Seis de los seleccionados.

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Educación

Un curso al otro lado del charco gracias a la Fundación Amancio Ortega: "Quiero volver siendo una persona nueva"

Dieciocho malagueños forman parte de los 450 alumnos españoles elegidos por el Programa de Becas de la Fundación Amancio Ortega (FAO) para cursar primero de Bachillerato en Estados Unidos o Canadá. Conocemos a seis de ellos.

Más información: Seleccionados los alumnos becados por la Fundación Amancio Ortega para estudiar en Canadá y EEUU.

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Las claves

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450 estudiantes españoles de 4º de ESO han sido seleccionados por la Fundación Amancio Ortega para cursar primero de Bachillerato en Estados Unidos o Canadá.

La beca cubre todos los gastos, incluyendo viaje, alojamiento, manutención y seguro médico, y los alumnos convivirán con familias locales durante un año.

Los jóvenes seleccionados destacan la ilusión por vivir una experiencia única, mejorar el idioma y ganar independencia, aunque también sienten nostalgia por dejar atrás a sus familias y costumbres.

Los destinos abarcan desde Texas y Dakota del Norte en EE.UU. hasta Nuevo Brunswick e Isla del Príncipe Eduardo en Canadá, permitiendo a los estudiantes conocer nuevas culturas.

A Teo le preocupa su primer día de clase en Texas. Laura ya imagina su nueva vida en un pueblo de Dakota del Norte, rodeada de animales. Candela le da vueltas a cómo llevará el idioma, mientras Carmen espera con intriga saber en qué estado aterrizará. Carlota alucinó al descubrir que en su futuro instituto hay rodeos como los de las películas del oeste y Denis sueña con exprimir el estilo de vida en Canadá al máximo. Quieren volver siendo "personas nuevas".

Ninguno de estos chavales malagueños ha cumplido los 17 años, pero a partir de este verano les espera un curso entero al otro lado del charco. Son parte de los 450 alumnos españoles elegidos por el Programa de Becas de la Fundación Amancio Ortega (FAO) para cursar primero de Bachillerato en Estados Unidos o Canadá, conviviendo con familias locales. En esta edición 2026/2027, la Fundación ha escogido a esos 450 estudiantes de 4.º de la ESO entre más de 7.800 aspirantes de toda España. Para llegar a la fase final no basta con un notable en 3.º de la ESO, ya que hay que superar además una prueba específica de inglés del programa y una entrevista personal. Desde que la iniciativa echó a andar, más de 5.600 jóvenes han disfrutado de esta beca.

De esas 450 plazas, 89 han recaído en estudiantes andaluces. Aunque la expedición malagueña la componen 18 estudiantes, EL ESPAÑOL de Málaga reúne a seis de ellos antes de hacer las maletas: son de pueblos distintos, apenas se conocen, pero comparten una ilusión vibrante ante la que califican como una de las mayores aventuras de sus vidas.

La beca corre con todos los gastos del curso en el extranjero, desde el permiso de estudiante y el viaje hasta las tasas de matrícula, el alojamiento y la manutención con una familia anfitriona, el seguro médico, una asignación mensual y la convalidación del curso, con seguimiento y apoyo durante toda la estancia. Antes de volar, los estudiantes y sus familias participan en sesiones de formación para facilitar la adaptación a su nuevo entorno.

Carmen Valenzuela (Coín)

Carmen.

Carmen.

Carmen Valenzuela estudia en el IES Ciudad de Coín. Conoció el Programa de Becas de la Fundación Amancio Ortega por una amiga que lo había intentado años atrás y que la animó a presentarse, convencida de que reunía las cualidades necesarias.

Cuando supo que se la habían concedido, lo vivió como "un choque de emociones", con sentimientos encontrados. "Mucho orgullo, mucha felicidad, mucha alegría", expresa. Unas sensaciones que se juntaron de golpe con la nostalgia, pues fue consciente desde el inicio de lo mucho que iba a echar de menos España.

Ser una de las 450 elegidas es "un orgullo". De momento, Carmen es la única del grupo entrevistado que todavía no sabe a qué estado viajará, a la espera de que le asignen familia. Si pudiera elegir, se iría a Indiana o a Texas, lugares que considera importantes, poco masificados y donde cree que aprendería mucho. La imagen que tiene de Estados Unidos es "muy peliculera", con "autobuses amarillos, taquillas e institutos enormes".

Si bien, sabe que esa no es la realidad. En las jornadas de orientación organizada por la FAO, recuerda, les explicaron que allí, en el fondo, todo es "igual pero en otro idioma", con sus propias costumbres y su cultura.

En lo académico, sus expectativas pasan por mejorar el inglés y aprender a expresarse y desenvolverse con más soltura. En lo personal, aspira a ganar muchísima independencia y a crecer en todos los sentidos.

Cree que la experiencia le cambiará sobre todo la visión de la vida, la manera de entender cómo se celebran las cosas o cómo se afrontan los problemas al otro lado del Atlántico. En esas mismas jornadas, cuenta, les enseñaron que deben interiorizar la idea de traer la cultura del país que les toque a España y llevar la suya allí, un intercambio que considera muy enriquecedor.

Su familia se tomó la noticia de la beca muy bien, aunque reconocen que la echarán mucho de menos. Ni ella ni sus compañeros podrán volver a España en un año salvo causa de fuerza mayor ni ellos podrán visitarla. Sus amigos, en cambio, se quedaron impactados, ya que tenían planes en común que han tenido que posponer para su vuelta.

Lo que más echará de menos de Málaga, dice, es el calor de su gente, el de una ciudad en la que uno se siente bienvenido en cualquier rincón, y también el buen clima.

Mientras llega el momento, Carmen se prepara sobre todo en lo mental, consciente de que la espera un choque cultural y la adaptación a un sitio nuevo. Más allá de lo académico, le gustaría probar un deporte nuevo como el hockey, animación o una banda de música, y confía en integrarse en un grupo que esté dispuesto a acogerla. De cara al futuro sueña con estudiar Ingeniería Aeroespacial, y si la nota no le diera optaría por otra ingeniería o por arquitectura.

Si solo pudiera llevarse tres cosas de Málaga confiesa que se quedaría con la calle Larios, su favorita desde pequeña, con el jamoncito serrano y con la gente que le llena el corazón a diario. "El calor de la gente de Málaga es imprescindible en mi vida", zanja.

Carlota Marín (Málaga)

Carlota.

Carlota.

Carlota Marín tiene 15 años, cumplirá 16 en julio y vive en Puerta Blanca, un barrio de Málaga capital. Conoció el Programa de Becas de la Fundación Amancio Ortega gracias a su madre, que trabajaba en Inditex y cuyas compañeras le hablaron de la beca. La mujer no dudó en comentárselo a su hija, a la que vio capaz de conseguir todo lo que se proponga y gracias a aquel gesto ha acabado regalándole una de las mejores experiencias de su vida.

Lo que la empujó a presentarse fue la idea de vivir "ese sueño americano que todo el mundo dice", descubrir nuevas culturas y conocer gente. El día que vio su nombre en la lista de Estados Unidos rompió a llorar en la puerta del colegio, rodeada de sus amigas, su madre, su hermano y los padres de algunas compañeras. "Empecé a abrazar a todo el mundo", recuerda. Ser una de las 450 elegidas en toda España la llenó de orgullo. "Este es mi esfuerzo y me tengo que sentir orgullosa", dice. Para llegar a conseguirla, los aspirantes van pasando por diferentes y exigentes fases.

Su destino es Dakota del Sur, que como ella misma bromea, aunque tenga el sur en su nombre, nada tiene que ver con la Costa del Sol. Vivirá en un pueblo de poco más de 1.000 habitantes llamado Miller, "dedicado en buena parte a la ganadería y muy religioso". Este cambio radical es algo que le hace ilusión precisamente por lo diferente que será respecto a su vida en Málaga. Lo que más le ha impactado es descubrir las actividades de su futuro instituto, donde se practican hasta rodeos. "No tiene nada que ver la vida que voy a tener allí con la que tengo aquí ahora mismo", confiesa.

Carlota es de las que ya conoce a su familia anfitriona. Se lo comunicaron en febrero, durante la Semana Blanca, y le hizo mucha ilusión. Desde entonces habla con ellos y también con los estudiantes de intercambio que conviven ahora mismo con esa familia, que le han resuelto muchas dudas. Aun así, prefiere ir enterándose de las cosas poco a poco. No quiere saberlo todo para que la experiencia conserve algo de sorpresa.

En lo académico tiene las ideas muy claras. Quiere dar lo mejor de sí, "sacar sobresaliente en todas las asignaturas, como intenta ahora", y probar las materias de allí, muy distintas a las de aquí. En lo personal, su gran objetivo es conocerse mucho mejor y volverse más autosuficiente e independiente. También espera que el año la ayude a decidir su futuro, ya que en Estados Unidos, dice, se ofrecen más oportunidades para saber qué quieres ser. Lo único que le impone algo de respeto es que las clases sean en inglés, aunque se le dé bien.

Del próximo curso, Carlota espera traerse muchas cosas de vuelta. Confía en volver "casi bilingüe", y en sumar amigos repartidos por el mundo, con compañeros de intercambio de Alemania, Polonia o América y una segunda familia al otro lado del Atlántico. Cree que haber sabido desenvolverse en un país totalmente diferente le abrirá puertas el día de mañana, también a la hora de buscar trabajo. "Tú entras a intercambio y sales una persona totalmente diferente", resume.

Lo que más echará de menos, dice entre risas, es la comida, y muy especialmente la de su abuela, "la mejor"; además de la playa. Por ahora se prepara rebuscando expresiones del inglés más americano, los llamados slangs, pero se muestra positiva ante todo lo que venga.

Denis Kordonskyi (Marbella)

Denis.

Denis.

Denis Kordonskyi tiene 16 años y estudia en el IES Guadalpín de Marbella. De raíces ucranianas, ha nacido y se ha criado en España. Su sueño es cursar en el futuro una carrera en una universidad prestigiosa fuera del país, y fue precisamente buscando la manera de alcanzar el nivel de inglés que necesitaba como dio con la beca de la Fundación Amancio Ortega. Se inscribió en septiembre y vivió cada fase del proceso con emoción. El día que vio su nombre en el listado de becados casi llora de alegría y llamó corriendo a su madre. Está contento por haberlo conseguido, pero a la vez confiesa sentir "responsabilidad de hacerlo bien" para demostrar a la Fundación que no se equivocó al elegirlo.

Su destino es Nuevo Brunswick, una provincia marítima del este de Canadá, cerca de Quebec. Lo que más le atrae es que se trata de la única región oficialmente bilingüe del país, de modo que, además del inglés, podrá practicar algo de francés. Allí el sistema educativo es distinto al español y permite a los alumnos elegir buena parte de sus asignaturas y personalizar sus estudios. "Espero aprender cosas que cursando primero de Bachillerato en España no aprendería", explica. A través del New Brunswick International Students Program, un destino muy demandado, estudiará junto a alumnos canadienses y de otras partes del mundo, toda una experiencia intercultural.

De esta aventura, Denis espera sobre todo crecer como persona, ganar responsabilidad e independencia y mantenerse centrado en los estudios. Siente que va en representación de España y quiere destacar académicamente. "Me da pena perderme lo que me encanta de Marbella, la Navidad, la Semana Santa, la Feria... Y las tradiciones familiares", confiesa el joven, que se muestra dispuesto a adoptar las costumbres que encuentre allí.

Aún no conoce a su familia anfitriona y confía en que esté repleta de "buena gente", con la idea de ser un miembro más del hogar. "Me encantaría que tuvieran algún hijo de mi edad y hubiera mascota en casa, me gustan mucho los animales y aquí no tengo ninguno", relata.

Mientras llega el gran momento, se prepara a fondo. Ha seguido cursos online sobre la vida, el clima, las normas y la cultura de Nuevo Brunswick, y compagina sus estudios de 4.º de ESO con la academia de inglés y con el tenis y el golf. De Canadá le ilusionan la nieve, las rutas de kayak, el esquí, además de una naturaleza "espectacular".

De cara al futuro, le gustaría que su carrera estuviera relacionada con las ciencias, ya sea la física, la bioquímica o la genética. "Anhelo descubrir algo que ayude a la sociedad, como la cura de una enfermedad", confiesa.

Para la maleta lamenta no poder llevarse comida de casa, las croquetas de cocido, el jamón ibérico, el gazpacho o los polvorones, así que se conformará con un pedacito de Marbella para mitigar la morriña. Meterá la bandera española, su taza favorita de desayunar y fotos del casco antiguo, de La Concha y de Puerto Banús, junto a las de su familia y sus amigos.

No olvida el motivo por el que se embarca en esta aventura y se muestra muy agradecido. "Si no fuese por la Fundación Amancio Ortega, esta experiencia no sería posible para mí", agradece el joven, que celebra que el programa dé esta oportunidad a chavales con pocos recursos.

Teo Torres (Vélez-Málaga)

Teo.

Teo.

Teo Torres tiene 16 años y estudia en el IES Salvador Rueda de Vélez-Málaga. Conoció la beca en segundo de la ESO, cuando una profesora de inglés se la mencionó en clase. "No hay nada que perder, así que ¿por qué no intentarlo?", pensó entonces, con la idea de marcharse al extranjero, y sobre todo a Estados Unidos, rondándole desde siempre.

Su destino es Texas, donde estudiará en el Trinity High School y vivirá en Euless, en la zona de Dallas, un lugar que ya le parece "súper bonito". Le llama la atención precisamente la tierra a la que va. "Todo el mundo tiene la imagen de Texas de vaqueros y salvaje oeste, y sé que no es así, pero tengo curiosidad por saber cómo es realmente", explica. Su imagen de los institutos es también la de las películas, con fútbol americano, animadoras y taquillas. Le hace mucha ilusión vivir allí la Navidad y un Halloween de calles decoradas y calabazas iluminadas, además del prom.

Sueña con probar el fútbol americano o el hockey y con conocer gente de todas las nacionalidades y religiones, un privilegio que es consciente de que todos no pueden tener.

De cara al año que le espera prefiere no hacerse demasiadas ilusiones para no llevarse decepciones. Sí confía en aclarar su futuro, ya que tiene en mente estudiar Ingeniería Informática y le gustaría volver con esa decisión más firme. En lo personal espera crecer, comunicarse mejor y entender mejor a la gente.

Asegura no sentir mucho miedo ante el hecho de cruzar el charco, y lo único que le intimida es el primer día de clase, por si no encaja o no logra hacer amigos. Cree que la experiencia le cambiará sobre todo con el idioma, después de diez meses hablando en inglés, y también su manera de ver las cosas, ya que pasará de un pueblo grande a uno muy pequeño. "Me encantaría poder volver básicamente como alguien nuevo, alguien que ha aprendido un montón y que ha cambiado mucho", confiesa.

Lo que más echará de menos, dice, son los viernes, cuando sus primos, su hermana y él comen en casa de su abuela al salir de clase y, por la noche, la familia se reúne a charlar y comer pizza, una costumbre de muchos años que le costará no poder vivir semana tras semana.

Con su familia de acogida ya ha hecho un par de videollamadas e intercambiado fotos y vídeos de sus mascotas, lo que le hace ver que piensan integrarlo al máximo, como "uno más".

Cuando se le pregunta sobre si se está preparando para la aventura reconoce que no; solo trabaja en asimilar que pasará diez meses de su vida al otro lado del charco. "La próxima vez que vaya a Madrid va a ser para coger un avión y no volver en una temporada", resume.

En el plano académico lo tiene claro. Quiere dedicarse a la Ingeniería Informática porque le encantan los ordenadores y considera que se le da bien, además de ser un sector bien pagado y con demanda. Reconoce que la inteligencia artificial lo tiene ahora "un poco trastocado", y deja la puerta abierta a otras opciones como el Derecho, que ya se planteó en su día.

A la cuestión de qué echará en la maleta, ha elegido tres cosas con mimo. Una foto con sus amigos y su familia en la playa, la que echará de menos en un destino sin costa, para colgarla en su cuarto. Una bandera de España que está haciendo firmar con mensajes a sus seres queridos, para mirarla cuando le entre un bajón y recordar a toda la gente que le apoya. Y unos cacahuetes con chocolate, ese picoteo que tanto comparte con los suyos, para tener cerca los momentos en familia.

Laura Sánchez (Málaga)

Laura.

Laura.

Laura tiene 16 años y estudia en el colegio Rosario Moreno, en La Paz, y hace vida por la barriada de El Torcal. Conoció la beca por redes sociales y por una compañera de patinaje cuya prima ya había probado suerte.

Se presentó casi "a la locura", sin contárselo a nadie más que a sus padres. El día que supo que se la habían concedido lo vivió como una escena de película. Estaba en clase, con pocos compañeros, y su profesora de Física la dejó consultar el listado. No se sabía la contraseña de la página, lo intentaba una y otra vez sin éxito y no paraba de llorar. "Todo el teclado lleno de lágrimas mías, parecía una película", recuerda. Al final la profesora le dejó mirarlo en el móvil, leyó el "enhorabuena" y rompió a llorar de tal manera que tuvo que ser un compañero quien le leyera el resto.

Ser una de las elegidas en toda España la llena de orgullo, después de toda una secundaria estudiando y trabajando para ver, dice, que el esfuerzo tiene una recompensa real más allá de las notas. Su destino es Alexander, un pueblo muy pequeño de Dakota del Norte pegado a la frontera con Canadá, donde estudiará en el Alexander High School. Le gusta precisamente que sea diminuto. "Siento que así vives una experiencia estadounidense real", explica. Vivirá en una especie de granja con animales, algo muy distinto a su vida de ciudad, y cree que, al no estar la gente tan acostumbrada a estudiantes de intercambio, le resultará más fácil hacer amigos.

Sus expectativas personales son altas, convencida de que un año fuera la hará madurar mucho. "Estar un año entero sin ver a tus padres, viviendo casi sola, te hace madurar un montón", sostiene. En lo académico no se ha marcado tanta exigencia, ya que le han contado que el nivel no es muy alto, y prefiere centrarse en aprender materias que en España no existen, como una clase de cocina.

Lo que más respeto le impone es que al regresar le cueste retomar los estudios porque no se adapte al ritmo o al nivel de aquí. Pero, pese a todo, cree que la experiencia la cambiará a mejor. Se considera ya independiente y madura, y a la vez sabe que nunca ha vivido nueve o diez meses sin sus padres, con una familia de acogida que la apoyará sin ser sus padres de verdad.

En casa, la noticia se recibió con una mezcla de alegría y nostalgia. "Mis padres están muy orgullosos de mí, sin la beca saben que difícilmente me podrían haber mandado a Estados Unidos", expresa, con los pies muy en el suelo.

Lo que más echará de menos, dice, no es una comida ni una persona concreta, sino su rutina malagueña al completo. Sobre todo el día a día del entrenamiento de su deporte, el patinaje artístico sobre ruedas y las clases de refuerzo que da a niños pequeños, a los que adora.

Laura ya conoce a su familia de acogida, con la que ha hablado varias veces y con la que cree que se llevará muy bien. En Alexander vivirá con un matrimonio con dos hijos pequeños, de uno y tres años, que estudian en casa. Mientras el padre trabaja en el pueblo vecino y la madre se queda con los niños, ella acudirá al instituto por las mañanas. Por las tardes quiere mantenerse activa y ya ha localizado un equipo de patinaje sobre hielo en la localidad de al lado al que pretende apuntarse.

De cara al futuro no lo tiene del todo decidido, pero ahora mismo le atrae especialmente la Ingeniería Matemática, una rama aplicada en la que le encantaría trabajar, sin descartar dedicarse a la enseñanza, donde, como ella misma dice, ya hace pinitos. Con el inglés está tranquila, así que estos meses se prepara sobre todo en lo psicológico, asimilando poco a poco que se va y que toca ir despidiéndose.

Candela Rodríguez (Málaga)

Candela.

Candela.

Candela Rodríguez tiene 15 años, cursa cuarto de la ESO en el IES Torre Atalaya y vive en Teatinos, un barrio de Málaga capital. Conoció la beca hace unos tres años, cuando la hija de un amigo de sus padres la consiguió y se fue un año a Estados Unidos. Aquella chica le insistió en que se presentara cuando le tocara, y Candela, que soñaba con vivir algo parecido, terminó animándose.

El día que supo que se la habían concedido, ya tras la última fase, su primera reacción fue llorar. "Llevaba tanto tiempo queriéndolo y me había esforzado tanto en tercero de la ESO", recuerda, súper orgullosa de sí misma. Después le entró algo de miedo a marcharse, que se le ha ido quitando con las sesiones de orientación de la beca hasta tener ahora muchísimas ganas.

Lo que más la enorgullece es haber logrado algo que veía inalcanzable y que mucha gente persigue sin conseguirlo. "Si yo pude conseguir esto, si quiero, puedo", resume, con la motivación intacta para lo que se proponga en el futuro. Su destino es Canadá, en concreto el distrito de la Isla del Príncipe Eduardo. Todavía no sabe cuál será su instituto ni su familia, solo la zona, una isla muy pequeña de ambiente costero que le recuerda a Málaga. "Me relaja saber que no me tengo que ir a un sitio tan diferente de donde vengo", confiesa, con ganas de descubrir una nueva cultura.

De su curso allí tiene muchas expectativas. Le han contado que el nivel es más bajo y que el sistema va más por trabajos, y ella lo ve como una oportunidad para probar una forma de enseñar distinta a la española. Lo único que le impone algo de respeto es la barrera del idioma y no saber si alcanzará el nivel necesario en inglés. Su familia ha recibido la noticia con muchísimo orgullo, aunque a sus abuelos les dio algo más de reparo al principio, por la edad y por la distancia, y enseguida se alegraron. Con sus amigos vivió un momento algo delicado, ya que algunos habían optado a la beca sin lograrla, y al final todos se lo tomaron muy bien y están felices por ella.

De Málaga echará de menos sobre todo el clima, acostumbrada a la buena temperatura de aquí frente al frío y la nieve que la esperan casi todo el año. También su rutina y el baloncesto, un deporte al que lleva toda la vida y que allí no podrá practicar igual, ya que las actividades van rotando cada pocos meses. Suma a la lista a su familia, a sus amigos y la comida, en especial el jamón y las aceitunas. Está convencida de que la experiencia la cambiará en muchos aspectos, de mejorar el inglés a madurar, ganar independencia e incluso aprender a ahorrar.

Sueña con dejar allí una especie de segunda casa a la que poder volver, y cree que el año le abrirá oportunidades académicas y laborales, hasta el punto de plantearse buscar más adelante otra beca para la universidad.

Cuando regrese quiere terminar el Bachillerato. Estudia la rama de ciencias de la salud y le encantaría dedicarse a algo relacionado, como la biología, la biomedicina o, sobre todo, la medicina, movida por sus ganas de trabajar de cara al público y ayudar a la gente.