Francis y Mariví y la leche con fresa.

Francis y Mariví y la leche con fresa. AR

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Francis y Mariví dicen adiós a El Diamante, el templo de la leche con fresa, por jubilación: volverá a abrir con otros dueños

No es un adiós buscado, sino impuesto por la salud. La incapacidad reconocida a Francis les ha obligado a hacer una pausa definitiva y a despedirse de un oficio que ha marcado su vida durante 32 años.

Más información: El templo de la leche con fresa en el Centro de Málaga cumple 75 años: tradición y cercanía, claves en El Diamante

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Las claves

Francis Cerezo y Mariví Castillo se jubilan tras 32 años al frente de El Diamante, la emblemática cafetería de Málaga conocida por su leche con fresa y pitufo de salchichón.

El Diamante, fundado en 1949 y situado en el centro histórico de Málaga, ha sido un referente de desayunos y trato familiar para varias generaciones de clientes.

El local no cerrará definitivamente: será traspasado y reabrirá próximamente bajo la gestión de nuevos propietarios, manteniendo la tradición del establecimiento.

La historia de El Diamante es también la de una familia dedicada al negocio y de una pareja que ha resistido crisis, obras y pandemia, siempre priorizando la esencia y el trato cercano.

Francis Cerezo y Mariví Castillo han servido estos días sus últimos cafés en El Diamante, la mítica cafetería con más de medio siglo de historia que ha sido el templo de la leche con fresa y el pitufo de salchichón de Málaga con mantequilla zas.

No es un adiós buscado, sino impuesto por la salud. La incapacidad reconocida a Francis le ha obligado a hacer una pausa definitiva y a despedirse de un oficio que ha marcado su vida durante 32 años.

Se marchan con la emoción de despedirse de varias generaciones de clientes, con los que aseguran haber vivido “recuerdos inolvidables” entre risas, charlas de barra y desayunos de los de siempre. Más que clientes, eran familia. Muchos de ellos se cobraban ellos mismos con el datáfono y recogían su mesa como si estuvieran en su casa.

La pareja ha comunicado su jubilación a todos ellos este lunes. Algunos de ellos reconocen que el local no se entiende sin su presencia al otro lado de la marmolada barra de Pozos Dulces. Desde que Francis se hiciera cargo del negocio en los años noventa junto a Mariví, El Diamante ha mantenido intacta su esencia en pleno centro histórico de Málaga, resistiendo modas y transformaciones urbanas. Pitufos clásicos, leche con fresa y trato cercano han sido su seña de identidad.

Pero ojo, que esto no implica el cierre total del local. Según explican, a lo largo de este mes es probable que el establecimiento reabra con nuevos propietarios; van a traspasarlo. Francis y Mariví confían en que Málaga respalde a quienes tomen el relevo con el mismo cariño que ellos han recibido durante más de tres décadas, conscientes de que El Diamante seguirá escribiendo su historia, aunque ya las páginas no lleven sus firmas.

El vínculo de Francis y Mariví con El Diamante es también la historia de una vida construida a base de constancia. Francis llegó al bar con apenas 22 años, recién terminada la mili y sin encontrar trabajo como electricista, la profesión para la que se había formado.

Lo que empezó como una salida provisional acabó siendo su destino durante más de tres décadas. Poco a poco fue asumiendo el timón del negocio, primero como empleado y después como responsable, siempre con el apoyo de sus padres y de Mariví, que entonces era su novia y hasta hoy su compañera inseparable en el bar.

Para conocer las raíces originales de este negocio hay que remontarse a la posguerra. José Gálvez Toro y su mujer, Aurora Toro Alcaide, lo fundaron en 1949. En aquel entonces era conocido como bar El Brillante y se inauguró en la zona de calle Compañía.

El precio del alquiler, como contó a La Opinión de Málaga el hijo de la pareja, los llevó hasta la calle Pozos Dulces. Así, decidieron hacer un renaming y convirtieron el local en El Diamante. Sobre ello, el diario apunta que José Gálvez siempre quería que todo lo que hacía brillara, “que fuera algo conocido”. Principalmente, daban desayunos, pero también tapas que la propia Aurora cocinaba. En 1991 don José falleció y la historia de El Diamante comenzó a escribirse con otra letra.

En aquel entonces, el local tenía varios trabajadores. Uno de ellos, "el de la máquina de café", se jubiló justo antes de que entrara a trabajar Francisco Cerezo. Su padre solía ir allí a desayunar y le ofrecieron este puesto para él. En 1997, uno de los dueños, que fue empleado de aquí, también se jubiló y ya me quedé yo con el bar junto al otro camarero, Pedro, que ya también se jubiló”, contaba hace unos años a este periódico Francis, que puso de nuevo a rodar el local hasta llegar al día de hoy.

Junto a su mujer, ambos sacaron adelante un local exigente, de jornadas interminables y pocos descansos, adaptándose a cada etapa sin traicionar nunca la esencia del bar.

Redujeron horarios con la llegada de su hijo, resistieron obras, crisis y pandemia, y priorizaron su salud cuando el cuerpo empezó a pedirlo. Y lo han escuchado hasta el punto de cerrar. Hoy, al finalizar esta etapa, lo hacen con la tranquilidad de haber cuidado El Diamante como cuidan de su propia casa.