portal, en aquel entonces en calle Gaucín, hasta casi las nueve de la noche (de ida). Recordemos que salí a las doce y algo del trabajo. No había redes sociales como ahora y la conexión telefónica era imposible y recuerdo cómo mi madre estaba preocupadísima por mí esperándome en la puerta", recuerda. Se ríe recordando cómo su jefe contactó con su vecina para preguntar por ella. "No sé treinta años después cómo consiguió hacerlo", detalla.

Salió de Torremolinos en Cercanías y el tren se paró a la altura del aeropuerto. No podían seguir hacia delante. Con un grupo de malagueños intentó salir por la zona de Cártama, caminando, pero los ríos Guadalhorce y Campanillas estaban totalmente desbordados y el acceso a Málaga era imposible. Volvieron al punto de partida, el aeropuerto. Desesperados, decidieron optar por ir caminando, "o casi nadando", hacia la Avenida de Velázquez. "No podíamos andar, había mucha corriente y nos ahogábamos", cuenta.

La salvación del grupo de pasajeros del Cercanías fueron unos camiones de salvamento. Los subieron en la parte trasera para llevarlos, "muy poquito a poco" hasta el Carrefour Los Patios. "Yo creía que aquí acababa la odisea, pero no", recuerda. La Avenida de Velázquez estaba, según su testimonio, totalmente anegada. Fue gracias a unas cuerdas que le pasaron unos voluntarios cómo llegó a La Luz. Después, a duras penas, mojada hasta a la altura del pecho, consiguió llegar a El Torcal. Recuerda cómo llegó agotada de un trayecto larguísimo que debía haber durado, como mucho, una hora. "Lo pasamos muy mal y creo que a ningún malagueño se le va a olvidar algo así", zanja.