El teatro, en su acepción más clásica, parece haber caído en una zona de confort peligrosa. Durante décadas, nos hemos acostumbrado a la seguridad de la butaca, a esa oscuridad que nos protege y nos distancia de lo que ocurre sobre las tablas. Pero el arte, cuando es verdadero, no debería ser un refugio, sino experiencia viva. Y entonces surge Autóctonxs, un festival que no se presenta como una simple muestra escénica, sino como un agitador ante la pasividad.
En su cuarta edición, Autóctonxs se consolida como un laboratorio de pruebas definitivo para las compañías que se atreven a salir de lo convencional. Aquí, el público ya no es una escultura de cartón piedra; es un participante que, al cruzar el umbral invisible, acepta una regla implícita: la cuarta pared no es un muro infranqueable, sino una membrana permeable que está a punto de romperse. En este espacio, la innovación y la audacia son el lenguaje vehicular de una revolución teatral que busca transformar al espectador.
Este ciclo es, por encima de todo, un campo de prueba para las compañías emergentes y las nuevas dramaturgias. Hablamos de creadores que no piden permiso para existir, sino que exigen atención, transformando cada función en una comunión única entre artistas y público. Es activar el hecho de estar presente. Es una experiencia compartida donde la energía fluye en ambas direcciones, ese espacio de encuentro donde lo imprevisto es la única constante.
En este mapa vanguardista, la figura de Alessandra García emerge como un referente esencial. Su apuesta por un teatro performático, visceral y profundamente contemporáneo ha encontrado el ecosistema perfecto para florecer.
Sin embargo, este movimiento no sería posible sin una infraestructura que entienda el signo de los tiempos. Y es aquí cuando surge el nombre de Antonio Banderas. El Teatro del Soho CaixaBank se ha erigido como el epicentro de esta sacudida necesaria.
Es aquí donde debemos ser honestos y directos: Málaga no necesita más salas, necesita más riesgo. Autóctonxs es precisamente ese riesgo. Con esta cuarta edición, el festival no solo se afianza en la ciudad, sino que trasciende fronteras, atrayendo a artistas de la vanguardia mundial que ven en Málaga un faro de libertad creativa.
En definitiva, Autóctonxs nos recuerda que el teatro es mucho más que una obra en escena; es un espacio de descubrimiento y, sobre todo, de transformación. Invitando al público a abrir su mente y a sumergirse en experiencias únicas. Porque en este mundo, necesitamos más que nunca el impacto de lo vivo, lo táctil y lo humano. Por eso me arriesgo a decir “Larga vida a Autóctonxs”.