La pequeña Alba, un prodigio matemático.

La pequeña Alba, un prodigio matemático. EEM

Educación

Alba no ha fallado ni un día a su sesión de 'mates' en la web malagueña Smartick en 7 años: "Quiero ser ingeniera"

Acumula casi 3.000 días en este método de aprendizaje malagueño que, en solo 15 minutos al día, refuerza a niños y se adapta al ritmo de cada uno.

La pequeña practicó las matemáticas hasta en el día de su comunión, mientras la peinaban.

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Las claves

Las claves

Alba, una niña de 10 años, lleva 7 años sin faltar ni un día a su sesión diaria en la plataforma online de aprendizaje Smartick.

Comenzó a usar Smartick con apenas 3 años, motivada por la rutina de su hermana mayor y el apoyo de su familia.

Alba ha realizado sesiones incluso en días especiales como su comunión o durante viajes, mostrando una gran disciplina y motivación personal.

Gracias a su constancia, domina contenidos avanzados de matemáticas y programación, y sueña con ser ingeniera en el futuro.

Eran casi las 11 de la noche y Alba llevaba un par de horas dormida cuando se despertó sobresaltada preguntando a su familia la hora que era. Al escuchar la respuesta se levantó de un salto, como un resorte, y corrió hacia el ordenador de casa. Se le había olvidado hacer su sesión diaria de Smartick.

Smartick es un método de aprendizaje online basado en inteligencia artificial que, en solo 15 minutos al día, refuerza las matemáticas, la lectura, la programación y el pensamiento crítico de niños de entre 4 y 14 años, adaptándose en tiempo real al ritmo de cada uno.

Con unos cortos 6 años, Alba todavía estaba a tiempo de que el día no se le escapara sin cumplir su rutina con Smartick. Esa escena, que su padre, Juan Luis Romero, malagueño residente en Madrid, recuerda con una sonrisa, resume el carácter de esta niña de ahora 10 años. Empezó a practicar este método de aprendizaje con apenas tres años y un mes.

Desde entonces, cuenta su padre, no ha dejado pasar ni una sola jornada sin hacer su sesión.

Romero cuenta que todo empezó por imitación. La hermana mayor de Alba, Carla, hacía Smartick desde los 6 años, y la pequeña se sentaba detrás de ella a observar cada sesión sin decir nada.

"Ella no decía nada, ella solamente miraba", relata Romero sobre esos primeros meses, cuando Alba tenía apenas 2 años.

Poco antes de cumplir los 3, empezó a pedir hacer Smartick ella también. Tras hablar con el equipo de Smartick, la familia decidió apuntarla a una prueba de 15 días para que comprobara por sí misma que aún no era el momento. "Ellos mismos, desde Smartick, pensaban que la niña se daría cuenta de que no era algo para su edad", declara.

Pero el plan no salió como esperaban. Al llegar el día 16, cuando la suscripción de prueba se cerró, Alba no paraba de llorar. Quería seguir. Su padre contrató entonces el año completo, con 3 años y poco más de un mes cumplidos.

Sin fallar ni un día

Lo que empezó como un capricho se convirtió en una rutina milimétrica y con las mismas condiciones cada día de la semana.

Resulta inevitable pensar que la pequeña se ha tenido que poner enferma en estos siete años. O que como niña que es, le haya podido ganar la pereza de hacer 'deberes' aunque sean online.

Pero aunque parezca increíble, la pequeña Alba hizo su sesión de Smartick el día de su comunión, mientras la peinaban antes de la ceremonia, y en varios viajes fuera de España, nada más llegar al apartamento, incluso de madrugada.

Según su padre, tampoco ha faltado nunca por estar enferma. "Siempre ha buscado el hueco para seguir aprendiendo, todo ello con una exigencia que ella misma se impone", sostiene.

Esa constancia diaria ya suma cerca de 2.700 días consecutivos. Cuando Alba alcanzó los 2.000, Smartick le envió una carta a su nombre junto con varios regalos, entre ellos camisetas de diferentes colores que se va poniendo cada día. Su siguiente objetivo son los 3.000 días, que calcula que alcanzará en menos de un año.

De las estrellas al aula

El sistema de Smartick premia el rendimiento diario con estrellas virtuales que los alumnos pueden canjear en una tienda interna donde personalizar su propio avatar. Alba ha acumulado varios miles y, según cuenta su padre, las usa con muchísimo criterio: 'ahorra' la mayoría y solo compra alguna prenda para vestir a su personaje, como una camiseta de la selección argentina de fútbol que se puso "porque era la más parecida a la del Málaga que había".

Ese manejo del ahorro es, para Romero, una de las lecciones que más valora de estos años en la plataforma que, por cierto, es de creación malagueña. Considera que aprender a decidir cuándo gastar y cuándo no le será útil el día de mañana, cuando gestione su propia economía. "Hay mucho aprendizaje, más allá de lo que ella aprende en cada sesión", sostiene Romero.

Alba mira al ordenador mientras hace Smartick.

Alba mira al ordenador mientras hace Smartick. EEM

En el colegio, donde actualmente Alba cursa quinto de primaria, la pequeña resuelve ejercicios de fracciones y potencias que corresponden a cursos superiores. "De hecho, ve los deberes de la hermana, que está en tercero de la ESO... Y sabe hacer cosas porque lo ha visto en Smartick", añade.

Su padre asegura que Alba ya completó el bloque de lectura de Smartick y que está a punto de terminar el de matemáticas. Además de esas sesiones matemáticas, hace también una de programación cada día.

Al principio, en su programa, Smartick le incluía una sesión de coding cada 8 o 10 días, pero a Alba le sabía a poco, así que su padre contrató ese módulo por separado para que pudiera practicarlo a diario. Según cuenta, avanza tan rápido que muchas veces él mismo tarda en seguirle el ritmo cuando programa. " A lo mejor me pongo a verlo y cuando yo estoy todavía empezando a pensar ella ya está empezando a programar. Y me dedico al mundo informático", confiesa entre risas.

Preguntada por su futuro, Alba tiene claro que quiere ser ingeniera. Para su padre, esa vocación no sale de la nada: reúne casi todo lo que le gusta hacer cada día, las matemáticas, la lógica de la programación, la capacidad de resolver problemas paso a paso.

Romero no oculta el orgullo al hablar de su hija. Asegura que esa disciplina va acompañada de algo que valora todavía más: "Es que además de demostrar que es muy brillante, quizá demasiado, en todo lo que hace... Es buena niña, es que no puede pedir más", concluye sobre Alba.

El avatar de la pequeña.

El avatar de la pequeña. EEM

Una empresa nacida en Málaga

Smartick fue fundada en Málaga en 2011 por Daniel González de Vega y Javier Arroyo, que buscaban una metodología online capaz de mejorar el rendimiento en matemáticas y otras materias sin requerir grandes cantidades de tiempo.

Quince años después, la compañía supera los 50.000 alumnos en 100 países y mantiene su sede fiscal en Málaga.

Desde Smartick agradecen la fidelidad de la pequeña, que consideran que tiene un gran espíritu de superación para lo pequeña que es.