Javier Calleja, este jueves en el Ágora Social de UTAMED, en Málaga.

Javier Calleja, este jueves en el Ágora Social de UTAMED, en Málaga. Samuel Baeza

Cultura

Javier Calleja, el artista que transforma el error en éxito: "Las musas viven en el aburrimiento"

El creador malagueño ha conversado en UTAMED sobre su proceso creativo, el lenguaje visual y la próxima exposición en París.

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Las claves

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Javier Calleja defiende que la creatividad surge del aburrimiento y rompe con el mito de la inspiración divina.

El artista malagueño presentará su sexta exposición individual, 'Curiously', en la galería Almine Rech París del 30 de mayo al 25 de julio de 2026.

Calleja transforma los errores en aciertos y utiliza técnicas como el acrílico por capas y el agua a presión para definir sus personajes expresivos.

El éxito, según Calleja, reside en saber plasmar las ideas y emociones universales en sus obras, priorizando el proceso artístico sobre la inspiración.

Javier Calleja milita en el partido de la vagancia, pero en el buen sentido artístico. El lienzo en blanco no es una amenaza; lo convierte en un espacio de libertad que solo se conquista cuando se permite aburrirse. Para eso, hay que romper con el mito romántico de la inspiración divina porque "las musas viven en el aburrimiento" y la chispa creativa solo surge en el vacío mental.

El artista malagueño ultima los preparativos para su visita a la Almine Rech París en la sexta exposición individual de Javier Calleja, Curiously, que podrá disfrutarse del 30 de mayo al 25 de julio de 2026. Un encuentro que propone personajes singulares, niños y animales, todos ellos expresivos, a veces dulces y otras, traviesos, acompañados de frases breves escritas en camisetas o garabateadas en el fondo.

Pese a ser un "perezoso de nacimiento", Calleja funciona mejor en la lógica de la procrastinación. "Me da un espacio más grande y asusta, pero a mí el susto me motiva", reconoció, y admitió que sus personajes son "como todas las personas", dispuestos a enfrentarse a un mundo que les da miedo y por eso evocan emociones universales.

"Siempre voy dando pequeños pasos, soy evolucionario, me quedo con el encuentro. Los artistas tenemos derecho al capricho, a decidir el camino al que tú vas", explicó Calleja. En su mente, imagina una idea y cuando llega al estudio, plasma cosas diferentes a las que había pensado. "En la marcha te puedes encontrar sorpresas".

Calleja reivindicó que todo arte es un retrato. "Un paisaje es el retrato de un árbol; una obra conceptual, el de una idea; la música, el de una emoción…". Lo más importante para él es el soporte y no tanto la inspiración. "El hombre pisa la Luna cuando vuelve, no cuando llega", puso de ejemplo.

"El éxito va más allá de tener una idea, se trata de ser capaz de regresar del fondo del mar de la imaginación para plasmarla con coherencia". El error es el aliado fundamental: siguiendo a Picasso, Calleja transforma el accidente en acierto. "Si el accidente me gusta, lo dejo", confesó.

Su técnica artística es física y quirúrgica. Trabaja con acrílico a base de capas, en un proceso que recuerda al fresco. Para mantener la limpieza de sus personajes, utiliza una pistola de agua a presión que elimina lo que no sirve antes de que se seque para no emborronar nada. Además, invierte el lienzo durante el proceso o lija las partes de la tela para que la pintura quede "por detrás" del soporte.

"El arte es una forma de conocimiento humano, hay que darle sentido a la idea", subrayó, y explicó que sus personajes tienen ojos de agua y el espectador no sabe si el niño ha terminado de llorar o está empezando. "Prefiero no indagar más, no me interesa saber para qué hago eso, solo necesitas sentir, no entenderlo. Soy de esas personas que mira siempre de reojo al espectador para saber su reacción, sus caras".

Calleja ha tocado muchos palos en el sector del arte. Ha trabajado como montador y asistente por su dominio del inglés, pero reconoció que es un mal comercial. "Sé descubrir que un artista es bueno, pero luego no te lo puedo vender", bromeó, y añadió: "Yo lo que quería era pagar mis facturas y vivir del arte. Me he dejado llevar por lo que es fácil de vender y no tendría problema en repetirlo hasta la muerte. Los artistas buscamos tocar el agujerito del dinero".

"Soy de esa generación de artistas donde nos educaron en la idea de que había que llegar a Nueva York; aquello me estresaba mucho". Mientras estudiaba Bellas Artes, le preguntaron en más de una ocasión por qué no se dedicaba a otra cosa; pero a Calleja le daba igual lo que le dijeran: "Me puedes insultar, que dentro de unos días no me acuerdo".

Mirando atrás después de haber buceado tantos años en el arte, se siente como un "Atlas que sostiene el mundo" y orgulloso de haber hecho realidad sus sueños. Porque lo único que le queda cuando está cansado es su trabajo: seguir pintando personajes dulces y traviesos.