Llevamos tiempo escuchando que Europa ha perdido el tren en semiconductores, en automóvil, en sistemas operativos, en supercomputación, en Inteligencia Artificial.
Tampoco íbamos bien cuando en el siglo II d. C., los chinos producían, escribían y montaban un sistema mandarín de gestión insuperable, con algo que tardó siete siglos en llegarnos de la mano de los musulmanes, el papel.
La revolución del papel, la de los medios de almacenamiento, ¿les suena? Las memorias. Si aún están pensando qué leer en vacaciones, lean a Irene Vallejo.
No hablemos de la seda desde el siglo II a. C. y sus rutas por las estepas hacia Europa, ni de la cerámica fina, la del caolín, en inglés se le llama china, ni de la brújula, la pólvora, la imprenta, las armas de fuego.
Toledo y Játiva fueron, en su época, algunos de los mayores productores de papel de Europa. Ni el bronce ni el hierro nacen aquí, mucho antes, ni los carros, ni la vida sedentaria que producía la capacidad de acumular excedentes y organizar sociedades complejas en torno a grandes ciudades. Ni siquiera, ahora que ando disfrutando de la campiña inglesa, el cultivo de los frutales nace aquí.
Oriente y Mesopotamia nos adelantaron. Cuando estos chicarrones antepasados de los pictos andaban levantando Stonehenge en el 2800 a. C., ya se habían fundado las ciudades de los Fenicios, Sidón en el 3000 a. C. y Tiro a la vez que el megalito inglés.
Egipto construía muy poco después la gran pirámide de Keops. En Gozo, pegadito a Malta, Gigantija se construye entre el 3600 y el 3200 a. C., los dólmenes de mi pueblo, Antequera entre el 3750 y el 3650 a. C. con la mayor piedra pesando 180 toneladas.
El famoso megalito inglés, tiene casi 1000 años menos, y las piedras más pesadas, las “sarsens”, pesan unas 25 toneladas. La civilización se propagaba de Oriente a Occidente.
Luego, griegos y romanos fueron muy relevantes, pero no los líderes absolutos mundiales. En India, en China, en Persia, en las estepas dominadas ora por partos, ora por turcos celestiales, ora por mongoles.
Ni siquiera hasta la llegada de los primeros portugueses y luego los castellanos, dominábamos las grandes navegaciones.
Desde Saladino hasta Lepanto el Mediterráneo oriental, sus rutas, su comercio era monopolio Otomano.
Ya ven. Europa sólo ha tenido una pequeña contribución, desde el XV con portugueses y castellanos, seguidos luego de franceses, ingleses, imperios centrales con Austria-Hungría y la Gran Rusia, que aún es el que mejor resiste de las potencias históricas hasta el siglo XX.
Un par de siglos llenos de hipocresía (XVIII y XIX) que predicaban ilustración para los europeos y explotación para el resto, nos regala la inmensa destrucción de Europa desde la revolución francesa a la derrota en 1815 de Napoleón, el nacimiento de Alemania, y las excusas para quebrarla y separarla de Austria y Rusia, las dos Guerras Mundiales.
Pero el siglo XXI es de lo que hoy es el Sur Global. La Europa de la Ilustración se encargó de borrar las hazañas técnicas, industriales, económicas, políticas, filosóficas, civilizatorias de Portugal hasta Tordesillas y, sobre todo de España.
En Windsor hay tres bustos sin etiquetar, uno de Fernando el Católico, otro de su nieto Carlos V y otro de Felipe II, los reconocí por el mentón desencajado de los Habsburgo, y por el Toisón que les colgaba.
No tenían ni etiqueta ni explicación. No los borran por los pelos, pero resulta que a Fernando el Católico lo nombra Enrique VII miembro de la Orden de la Jarretera en 1506 y el nieto y biznieto le suceden en 1508 por Enrique VIII.
El Católico también está representado en Innsbruck en el sepulcro de Maximiliano de Austria, su consuegro, que le otorgó el Toisón.
La llegada de los Borbones borra toda la obra de la dinastía anterior. Solo lo nuevo, vale. Y ahí, de repente sale Humboldt, que aparece en la sala de Waterloo, es chico para todo, un humanista ilustrado y trasnochado que se tira por Hispanoamérica un tiempito y le da los planos de los caminos, ciudades, y yacimientos a Jefferson, dicen que descubre la Naturaleza, y participa en el diseño del nuevo orden de Europa, el del congreso de Viena, Darwin y Newton no mencionan a sus fuentes hispanas.
En derecho internacional o derechos humanos no se citan ni a Francisco de Vitoria, Francisco Suárez. En economía, navegación, matemáticas, medicina, enfermería, cirugía, minería, metalurgia, globalización, se corre un tupido velo y las luces comienzan con la Reforma, qué casualidad, en Inglaterra con Hobbes y Locke, en Francia con la lista empachosa que todos Vds. conocen mejor que la de los españoles que les precedieron.
En la entrada a la tan impresionante como desacralizada catedral de Salisbury hay una placa en memoria de dos mártires protestantes de mitad del siglo XVI. Pobres. Nadie debe morir por su fe. Pero no he encontrado la de los mártires católicos, la de los monjes cartujos, de las menos conocidas.
El acta de supremacía de Enrique VIII, se cobró unos cuantos cientos, bula Regnans in Excelsis de Isabel I y el complot de Babington, otros cuantos cientos, la Conspiración de la Pólvora, otros, el Popish Plot.
La iglesia católica ha reconocido 285, beatificados o canonizados, miles sufrieron cárcel, destierro o ruina económica por las multas a los “recusantes”, que se negaban a asistir a los servicios anglicanos.
¿No les parece extraño? Muchos compatriotas conocen mejor a Voltaire o Rousseau, que, a Séneca, Averroes, Ramón Llull, Juan Luis Vives, Juan de Valdés, Antonio de Nebrija, los citados Vitoria, Suárez con Domingo de Soto.
Hasta Baltasar Gracián, precursor del existencialismo, que influyó en Schopenhauer y en Nietzsche, es desconocido por la mayoría de los que ponen en un altar a los enciclopedistas y sus sucesores.
El siglo de EE. UU fue el XX, sin duda. Pero Europa aún aportaba ciencia y científicos, hábilmente importados por los dólares, y sus recursos, instituciones y proyectos retadores.
La Física cuántica, la relatividad, los grandes avances en medicina, la penicilina, el transistor, las contribuciones de los químicos y físicos rusos, la óptica avanzada, el cine, la radio, el radar, el microondas, las primeras constelaciones de satélites artificiales, la máquina de estados que descifró a enigma y alumbró la informática y la electrónica digital, el Concorde, el Arianne, los Jaguar, BMW, Mercedes, Lamborghini, Ferrari…
La industria del motor ha sido la última joya en caer, el último icono de la industria europea. Las grandes contribuciones tecnológicas, científicas, industriales, militares, económicas, culturales, en los Estados Unidos han sucedido desde que llegan a una California milagrosamente civilizada, se hacen con el oro que les aúpa a ellos y a la vez desinfla a los ingleses y la pasada década.
La idea, alimentada en torno a la OTAN, de Occidente, agregando la industria, la cultura, la economía, la tecnología y el poderío militar de los aliados de ambos lados del Atlántico, Australia y Nueva Zelanda, incluso osadamente Japón, mantuvieron esa idea de que, en conjunto, seguía liderando el mundo.
De Occidente, alguien de facto quitó a la Europa del Este del muro y, por supuesto a la Rusia de Tchaikovski, Dostoievski, Mendeléyev, Pavlov, León Landau, o Koroliov, el padre de la tecnología espacial, Alfiorov recibió el Nobel de Física por sus aportaciones a los semiconductores, y Prokhorov y Basov por las aportaciones a la tecnología láser.
Pero alguien pensó que eso no era Occidente y que juntarnos con ellos no era bueno. ¿Por qué? De nuevo China lidera ahora en ciencia, industria y tecnología. Lo malo es que ellos se saben todos nuestros inventos y nuestros inventores, nosotros tenemos una larga lista de autores por aprender, sobre todo cuando los Nobel dejen de mirar el ombligo de Occidente.
Desde Lee Yan-Tseh, Nobel de Química en el 86, y Charles Kao, Física en 2009, no tenemos este reconocimiento a chinos que no hayan desarrollado su carrera en EE. UU., salvo en medicina con Tu Youyou, recibe el Nobel en 2015 tras salvar la vida de millones de personas enfermas de malaria.
La artemisina, un extracto de la Artemisa, la planta de la medicina tradicional china fue su descubrimiento. Muchos más científicos, pensadores, escritores chinos están aún por reconocer. En el último ranking de Shanghai, ya hay más universidades chinas entre las 500 primeras que norteamericanas. Otro sorpasso.
Europa se reprocha pintar cada vez menos, como si no le estuviera sucediendo desde las revoluciones liberales del XIX, la quiebras de las empresas y banca inglesa de la última parte del mismo siglo, la gran depresión Victoriana, y la nefasta idea del nacionalismo, que la arrastra a la primera guerra mundial. Cherchez la femme, cherchez l’argent.
No somos el ombligo del mundo. No seremos los líderes, no lo hemos sido históricamente, solo brevemente y causando una inmensa violencia dentro y fuera de nuestras fronteras. Lean a Julián Casanova. Los que viven estos cambios de época, apenas se enteran de lo que les pasa por delante de la nariz.
Que los trenes en Alemania o España no funcionen, no ayuda. Hace años que no funcionaban en el Reino Unido, pero ya hace años que alguien financió al Señor Farage para que tuviera suficiente éxito en el referéndum del Brexit y pareciera una decisión democrática, en lugar de lo que fue, una mascarada para salirse de un continente que había que dinamitar, otra vez.
¿Energía renovable, infinita y barata? ¿A quién conviene eso? ¿A quien perjudica? Miren Vds., la lista de proveedores de energía que tenemos, a cuál más democrático, a cuál mejor posicionado en el ranking de transparencia internacional. ¿Alemania con dos gaseoductos directos a Rusia? Inaceptable. Montemos un Maidan y nos vamos que aquí antes que explote.
¿Regulaciones que ponen freno a la IA, a la economía de supervisión, a un capitalismo digital que nos controla y nos hace súbditos digitales de aquellas empresas que ostentan los monopolios? ¿A quién conviene eso?
¿Una directiva europea recién estrenada que limita la libertad de expresión en redes sociales y permite actuaciones contra los difusores sin la necesaria supervisión judicial?
Me recuerda a cuando el cura francés introducido en la Alta Navarra y entrenado por Lancre, el juez de Burdeos que mandan a los señoríos de la Baja Navarra borbona, francesa y mitad católica, mitad hugonote, intenta convencer a nuestros inquisidores de que, a grandes males grandes remedios, y que para combatir al diablo hay que liquidar las garantías judiciales, en Las Brujas y el Inquisidor de Elvira Roca. Una delicia para leer estos días.
Una fe infinita en la ciencia, desplazando cualquier otro valor de base cristiana, y mucho menos católica, o al menos ético, fundamentado en el derecho natural de Suárez o en el de gentes de Vitoria, ¿a quién conviene?
Los científicos se equivocan, y mucho. El mismo método, la duda, cuestiona una y otra vez los avances que se reformulan a la luz de los últimos descubrimientos. Los valores de casi tres milenos, bebiendo de Grecia, de Roma, de los estoicos, de Aristóteles, de Tito Livio, de Séneca, y adaptados por San Pablo a la cultura judía, acabando para siempre con la idea de pueblo elegido, asentando que el rey recibe el poder del pueblo, que es el soberano.
No hay más pueblo elegido que la humanidad, toda la humanidad. Nos guste o no. Todos somos iguales. Fantástica idea del rabino Galileo y de Pablo que hace universal, católica, una convicción. Da ahí a San Isidoro, a Francisco de Vitoria y a los derechos humanos, un paso, la contrarreforma jesuita a caballo del barroco, Muñoz Torrero, y el gran Rafael Altamira.
¿Quiénes se están cargando ese legado? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿A quién conviene que no conozcamos a nuestros ilustrados, a nuestros filósofos humanistas y liberales? ¿Quién y para qué están desacralizando Francia y el Reino Unido? ¿Qué élites creen que el pueblo dejará de tener sus creencias y valores?
Tierra de valores, de acogida, de derechos, de estado de bienestar, de progreso compartido, de pacifismo y diplomacia, de brazos abiertos al que quiera venir a estudiar y formarse, a trabajar y vivir, a investigar y hacer nuestra sociedad y nuestra ciencia mejor.
¿A quién conviene eso? Dice Antón Costas que igualdad y libertad son imposibles de maximizar y que hay sociedades que han sacrificado la igualdad en el altar de la libertad.
Ahí querido aprendiz del astillero de Vigo, ahí querido maestro de economía de Barcelona, está el reto, en poder poner los intereses del individuo y los de la comunidad en sano equilibrio. Los chinos lo tienen claro, lo primero la comunidad.
No se domina con cañones sino con diplomacia y comercio. Viva Confucio. Pero en Europa tenemos nuestras fuentes de pensamiento, desde los citados hasta Tomás Moro, Erasmo, los sobrevalorados enciclopedistas con su odio a lo hispano, Kant, Nietzsche …
El pueblo, el espíritu del pueblo, el volksgheist, la comunidad tiene personalidad y alma, no es una suma de individuos, tiene derechos, intereses y personalidad que aún, nadie ha desarrollado sin nacionalismos nostálgicos, sin excluir, sumando, sin el bucle melancólico de Jon Juaristi.
Europa debe tener su volkgheist, su identidad, su propósito, su misión y su visión. Todos confían en que se reformará y reforzará como ha sucedido en cada crisis. No tengo tan claro que sin un profundo deseo de más Europa que necesita aclarar muy bien lo que no somos y lo que queremos ser, esta vez suceda el milagro. ¿Quién echará a los mercaderes del templo?
Leonardo Cervera, Hugo Cañete et al, nos regalaron un podcast en Histocast, el mejor podcast de historia del momento, sobre el origen y los padres de la Unión Europea. No tiene desperdicio. Pelearse entre hermanos, que comparten valores. ¿Por qué? ¿Por quién? ¿Para qué?
Se trataba de fundar primero una Comunidad del Carbón y del Acero que pusiera en común las reglas para compartir un mercado de recursos escasos, estratégicos y situados entre los dos motores de la Europa moderna, Alsacia, Lorena, el Rürh …
Mucho ha llovido desde entonces. ¿Qué son ahora el carbón, el acero del siglo XXI? Los datos, sí amigos, no se confundan, no son ni los chips, ni la supercomputación y sus data centers ni la inteligencia artificial.
El nuevo oro digital, son los datos, los que millones de europeos regalamos sin control a unos y otros, la mayoría norteamericanos, luego chinos y algunos surcoreanos.
Como no hay datos sin semiconductores se habla hoy de 300% de aranceles a los mismos en EE.UU. ¿Y el carbón? El carbón de hoy es el gas y el petróleo.
Pocos quieren que países como España demuestren que se puede vivir, competir y ser un poco más independientes con solar fotovoltaica, eólica, hidroeléctrica y nuclear ("lagarto lagarto").
Hagan la lista de los mayores productores de petróleo y gas y piensen Vds. qué harían para seguir viviendo del momio de quemar combustibles fósiles como si no hubiera un mañana. Miren de quién son “nuestras” compañías energéticas, cherchez l’argent.
Lean al gran Vicente Padilla, CEO de Aertec, en su último libro nos desconsuela, con el segundo principio de la termodinámica. Yo ya desconsolé a mi hijo cuando me propuso hacer una patente de un coche que, con generadores en las ruedas se recargaba infinitamente.
Mi padre me había hecho lo mismo con mi propuesta similar con dinamos. Maldita termodinámica. La entropía del universo no para de crecer. Cuando producimos equipos que generan energía, antes hemos generado calor, entropía, como para que en toda su vida nunca haya un saldo neto positivo.
El mundo se calienta y se seguirá calentando por mucho que consumamos fotovoltaica, eólica, y otras. Sí, querido Vicente, tenemos que consumir más despacio, como lo hace la naturaleza, como vivían nuestros abuelos.
Pero más se calienta cuando le quitas el pan a uno que, pinchando un pozo y mandándote el líquido negro por un tubo, deja de recibir los petrodólares. Los gaseoductos y oleoductos alternativos a Rusia pasan por Siria y Turquía.
Marruecos está liderando uno desde Nigeria. En las costas de Gaza, adivinen Vds. las reservas que hay. No es Coca-Cola, es gas y el pueblo elegido era el único del barrio que no tenía hidrocarburos. No podía ser.
Europa es un lugar que compra mucha, mucha energía, que, además, para calmar a Trump, ha prometido, en un campo de golf de Escocia, sin poderes, invertir y comprar a los EE. UU. una burrada.
Cuando el Ártico sea de un club formado por EE. UU., Rusia, Dinamarca, Canadá y Noruega, las siguientes rutas estratégicas serán las que lo conecten con el consumo.
Los ríos que desembocan en el Ártico son claves y las rutas que históricamente bajaban sus productos, pez, resinas, maderas, bacalaos, salazones, pieles y ámbar son ahora las rutas estratégicas. Miren el Ártico, el mar Negro, el Báltico, Ucrania y sus ríos desde el Polo Norte, miren Groenlandia y Canadá.
Pero Europa es algo por lo que vale la pena luchar. Aquellos que, tras la segunda guerra mundial, la mayoría católicos, por cierto, idean e impulsan Europa, estarían hoy tristes y decepcionados por nuestro impasse. Necesitamos más Europa. No porque vayamos a ser los líderes mundiales en todo. Esa época hace dos siglos que pasó.
Necesitamos entidades financieras más grandes, pero como no suceden de manera transfronteriza, con un español comprando a un alemán, ¡oh, anatema! o un francés comprando a un alemán, ¡oh, inaceptable!
Con nuestras cajas todas bien muertas y rematadas mientras las alemanas fueron convenientemente rescatadas por nosotros mismos, de los riesgos que ellos, libremente, colocaron en nuestro ladrillo, y nos hicieron pagar a los ciudadanos que no habíamos tomado más riesgo que el de votar a políticos ineptos.
¿Que tus entidades se han arriesgado prestando a particulares o empresas españolas, sin garantía por nuestra parte? Pues ahora que apechuguen ellas por no haber medido los riesgos, querida Frau Merkel y querido Her Schauble.
No vamos a convertir una deuda privada en una pública. Tu riesgo es tuyo y te lo comes con patatas, campeón. Entrena y forma mejor a los departamentos de riesgos de tus cajitas y banquitos. Pero no fue así.
Esa no es la historia aquella del ¿doctor nos va a doler?, mientras una mano fuerte aprieta las gónadas del pobre licenciado. Aquí el Sr. Rutte, secretario general de la OTAN y adulador número uno del presidente de los EE. UU., no nos ayudó con su hispanofobia negrolegendaria.
Europa nos "regaña" por lo del Sabadell. Vaya. Junts y PSC, miran por lo suyo, en el PNV retuercen el bigote, el ministro Cuerpo tira por la calle de en medio.
¿Que hacen falta bancos europeos con escala? Sin duda. Pero no todo lo van a hacer los españoles mientras en Francia, Alemania, Polonia, Italia, silban y miran para otro lado. La fusión de BBVA y Sabadell perjudica a muchas pymes españolas y en especial catalanas. La reducción de la oferta, la reducción de la competencia es flagrante.
Cada vez hay menos sitios a los que ir a financiarse, particulares y pymes, y cada vez, se aprovechan más con más comisiones, tipos más altos y ahorro sin remunerar. Esto de los bancos se parece en España cada vez más a ciertas redes de gasolineras que tienen la oferta bien sincronizada.
¿En qué andará la CNMC? Nuestras empresas siguen financiándose, pero, a tipos más altos que sus pares en Europa, con menos compromiso de nuestras entidades financieras por invertir. Barreras reales a la competencia por el coste y el acceso a la financiación.
La semana pasada hemos estado detrás de unos y otros para conseguir medio millón de aval para un proyecto subvencionado, pero con avales. Viva la innovación. Si quieres innovar, invertir, salir de lo convencional, ir a la disrupción, en España, con la ley general de subvenciones, que consagra la presunción de culpabilidad y pone una losa al emprendedor innovador, estás perdido.
Eres un emprendedor que innova, pues avala o no tocas apoyo ninguno a la innovación. Igualito que en China o los EE. UU. Ningún banco aflojaba un aval. ¿Para qué? Ya les va bien con los miles de millones de nuestro ahorro que no recolocan en el sistema productivo, ni retribuyen.
La banca, queridos reguladores, tiene un fin público, de lo contrario es un latrocinio. El fin es reinvertir en la sociedad, en la economía productiva, en la innovación, los excedentes de ahorro que les confiamos.
Los bancos centrales, el europeo y el de España deben asegurar que cumplen con su fin social y económico. Mandar el excedente a Wall Street y sus instrumentos, no era el camino, ni el fin, y creo que debería regularse que el ahorro europeo se debe invertir en Europa.
Europe first, ¿no? En 2024 la UE acumulaba unos 820.000 millones en ahorro neto, del orden del 15% de la renta disponible mientras que los EE. UU ahorraban solo el 4.5%.
La tendencia en el primer semestre de 2015 se mantuvo. Europa no invierte su propio dinero. Y si los proyectos son de innovación, y tienen más riesgo, deben tener más prima pero no prima infinita, es decir, que no se financian. Y así nos va.
En América hay dinero para innovar, lo peor es que una parte del que usan es nuestro, no va a nuestras empresas, se han vuelto adictos y piden más. Ahora 600.000 millones de inversión directa en EE. UU. ¿No les parece increíble?
No podemos dejar de avanzar en la electrificación, en la descarbonización, en la sostenibilidad como modelo de vida, menos consumista, más respetuosa con el compromiso generacional de dejar un planeta mejor a los que vienen.
Si a las primeras de cambio aflojamos en los requerimientos medioambientales de nuestros socios comerciales, nos cargamos a nuestros agricultores, a nuestras industrias. No se pueden dar bandazos.
Si a un socio no le gusta, patalea y nos pone aranceles, muy bien, con su pan se lo coma. Es bien sabido que el arancel lo paga el comprador, que el efecto a largo plazo es peor para el que lo pone que para el exportador, que adocena y hace drogodependiente a la industria que, protegida por el arancel, se cree competitiva mientras pierde el tren de la competitividad mundial en una economía, la que no es occidental, que va camino de suponer el 80% del PIB mundial. Dejemos de lamernos las heridas, invirtamos, innovemos, compitamos.