El malagueño Hugo Álvarez.

El malagueño Hugo Álvarez. Valencia CF

Deporte

Hugo Álvarez, de Puerta Blanca a la selección española sub 15: "Quiero cumplir mi sueño"

El portero malagueño ha fichado este verano por el Valencia CF dejando La Academia del Málaga CF y esta semana está concentrado con el combinado nacional.

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Las claves

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Hugo Álvarez, portero de 15 años nacido en Málaga, ha fichado por el Valencia CF tras pasar por el Málaga CF y ha sido convocado por la selección española sub 15.

Sus inicios en el fútbol fueron como jugador de campo en Puerta Blanca, pero un día asumió el puesto de portero y, con el apoyo de su familia, desarrolló su talento bajo los palos.

La familia de Hugo ha sido clave en su evolución, especialmente su padre, entrenador de porteros, que ha acompañado su formación y fomentado el disfrute por el deporte.

Su llegada al Valencia CF supone una experiencia integral, combinando fútbol y estudios, mientras afronta su primera convocatoria con la selección nacional sub 15.

Hugo Álvarez tiene 15 años, es portero, nació en Málaga y este verano su carrera ha dado un giro. El joven guardameta ha dejado el Málaga CF para incorporarse al Valencia CF, donde ha firmado por tres temporadas, y apenas unas semanas después de llegar a la ciudad del Turia ha recibido la llamada de la Selección Española Sub-15.

Desde este lunes está concentrado en Alicante con el combinado nacional a las órdenes de Hernán Pérez

Detrás de ese salto hay mucho más que paradas y entrenamientos. Hay una familia que ha recorrido cientos de kilómetros, un padre que ha ejercido de entrenador de porteros y unos comienzos en Puerta Blanca en los que nadie podía imaginar hasta dónde llegaría aquel niño al que un día lo mandaron ponerse bajo los palos.

Hugo y sus padres narran su trayectoria a EL ESPAÑOL de Málaga antes de que el joven guardameta de Puerta Blanca se calce los guantes con la Selección Española.

Porque Hugo no empezó siendo portero. Ni siquiera destacaba especialmente como futbolista. Su padre recuerda aquellos primeros años con naturalidad. Lo tenían apuntado al fútbol "como un extraescolar", una actividad para que estuviera con sus amigos, corriera y disfrutara. Jugaba como jugador de campo y, según reconoce su padre, "la verdad que no se le daba muy bien, pero me daba igual".

Hugo, segundo portero por la izquierda, durante la concentración de la selección española.

Hugo, segundo portero por la izquierda, durante la concentración de la selección española. RFEF

Hasta que un día faltó un portero.

Un padre del equipo vio que Hugo tenía determinadas condiciones y propuso que se pusiera bajo los palos. Su altura ayudaba. Su madre, Adriana, recuerda perfectamente aquella conversación. Hugo llegó a casa decidido: quería ser portero. Y su padre, que también había defendido una portería durante su juventud, fue inicialmente tajante: "No, no, mi hijo de portero no".

La razón era sencilla. Él mismo había sido guardameta y no guarda precisamente un recuerdo de estrella de aquella etapa. "Yo era muy malo de portero", bromea. Además, tenía una idea diferente de lo que significaba ser guardameta: "Siempre tenía pensado que el portero era para el jugador malo o para el típico jugador gordito y tal". En ese mensaje redunda Hugo en una charla con el EL ESPAÑOL antes de concentrarse con el combinado nacional, con el que entrena desde este lunes.

Pero Hugo insistió. Y su padre se implicó de lleno en su formación. "Vas avanzando, vas mejorando, le vas viendo cualidades, te vas interesando. Ya me integré en intentar ayudarlo para mejorar", explica.

Aquella decisión terminaría convirtiendo al padre en una figura fundamental en la evolución deportiva de Hugo. Es entrenador de porteros y durante años ha compartido con su hijo muchas horas de entrenamiento. Dos horas, dos horas y media. Madrugones. Sesiones en la playa los domingos. Trabajo específico. Y también una premisa: que el niño no dejara de disfrutar.

"Me decía: no papá, un poquito más", recuerda.

El progenitor intentó que evitar el fútbol se convirtiera en una obligación. Su padre reconoce que siempre se fijaba especialmente en los errores porque quería que Hugo mejorara. "El talento sin esfuerzo no vale para nada", sostiene. Por eso buscaba sus fallos y trabajaba sobre ellos, pero tratando de que el entrenamiento terminara con buenas sensaciones. "Siempre procuraba que dentro de esa competición y dentro de esa paliza de entrenamiento que se pegaba, que se divirtiera", explica.

La familia también conserva pequeñas historias que ayudan a entender la personalidad de Hugo. Una de ellas ocurrió durante su etapa en el fútbol base. En el Puerto Malagueño concretamente. Un día, después de apenas un cuarto de hora de partido, Hugo pidió el cambio. Su padre pensó que podía haberse lesionado o que le había ocurrido algo. No era eso.

"Es para que juegue mi compañero, que si no, no puede jugar", le dijo.

En aquella edad, los dos porteros se repartían habitualmente los minutos. Pero Hugo había decidido que su compañero debía jugar. Para su padre fue una anécdota especialmente significativa: "No tiene maldad ninguna, es un niño lleno de humildad".

El joven portero malagueño en un entrenamiento.

El joven portero malagueño en un entrenamiento. Cedida

De Puerta Blanca a Valencia con varias paradas

La evolución fue progresiva. Hugo comenzó en el Puerta Blanca, pasó después por el Puerto Malagueño y terminó llegando al Málaga CF en el primer año de Infantil, para jugar ya a Fútbol 11.

Pero el Valencia no fue el primero en llamar a la puerta. Antes incluso de incorporarse al conjunto blanquiazul ya había despertado el interés de otros clubes. El Villarreal lo había seguido y lo había llamado para participar en torneos.

Su madre explica que la familia sabía que había clubes pendientes de su evolución. Hugo también había empezado a acumular experiencias con diferentes selecciones. Pasó por la Selección Malagueña de fútbol playa, recibió la llamada de la Andaluza y llegó a proclamarse campeón de España de fútbol playa con el combinado andaluz.

La llamada del Málaga también llegó pronto, aunque la pandemia hizo que la familia decidiera mantener los pies en el suelo. "Nunca pensamos que mi hijo podía llegar a donde está hoy. Y mucho menos en la selección española", admite su padre.

En el Málaga fueron dos años de crecimiento hasta que este verano apareció la posibilidad de marcharse a Valencia. Una decisión cocinada a fuego lento.

El Valencia se puso en contacto primero con los padres, a los que invitó a conocer sus instalaciones. Adriana quiso comprobar personalmente qué ofrecía el club antes de trasladar la propuesta a su hijo. Vio la residencia. Conoció el instituto. Comprobó cómo estaba organizado el día a día de los jugadores. Y encontró una diferencia importante respecto a lo que Hugo tenía en Málaga.

"Si yo no veo que lo que hay allí vaya a mejorar lo que tenemos aquí, pues la verdad que él no se hubiera enterado", explica.

Valencia convenció a la familia. Y después le tocó decidir a Hugo.

En medio estaba el Málaga, inmerso en fortalecer el proyecto de cantera que lo ha llevado a Primera División. El club de Martiricos intentó retenerlo y llegó a presentar una oferta. Pero el joven guardameta tenía claro que quería probar una experiencia diferente. "Él decía que allí iba a estar mejor, iba a ser mejor", recuerda su madre.

Respecto a la decisión el más tajante es Hugo. "Yo tenía claro que quería cumplir mi sueño", explica. Y ese sueño, al menos por ahora, pasa por Valencia.

Uno de los aspectos que más convenció a la familia fue la formación integral. En Valencia, explica Adriana, los estudios ocupan un lugar prioritario. La alimentación, los horarios, la disciplina y la educación forman parte del proyecto. "Ellos dicen que el futbolista puede llegar a ser o no, pero los estudios los tiene que tener".

Así comenzó una nueva vida.

Desde finales de julio, Hugo vive en la residencia del Valencia, comparte el día a día con decenas de jóvenes futbolistas y entrena seis días a la semana. Cuando ha arrancado el curso, tendrá que compaginar los entrenamientos con el instituto. Su familia, mientras tanto, ha asumido una nueva rutina: kilómetros y más kilómetros para mantener el vínculo con él.

"Estamos haciendo muchos kilómetros", reconoce Adriana.

Durante el verano han intentado subir los fines de semana y, cuando las vacaciones se lo han permitido, llevarlo de vuelta a Málaga para que pudiera reencontrarse con sus amigos. Ahora empieza la competición y también el instituto. Hugo ya no podrá bajar con la misma frecuencia.

Una madre detrás de una portería

Adriana reconoce que vivir los partidos de un portero no es sencillo. "Muy mal. La verdad es que lo llevamos mal", cuenta cuando recuerda los primeros años.

Al principio, cada parada era casi un reflejo compartido. Si Hugo se lanzaba hacia un lado, ella parecía acompañarlo desde la grada. Con el tiempo aprendió a controlarse.

Durante la etapa en el Puerto Malagueño disfrutó especialmente del fútbol base. Era un grupo unido, tanto dentro como fuera del campo. Los padres animaban, llevaban camisetas, cantaban y acompañaban al equipo en los torneos. "Aquello fue maravilloso", recuerda.

Con el Málaga llegó también una mayor competencia. Y cambió la dinámica. Adriana era quien se encargaba habitualmente de llevar y recoger a Hugo. Hacía todo lo posible para no perderse los partidos. Se cambiaba turnos, organizaba los horarios y encontraba la manera de viajar. "Que iba a Huelva, yo iba a Huelva; que iba a Sevilla, yo iba a Sevilla".

Ahora, sin embargo, esa rutina será mucho más difícil. "Ahora lo echo de menos porque no voy a poder ver los partidos como los veía", reconoce.

El portero moderno

Su padre tiene claro qué ha llevado a Hugo hasta este punto. La altura es una de sus principales cualidades en una posición en la que cada vez se presta más atención a ese aspecto. Pero no es la única.

Durante su etapa en el Puerto Malagueño desarrolló especialmente el juego con los pies. Tiene buena visión, capacidad para interpretar lo que sucede delante de él y, sobre todo, toma de decisiones. "Sabe cuándo dar un pase, cuándo no darlo", explica su padre.

También destaca su capacidad para leer al rival, identificar posiciones y evitar riesgos innecesarios. Y hay otra virtud que le permite participar directamente en el juego ofensivo: su golpeo.

"Tiene una gran pegada. Es capaz de ponerte el balón en el pie en el otro área y crear ocasiones de gol", cuenta. De hecho, durante su etapa en el Málaga llegó a dar varias asistencias.

Pero para su padre existe una cualidad que está por encima de todas: el margen de mejora.

"Esa es la virtud que tiene él. Tú lo ves y dices: es que puede mejorar, es que puede mejorar, es que va a llegar a más", explica.

Considera que ahí está una de las grandes diferencias de su hijo. Si ya tiene buen juego de pies, puede mejorar su agilidad. Si puede saltar bien, puede seguir trabajando esa faceta. Si tiene una determinada capacidad técnica, todavía puede desarrollarla. "El conjunto es lo que lo hace diferente".

Hugo en un partido.

Hugo en un partido. Cedida

Los bocadillos de la casa del Mesón Paco

La historia de Hugo tiene además un componente muy malagueño. Su padre es una figura conocida en la barriada de Puerta Blanca. Es el que hace los famosos bocadillos de tortilla de patata y carne mechada en el Mesón Paco.

Pero en casa saben que todavía queda mucho camino. Su padre, que conoce desde dentro las exigencias de la formación de porteros, insiste en una idea: el trabajo.

Es consciente de la dificultad que existe para alcanzar el fútbol profesional. Por eso la familia evita convertir cada paso en una obligación. "Nosotros siempre hemos pensado que esto es para disfrutar y disfrutamos del camino hasta donde llegue", explica.

Eso sí, su padre no se esconde. "Últimamente, ya cuando ha estado en el Málaga, lo he mirado a ojos y le he dicho, mira, sé que soy tu padre, sé que puede sonar a lo típico, pero si sigues esforzándote y sigues entrenando, yo personalmente creo que vas a ser el mejor portero del mundo. Yo creo, hoy por hoy, que puedes llegar a ser el mejor portero del mundo".

"Es una cosa que solamente se la digo a él, porque intentas motivarlo, pero es que veo tanto potencial y veo que está tan actualizado al juego moderno que creo que puede llegar a ser uno de los mejores porteros. Pero claro, queda mucho para eso".

La llamada de España

La llamada de la Selección Española llegó mucho antes de lo que la familia esperaba. El Valencia ya les había hablado de la posibilidad cuando contactó con ellos, pero nadie imaginaba que apenas unas semanas después de aterrizar en Valencia la convocatoria se convertiría en realidad.

La noticia la descubrió el propio Hugo. Un compañero vio su nombre en la lista y otros dos futbolistas se lo comunicaron rápidamente.

"Hugo, Hugo, que estás en la lista". El joven guardameta llamó inmediatamente a sus padres. Adriana todavía lo recuerda con emoción. "Nos llamó corriendo y llorando al pobre". Después comprobaron ellos mismos que su nombre estaba allí.

La familia todavía está asimilándolo. "Yo creo que aunque lo vea vestido de España no me lo voy a creer", admite Adriana.

La convocatoria supone su primera experiencia con la Selección Española. Su salto al combinado nacional llega justo después de cambiar el Málaga por el Valencia.

Todo ha sucedido demasiado deprisa.

Hace no tanto, Hugo era aquel niño de Puerta Blanca que jugaba al fútbol como una actividad extraescolar. El niño que empezó siendo jugador de campo, que no destacaba especialmente y que un día terminó ocupando una portería porque hacía falta un portero.

Ahora afronta su primera experiencia lejos de casa. Porque su sueño sigue siendo sencillo de explicar: "Llegar a ser jugador profesional". Su ídolo es Iker Casillas, aunque lo ha visto poco durante su trayectoria.

Hay algo que no ha cambiado desde aquellos primeros días en Puerta Blanca. Hugo sigue disfrutando con el fútbol. Esta semana lo hará vestido con la camiseta de la Selección Española.