Tuve el privilegio de asistir al décimo aniversario de la asociación Yes We Tech, un encuentro que celebraba no solo una década de innovación y empoderamiento femenino en la tecnología, sino también la convicción de que el cambio comienza con visibilizar a quienes nos inspiran.

Participamos como empresa patrocinadora, pero más allá de la formalidad de la presencia corporativa, me conmovió la fuerza de cada historia compartida, la valentía de quienes han abierto caminos donde antes no los había.

El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, nos recuerda cada año que los avances que damos no son casuales. Nacen de luchas silenciosas y visibles, de mujeres que se atrevieron a cuestionar normas, a romper techos de cristal y a exigir espacios de igualdad. Desde las primeras manifestaciones por derechos laborales y sufragio hasta la voz potente de las nuevas generaciones, el 8M simboliza la memoria de quienes vinieron antes y la promesa de que cada niña pueda soñar sin límites.

Yes We Tech encarna esa idea: desde sus inicios, hace diez años, ha apostado por mostrar a las jóvenes que la tecnología no es un terreno reservado para unos pocos. Que la curiosidad, la pasión y la creatividad de una niña pueden convertirse en innovación, en liderazgo, en ejemplo. La historia de la asociación y la del 8M se entrelazan en un mismo propósito: derribar barreras, visibilizar referentes y dar herramientas para que se pueda soñar con ambición y libertad.

Hoy el mundo necesita más liderazgo en femenino, un liderazgo que inspire colaboración, empatía y justicia, y menos violencia, más respeto y humanidad en nuestras relaciones, en nuestras empresas y en nuestras sociedades.

Porque sabemos que la fuerza transformadora no reside solo en la autoridad, sino en la capacidad de cuidar, de incluir y de construir con sentido común y corazón y de eso sabemos mucho las mujeres.

Al salir del evento, me quedé con esa sensación de círculo completo: recordar el origen del 8M, reconocer los logros que hemos alcanzado y, sobre todo, sentir la responsabilidad de seguir construyendo referentes. Porque cada mujer que inspira a otra es una semilla de cambio, y cada niña que se atreve a soñar es la garantía de que ese cambio continúa.