La famosa ola.
Alberto Truncer, el malagueño premiado tras sobrevivir a una ola gigante en Nazaré: "Fue una lavadora centrifugando"
El surfista, criado en Rincón de la Victoria, recibió hace unas semanas en California el premio a la caída más espectacular del año por el revolcón que sufrió el pasado 3 de marzo a pocos metros de un acantilado.
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El surfista malagueño Alberto Truncer no supo que había ganado hasta el último momento. El Big Wave Challenge, que el surfista compara con unos Grammy del surf de olas grandes, elige 3 nominados por categoría y no revela el ganador hasta la gala. La 26ª edición se celebró el 19 de septiembre en el Lido Theater de Newport Beach, en California. Allí se anunció que el premio a la caída del año era para el malagueño.
Sí, a la caída del año. La organización le premió por sobrevivir a una ola gigante en Nazaré, uno de los rincones del mundo que más admiran los surfistas por la calidad de su oleaje. Entre sus rivales de categoría estaban Lucas "Chumbo" Chianca, nominado por otra caída en Nazaré, y Eric Nicholson, por un wipeout en Mavericks. Truncer habla del brasileño con admiración y asegura que "ese tío es dios". Añade que, si se trasladara al fútbol, "es como el Messi del surf".
El certamen tiene alrededor de 10 categorías entre masculinas y femeninas. Truncer explica que la selección se hace con vídeos. Las olas que optan a premio se surfean en lugares tan alejados como Hawái o Portugal, y no hay forma de reunirlas en una competición presencial. La suya premia la caída más brutal de la temporada.
El 3 de marzo de 2026
Truncer había viajado varias veces a Nazaré antes de aquella sesión, el 3 de marazo de 2026, que fue la última y la del mar más grande. Entró remolcado por Dino Carmo en una ola que la prensa especializada situó en torno a los 18 metros. Bajó la pared y el labio se le vino encima en el punto más crítico.
Recuerda los nervios, la adrenalina y el respeto de aquel día. Era consciente del peligro, podía morir allí; pero asegura que la tensión pesa más en los días previos o al entrar al agua en la moto, y que en el momento la adrenalina hace que no se piense tanto.
Bajo el agua, la clave según él es "mantener la mente fría y pensar en positivo". También cuenta la postura. El cuerpo no puede ir muy tenso ni muy relajado, porque el agua que mueve una ola así puede dislocar un brazo o partir una pierna. Él salió sin lesiones y reconoce que tuvo "mucha suerte".
Otros no la tienen. Truncer cuenta que mucha gente sale de Nazaré con fracturas de espalda o de cuello, y que ha habido rescates de surfistas inconscientes. De los fallecidos dice que son pocos casos "para la locura que es".
El acantilado
Salió a la superficie muy cerca de la zona más peligrosa de Praia do Norte, la que queda frente al acantilado. En días así, los pilotos de las motos de agua no ven al surfista desde el mar, porque las olas se suceden una tras otra y tapan la visión. Por eso trabajan conectados por radio, en la misma frecuencia, con compañeros apostados en lo alto del acantilado.
Rodeado de espuma y desorientado, Truncer asegura que "lo que más me dio miedo después de la ola fue ver el acantilado". Compara lo que vivió con meterse dentro de una lavadora. Reconoce que "al final son 40 segundos, pero son 40 segundos que es como si estuvieras en un centrifugado gigante".
Alberto y su hermano.
Su hermano lo grababa desde otra moto. Es videógrafo desde pequeño, lleva 2 años documentando el camino de Alberto hasta Nazaré y quiere estrenar un trabajo documental, si puede, en Navidad. Las imágenes que se hicieron virales sobre su caída son de otro autor, pero el hermano aún no ha publicado nada. Alberto confiesa que tampoco le deja verlo.
Cuando el surfista fue rescatado y pudo descansar, su hermano estaba llorando. Para él la espera se hizo mucho más larga. No lo encontraban y los pilotos estaban muy tensos. Alberto, con el shock y la adrenalina, lo vivió de otra manera.
Volver al agua
Tenía dos opciones. La primera era descansar en la orilla, que en Nazaré también tiene mucha profundidad y olas grandes. La moto no puede llegar hasta la arena, así que el surfista tiene que tirarse antes y buscar después la tabla, que no va atada al cuerpo. Así que Truncer prefirió que lo llevaran a la zona de espera, donde llegan las olas.
Allí descansó un rato con su hermano, que le recordó que no tenía nada que demostrar y que no tenía por qué coger más olas. Pero hablando con el piloto, un local de Nazaré, llegaron a la conclusión de que, si no lo intentaba otra vez, quizás no volvería nunca después de lo traumático de lo que había vivido.
Un vídeo que pusieron en la entrega de premios.
Así que no lo dudó y, con valentía, cogió 4 o 5 olas más. En toda la sesión fueron unas ocho o nueve, en un día de mar enorme con unas 30 motos de agua en el pico.
El galardón le da algo de visibilidad. Truncer asegura que "obviamente me alegro de haberlo ganado, pero no es algo que me quite el sueño". Lo que más le llena es haber superado aquello, la preparación que tuvo y el esfuerzo que hay detrás.
Cuestionado sobre si ayuda o no en materia de patrocinios, confiesa que "eso es otra historia". "La industria es complicada y apuesta por perfiles con muchos más seguidores que los que vivimos el surf con pasión. Creo que además ser de Málaga juega en mi contra. Pocas marcas apuestan por un chico del Mediterráneo, un entorno con pocas olas y que da poco contenido para subir", sostiene.
Del fútbol a las olas del Rincón
Truncer era natural de Fuengirola, pero tras la separación de sus padres se mudó con 11 o 12 años a Rincón de la Victoria, donde sus abuelos tenían una casa frente a la playa. Cuenta que en Málaga "hay mucha afición para las pocas olas que hay" y que, viendo a la gente en el agua, "me entró curiosidad y empecé a surfear".
Por entonces jugaba al fútbol, hasta que su madre le pidió que eligiera. Lo tuvo claro y explica que veía que el surf era un deporte "mucho más sano". Con 14 años ganó su primer campeonato provincial y el Trofeo Grumete al mejor surfista malagueño de su categoría.
Reconoce que en la provincia "la constancia es nula, porque aquí tienes olas a lo mejor 2 o 3 veces al mes, no más". Para él, el mejor sitio sigue siendo su pueblo de adopción. Sobre cuál es el mejor rincón para coger olas en Málaga, asegura que "Rincón de la Victoria, en general, es un sitio bueno, porque abarca tanto los temporales de poniente como de levante".
Ahora mismo no vive del surf. Durante casi una década ha estado inmerso en "una escuelilla de surf aquí en el Rincón", pero ahora trabaja de marinero en una empresa de barcos del Puerto de Málaga. "El mar no sale de mí, no", dice entre risas.
Alberto y su hermano.
No ha vuelto a Nazaré desde marzo de 2026, cuando cogió su premiada ola. La temporada empieza ahora y admite que "a veces me gustaría volver, la verdad". Cuenta que "por el trabajo y demás no he tenido mucho tiempo", lo que le hace no estar tan en forma como le gustaría, pues no puede acudir mucho a la piscina.
En cuanto a sus sueños por cumplir, tiene una ola pendiente. Confiesa que le encantaría "surfear por Hawái", donde todavía no ha estado, y apunta a Waimea, que tiene "unas olas grandes también".
A un chaval como el que él fue con 11 años le diría que "es un deporte que llena, que te hace viajar, conocer culturas". Si quiere ir a por las olas grandes, le pide "que entrene mucho, que le ponga mucha dedicación, mucha pasión". "Aunque vivas en un sitio donde no estás muy agraciado para surfear, si le pones esfuerzo y dedicación, yo creo que todo se puede conseguir", concluye.