Anaís y Lucía, las dos primeras bomberas de Fuengirola.
Anaís y Lucía, las dos primeras bomberas de Fuengirola: “Que una niña te diga que quiere ser como tú... llena el corazón”
Para ambas, el logro es mucho más que un símbolo. Es la culminación de un proceso largo y exigente que ahora también abre camino a otras mujeres que puedan verse reflejadas en ellas.
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Este domingo, las calles se tiñen de color morado por el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, pero para Anaís Ruiz y Lucía Pineda, el 8-M de este año es rojo, del tono del camión de bomberos, y amarillo fosforito, como los trajes que llevaban años soñando vestir.
El Parque de Bomberos de Fuengirola tiene un motivo especial para celebrar. Por primera vez en su historia, dos mujeres forman parte de la plantilla. Anaís y Lucía son las dos primeras bomberas de Fuengirola y, desde finales de enero, comparten uniforme con sus compañeros tras mucho tiempo de preparación y oposiciones.
Las dos firmaron su incorporación oficial al parque el pasado 26 de enero. Apenas un día después, Lucía ya estaba en su primera guardia. "Imagínate las emociones de esa semana", recuerda. Desde entonces ha pasado algo más de un mes, y ambas no caben en ellas por la inmensa felicidad que sienten de poder estar trabajando para la ciudadanía fuengiroleña.
"Para nosotras es un orgullo", explica Anaís. "Ha sido un recorrido duro, de mucho estudio y sacrificio. Conseguir la plaza ya es un objetivo personal enorme, independientemente de que seamos las primeras mujeres", añaden. Aun así, Anaís reconoce que el hecho de entrar en una profesión históricamente masculina añade un reto extra. "Durante muchos años ha sido un mundo de hombres. No tener referentes y tener que buscar tú el camino también pesa".
Lucía, de 24 años, dice algo muy bonito sobre su compañera. Cuando empezó a prepararse ella sí tenía cerca a alguien en quien mirarse: la propia Anaís. "Ella ha sido una de mis referentes, hemos luchado juntas en esto", cuenta. "El primer día que fui a entrenar con un grupo de bomberos la vi allí y pensé: tengo que estar donde está ella".
Dos caminos hacia el mismo parque
Las historias de ambas hasta llegar al parque de Fuengirola son diferentes, aunque comparten un punto en común: el amor por el deporte.
Anaís, de 29 años, es bióloga y ha practicado deporte de alto rendimiento durante gran parte de su vida. Su idea inicial era opositar a unidades especiales de la Guardia Civil, pero el contacto con varios amigos bomberos a través del buceo cambió su rumbo.
"En cuanto pisé un parque por primera vez descubrí que ese era mi sitio. Se juntaron tres cosas: lo que se me da bien, lo que me gusta y aquello por lo que te pueden pagar. Cuando se unen esos tres puntos, sabes que ahí está tu vocación".
Lucía, en cambio, descubrió el oficio con apenas 17 años durante una comida familiar. Un pariente lejano estaba preparándose para bombero y aquello despertó su curiosidad. Investigó qué hacía realmente un bombero y se enganchó.
Aun así decidió estudiar antes Ciencias de la Actividad Física y del Deporte en Granada. "Mi madre esperaba que cuando terminara la carrera se me hubiera quitado la idea", cuenta entre risas. "Pero no lo consiguió nadie", añade. Acabó la carrera y se sacó inmediatamente el carnet de camión. Cuando acabó la universidad se centró por completo en la oposición y, dos años después, logró la plaza.
Anaís tardó más tiempo: casi seis años de preparación. En ese periodo llegó a presentarse a procesos selectivos en los que apenas había presencia femenina. "Si ahora somos pocas, cuando yo empecé era todavía más extremo. He ido a oposiciones donde era la única mujer entre más de dos mil aspirantes".
Las pruebas físicas y el eterno debate
Las pruebas físicas suelen ser uno de los puntos más polémicos cuando se habla de mujeres en el cuerpo de bomberos. Anaís y Lucía lo saben bien.
Ambas llegan con una fuerte base deportiva, algo que consideran clave. "Llevamos toda la vida entrenando", explica Anaís. "Eso te da una base que otras personas no tienen. Y además te tiene que gustar el sufrimiento del deporte, porque mejorar exige constancia".
Lucía recuerda especialmente una de las pruebas más temidas de la oposición de Fuengirola: la cuerda. "Nunca la había pasado una mujer", dice. Superarla fue un momento clave. "Para mí fue un chute de motivación enorme. Pensé: esto es lo que me he trabajado y lo que me merezco".
Las dos son conscientes de que el debate sobre los baremos físicos entre hombres y mujeres seguirá existiendo. Ellas lo ven de otra manera. "Las pruebas son exactamente las mismas", explica Anaís. "Lo que cambia es el baremo. Pero eso no refleja lo que luego hacemos en el trabajo. Es una criba inicial, igual que un examen teórico".
Además, añade otro matiz: "A veces es simplemente desconocimiento. Igual que en unas Olimpiadas el oro femenino y el masculino no tienen la misma marca, eso no significa que una atleta sea menos profesional".
La acogida en el parque
Si algo destacan ambas es el ambiente que se han encontrado dentro del Parque de Bomberos de Fuengirola, donde muchos de sus compañeros ya las conocían de años de oposiciones y entrenamientos. "El parque ha vivido en los últimos años un fuerte relevo generacional y la plantilla se ha rejuvenecido mucho. Eso se nota también en la mentalidad", dicen.
Cada una está en un turno distinto, aunque a veces coinciden por cambios de guardia. "Yo me siento una más", asegura Lucía. "No noto que nadie se corte ni que haya diferencias; siguen teniendo las mismas conversaciones que antes, aunque estemos delante, y a mí me parece estupendo".
El primer incendio
En su primer mes de trabajo ya han tenido experiencias muy distintas. Anaís vivió su primer incendio de madrugada. Cuando llegaron al lugar pensaban que podía haber una familia atrapada en la vivienda. Finalmente no había personas dentro, pero sí varias mascotas.
"Ese día iba de bombero uno, en punta de lanza", recuerda. "Mis compañeros no dudaron de mí en ningún momento. Mi cabo estaba apoyándome y confiando al cien por cien".
Lucía, en cambio, ha tenido intervenciones más vinculadas al temporal del tren de borrascas que la provincia de Málaga vivió hace unas semanas: saneamiento de fachadas, retirada de antenas o paneles publicitarios a punto de caer. "Mi primera guardia me la pasé prácticamente entera en la autoescala".
Ambas también participaron en el dispositivo de apoyo en Ronda junto al Consorcio Provincial y la UME durante el temporal. "Nos sentimos super acogidas desde el minuto uno, aunque estuvimos en diferentes turnos", dice Lucía. "Conocí a una pedazo de bombera que tiene el Consorcio Provincial, que se llama María. Me contó que el cambio de mentalidad ha sido muy grande desde la época en la que entró ella", añade Anaís.
Abrir camino
Ser las primeras bomberas del parque también tiene un peso simbólico que ellas mismas reconocen. "Sabemos que estamos abriendo camino", admite Anaís. "Eso implica responsabilidad: hacerlo bien y demostrar que se puede".
Para Lucía, una de las claves es precisamente la visibilidad. "Muchas mujeres quizá nunca se plantearon esta profesión porque no veían a otras haciéndolo". Anaís ya ha empezado a notar ese efecto. También es árbitra de rugby y ha trabajado como entrenadora de niñas. Desde que consiguió la plaza ha recibido mensajes de jóvenes interesadas en seguir el mismo camino que ella.
"Cuando una niña se te acerca y te dice que quiere ser bombera como tú… con eso ya se te llena el corazón", confiesa. Después de seis años de preparación, asegura que ese momento compensa todo el esfuerzo. "Solo por plantar esa semilla en una persona, todo ha merecido la pena", concluye.