Una imagen de los dos creadores.
Luis y Tatiana se quedaron en paro, apostaron por las flores y ahora triunfan con una máquina pionera en Andalucía
Tras abrir su floristería en Ciudad Jardín en 2024, decidieron dar el salto a la estación María Zambrano con un modelo muy trabajado que atrapa a los que buscan un detalle de última hora.
Más información: Dos jóvenes de 21 años abren en Málaga un local con sabores de Asia: "Queremos revolucionar el consumo del café"
Dicen que no hay nada más romántico que la puerta de llegadas de una estación de trenes, aeropuertos o autobuses. Abrazos, reencuentros, sorpresas y flores, muchas flores, para celebrar una vuelta a casa. Bien lo saben Luis y Tatiana, dos emprendedores que a comienzos de año pusieron en marcha un método de venta pionero en Andalucía, una máquina expendedora llena de ramos de flores frescas, terrarios y otras plantas ubicada muy estratégicamente en el hall de entrada de Vialia y que es todo un éxito.
Su acabado cuidado y su tecnología invita a pensar en una gran cadena detrás de ella, pero nada más lejos. La máquina, bautizada como Florlover, no es más que una extensión de la floristería Plantlover, ubicada en la calle María Tubau de Ciudad Jardín, en Málaga capital, que ambos pusieron en marcha hace dos años y medio y con la que "no podemos estar más contentos".
Ella es diseñadora de interiores e iluminadora. Él es comunicador audiovisual y técnico de sonido, y ha trabajado además 20 años como cocinero, con restaurantes propios. Ninguno venía del mundo de las flores.
Según relata Luis en una entrevista con EL ESPAÑOL de Málaga, llegaron a este sector cuando todas las puertas se les "cerraron" y por el cansancio de trabajar en la hostelería sin encontrar empleo en lo suyo. La idea de tener una floristería les rondaba desde hacía años y el empujón definitivo llegó cuando ambos se quedaron en paro al mismo tiempo.
Recuerda que entonces se dijeron que "este es el momento, ahora o nunca". En mayo de 2024 abrieron la tienda y, poco a poco, empezó a llegar la clientela.
Una idea traída de Holanda y fabricada en China
La chispa de la máquina surgió en Holanda, que Luis define como "el país de las flores". Allí vio algo parecido, y ambos pensaron que sería una gran idea crear un modelo propio adaptado a los ramos que elaboran y al presupuesto de sus clientes.
Contactaron con fabricantes de máquinas expendedoras en China y les propusieron su diseño. El proceso se alargó más de lo previsto, entre otras cosas por "problemas meteorológicos en el país asiático". "Fue un poco caos, pero acabamos consiguiéndolo; no fue fácil", declara Luis. La máquina se inauguró finalmente el 15 de enero de 2026.
La elección de Vialia fue clara desde el principio. Luis argumenta que "en tren es muy fácil llevar algo contigo, no como en los aviones". A eso se sumaba la visibilidad del hall, en un espacio que es a la vez centro comercial y estación.
El centro comercial acogió la propuesta con entusiasmo y les cedió un emplazamiento que cataloga de "privilegiado". Luis admite que "a veces es lo más complicado de negociar con los centros comerciales, que te den el sitio que tú quieres, porque todo el mundo quiere el mejor sitio y hemos tenido esa gran suerte". Están ubicados justo al lado de Parfois.
Los ramos de la máquina cuestan exactamente lo mismo que en la tienda. Luis insiste en que este detalle es importante, porque "no nos aprovechamos por estar en la estación de tren" y asegura que el cliente se lleva la misma calidad que si comprara en el mostrador.
La máquina.
Recargar flores cada día
Los huecos vacíos que se ven a menudo en la máquina son la mejor prueba de su acogida. Mantenerla llena exige una logística propia. Luis advierte que "no es como recargar una máquina de Coca-Cola".
Cada ramo se elabora en la tienda y va en un envase con agua que aguanta varios días, de manera que se puede llevar a cualquier sitio. Las flores, según Luis, duran más de 2 semanas. La máquina funciona como una nevera y la recargan a diario.
Por eso Luis subraya que quien se ocupe de una máquina así necesita "dotes de floristería". Defiende que "no es poner flores y ya está" y que requiere técnica y cuidar la imagen de lo que se expone.
Los picos de venta llegan con San Valentín y el Día de la Madre. "Es escandaloso, no paras en la tienda, pero encima se te vacía con una velocidad tremenda la máquina", explica. En esas fechas se les concede permisos especiales para reponer cuantas veces haga falta, mientras la floristería también va "a tope".
A ese calendario, además, se suman nuevas fechas, un dato muy curioso. El Día de las Flores Amarillas, que se celebra el 21 de septiembre y también el 21 de marzo, ha llegado desde Latinoamérica de la mano de una serie y de las redes sociales, y Tatiana y Luis lo notan mucho en la máquina como en la tienda. "Vienen sobre todo personas latinoamericanas para sorprender a otras con sus flores amarillas".
También cuenta algo los Días de la Madre en países como Rusia o Francia, que no coinciden con el español, y que se traducen en ventas. Luis cree que "hay más cultura de flores fuera de España" y señala a rusos, ucranianos y latinos como grandes compradores. "Aunque los jóvenes españoles cada vez compran más", declara.
Cuando baja la demanda de flores, tratan de llenar la máquina con otros productos llamativos. Terrarios, centros de kokedamas y plantas ocupan los huecos, junto a productos de temporada como las macetas de cerámica con forma de calabaza y flores dentro que preparan para, este mes, por ejemplo, la festividad de Halloween.
Talleres en tres idiomas
En la tienda imparten talleres de terrarios, jardines eternos, cúpulas, flores preservadas y kokedamas, una técnica japonesa que consiste en cultivar la planta en una bola de musgo.
Luis es hijo de madre francesa y padre español, y Tatiana nació en Bruselas de padre español. Por lo que hablan estupendamente francés y también en inglés. En su barrio cada vez conviven más nacionalidades, y asegura entre risas que están "completamente preparados para ese tipo de talleres al ser una floristería multicultural".
De mayor o menor edad, en estos cursos ve el reflejo de una generación que busca planes lejos de las pantallas y de las fiestas y el alcohol, como ocurre con la cerámica o el crochet. "Cada vez hay más gente que quiere conocer a otras personas en otros ámbitos que no son una discoteca bebiendo. Si a eso se le suma que siempre es más agradable regalar algo hecho por ti que comprarlo, ahí se ve el éxito de este tipo de cursos".
Al ser preguntado sobre si enfocan su trabajo con las flores desde el prisma que le dan sus anteriores profesiones, Luis asiente y lanza un mensaje a quienes estudian mil cosas sin encontrar su sitio, a los que anima a saber que todo suma y que acabarán poniendo esas herramientas al servicio de su propio proyecto.
"La merma de las flores es la misma que puede ser la de la cocina y gestionar un negocio es básicamente igual. Da igual si es un restaurante o una floristería", asevera.
El toque frente a las grandes superficies
Frente a supermercados que venden plantas más baratas, la pareja apuesta por el detalle. Luis reconoce que "tú no puedes competir con ellos", y añade que sí se puede hacerlo "dándole tu toque", con una maceta especial, un buen envoltorio y calidad y algo que el cliente últimamente no espera: el trato humano y cercano.
Recurre a una comparación cotidiana para explicarlo, la de comprar la carne en el supermercado o en la carnicería de siempre. Su receta para el pequeño comercio pasa por encontrar un alquiler asequible, que es lo que más cuesta, y ofrecer lo que no dan las grandes superficies.
Considera que en un negocio como el suyo es imprescindible tener web y vender online. Advierte que "ya no vale eso de abro y me quedo detrás del mostrador". Los talleres forman parte de esa estrategia, porque generan cercanía y permiten que los participantes conozcan a la gente que se sienta a su lado. "Todo eso no te lo da Amazon", añade.
El proyecto no se detiene en Vialia. La pareja prepara la instalación de 2 máquinas más en puntos importantes de Málaga, cuya ubicación no desvelan hasta cerrar los acuerdos. Además, están comenzando a asesorar a modo de franquiciado a otras floristerías del resto de España interesadas en tener su propia máquina. "Hemos encontrado otro tipo de modelo de negocio gracias a este paso", sostiene.
Un ramo de novia sin conocer a los novios
La máquina funciona también como taquilla para recoger encargos, como cualquier locker de Amazon. Así la usó una pareja francesa que vino a pasar unos días a Málaga para desconectar antes de casarse y que no tenía ramo de novia.
Pidieron un ramo que tuviera sí o sí unos girasoles y dejaron el resto en manos de Tatiana y Luis, que dejaron el ramo en la máquina. Nunca los llegaron a conocer y el proceso fue un tanto misterioso, pero poco después recibieron fotos del ramo de novia desde Francia, algo que les dio una felicidad tremenda.
Son cada vez más parejas las que prefieren no gastar demasiado dinero en ramos de novia y es uno de los usos que ha encontrado la máquina, ramos de novia "de última hora" y a buen precio, aunque echando un vistazo a sus reseñas, lo que prima son las sorpresas de última hora en la estación. Porque aunque nos hagan creer que no, en un mundo cada vez más rudo, aún quedan románticos.