En apenas tres semanas se han entregado en Barcelona los Premios Goya y se ha celebrado una nueva edición del ahora llamado Málaga Film Festival, abierto desde hace años al cine iberoamericano. Así que son días de actividad frenética: conocer las películas y actores nominados, ver en directo la gala, tratar de disfrutar antes de esa noche última de febrero de todo el cine español que no pudimos ver en 2025.

Este año nos acostamos temprano mi mujer y yo, porque estábamos cansados y porque tras la cosecha de 2024 (El 47, La infiltrada, Segundo premio, Soy Nevenka, La casa, Los destellos, La habitación de al lado, Los pequeños amores o Volveréis, películas que vimos en los cines) este año nos pilló mucho más desconectados. Y es que tener a la madre de mi mujer en casa viviendo con nosotros desde hace unos meses ha cambiado nuestra vida, para centrarnos en el cuidado y la atención que ella merece.

Para ponernos al día decidimos ver Maspalomas, en Filmin, el domingo 1 de marzo por la tarde. Sabíamos de qué iba la película, pero no esperábamos tantas escenas de sexo explícito. En el salón estaba con nosotros mi suegra, claro, y en determinados momentos mi mujer y yo nos miramos de reojo, inquietos por aquellas escenas tórridas en las que hombres desnudos y bien musculados aparecían enganchados.

Mi suegra tiene la costumbre de abanicarse incluso con frío, y estuvimos atentos a posibles cambios de velocidad en sus movimientos. No nos dejó buen sabor de boca Maspalomas, que nos pareció, sin ser moralistas, un canto a la promiscuidad egoísta más que la reivindicación de la libertad y del deseo sexual de las personas mayores.

Pero lo que de verdad nos sorprendió a mi mujer y a mí es que, sin darnos cuenta, habíamos pasado de estar atentos a las películas que veíamos con nuestros hijos a vivir una situación embarazosa con su madre, como si los menores avergonzados fuésemos nosotros.

Es un paso tan natural como inesperado. Con los niños, cuando son menores, sabes más o menos qué hacer. Hemos visto muchas películas muy buenas y muy raras con ellos, en sesiones nocturnas de cine familiar que propiciaban conversaciones intensas y que ellos aún recuerdan.

A veces lo que conserva la memoria no es lo que uno quiere, pero como escribió Ernesto Sábato en El túnel, “vivir es construir futuros recuerdos”, y en casa todo el mundo se acuerda de la escena de Captain Fantastic en la que Viggo Mortensen aparece desnudo en la puerta de la roulotte. Todo el mundo es todo el mundo. Y a menudo volvemos sobre aquellas películas que nos impresionaron, por lo que fuese, para reírnos con cierta nostalgia.

Unos días después de ver Maspalomas leí en Facebook un párrafo sacado de la tribuna que publicó Isabel Coixet en El País, titulado “Alfombra roja, cerebro en blanco”. Lo compartió Francisco Collado, profesor de Ciencias Políticas de la UMA, lo puse en LinkedIn y tuvo más de mil impresiones.

El párrafo de Coixet me llevó a leer el artículo completo, para entender el contexto. Pero fue mi hija, por la noche, la que sacó el tema: estaba indignada por el ahora ya famoso y viral video de una desoficiada influencer en la alfombra roja del Festival de Málaga, y gracias a ese aviso yo pude ver el vídeo que no había visto y ella pudo leer el artículo que no había leído. Es lo maravilloso de la buena comunicación intrafamiliar, que un día cualquiera comienzas a nutrirte y aprender de tus propios hijos, porque ellos también tienen mucho que contarte y que compartir contigo.

Hay un debate abierto sobre los méritos de estas personas para ser invitadas a la Gala de los Goya o a desfilar por la alfombra roja del Festival de Málaga. ¿Es suficiente con tener una comunidad de varios millones de seguidores? Coixet reivindicaba la visibilidad para el talento, para el trabajo paciente y silenciado, tantas veces ignorado. Y estoy de acuerdo con ella.

Por desgracia, me temo que yo mismo fui un intruso en cierta edición muy pretérita del Festival de Cine de Málaga, cuando llegaba tarde a la proyección de la película inaugural, Hormigas en la boca, y el entonces jefe de protocolo de la Consejería de Cultura, el llorado Fernando Robles, que me conocía y apreciaba, me vio y me indicó que entrase por un sitio que resultó ser la celebérrima alfombra roja.

Al final de la misma, ya dentro del Teatro Cervantes, el Alcalde y la propia Consejera abrieron mucho los ojos cuando me vieron aparecer con mi mujer, que no es la misma persona con la que estoy casado ahora. Pero me saludaron como si hubiera sido otro invitado más, porque me conocían, y también por inercia.

Lo divertido y memorable es que en la alfombra roja coincidimos nada menos que con Nacho Vidal, la estrella nacional del porno, que iba saludando a decenas de chicas y chicos jóvenes escoltado por un par de actrices subidas a plataformas demasiado altas y vestidas con ropa demasiado corta.

Con respecto a lo que me preguntó sobre mi coincidencia con Nacho Vidal en riguroso directo Paula Meliveo, la reportera más dicharachera de Málaga 101TV, y sobre mi espontánea respuesta solo hablaré en presencia de una botella de Jameson Black Barrell y una bolsa de cubos de hielo. 101TV siempre al filo de la noticia.

Fue en el año 2005. Lo he sabido gracias a Víctor A. Gómez, redactor jefe de cultura en La Opinión de Málaga, periodista curtido que además escribió el jueves pasado un provocador y afilado artículo marca de la casa sobre el chusco episodio de los influencers.

Ya en otros tiempos se abrió un efímero debate sobre el desembarco en Málaga de los actores más populares de las series de más éxito de Antena 3, algo que también menciona Víctor. Recordemos además que a la madre de Miguel Ángel Silvestre, galán de galanes, la arrastraron del pelo en Málaga unas chicas enfervorecidas para poder hacerse unos selfies con su hijo, en la cumbre mediática y popular tras la serie Sin tetas no hay paraíso, y que aquel chabacano incidente provocó en el actor un serio y decisivo ejercicio de reflexión personal sobre su fama y sus peajes.

Nacho Vidal vino a Málaga y le hicieron entrevistas a doble página. Lo más llamativo, a mi juicio, es que el actor porno y ex caballero legionario, tan audaz y temerario, parecía tener en 2005 la cabeza mucho mejor amueblada que los jóvenes aunque sobradamente preparados influencers que dominan las redes sociales en 2026.

Vivir para ver. Y sobre la promoción, es el mercado, amigos, y nadie dijo nunca que fuese elegante. Pero son las reglas del juego y a todo el mundo le gusta jugar, manque pierda. No dejen de ir al cine, vean cine español. Y disfruten del espectáculo, que lo merece.