Lola Cabrillana, con su nuevo libro.

Lola Cabrillana, con su nuevo libro.

Cultura

Lola Cabrillana tiene nueva novela: "Me gusta dar voz a los invisibles; esos que parecen no tener valor para nadie"

La autora de La maestra gitana regresa con La maestra de los invisibles, una novela cargada de humanidad que retrata una realidad de las aulas que el sistema parece no querer mirar.

Más información: Lola Cabrillana, autora de 'Vulnerables': "Me siento más maestra que escritora porque con mis libros intento enseñar"

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Las claves

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Lola Cabrillana publica "La maestra de los invisibles", novela que da voz a personas marginadas y muestra la realidad de la pobreza sin estereotipos.

La autora, maestra y activista gitana, denuncia la falta de adaptación del sistema educativo a las necesidades actuales y la invisibilidad de los niños en situación vulnerable.

El personaje de Mara regresa en esta continuación por petición de los lectores, y la novela aborda temas como el abuso infantil y la exposición de menores en redes sociales.

Cabrillana prepara nuevos proyectos, incluyendo literatura infantil y ensayos, y sigue luchando por visibilizar la cultura gitana y romper prejuicios desde su activismo y escritura.

Lola Cabrillana pasea por las calles de un Centro de Málaga que ya casi no visita por falta de tiempo. "Últimamente digo que vivo en un tren", dice entre risas, mientras observa cada rincón de la ciudad. Porque los días tienen 24 horas, pero los suyos parece que tengan 85. No le cabe ni un puntito de color más en su agenda de Google Calendar, pero pese a todo, se muestra feliz, contenta. "Y que todo siga así", dice con rotundidad.

Acaba de ver la luz La maestra de los invisibles, la continuación de La maestra gitana, una obra que marcó un antes y un después en su vida, un trampolín que la sigue empujando hacia el cielo en la lista de libros más vendidos gracias a su literatura crítica, esa que retrata lo que incomoda. Porque así escribe Lola. Sus libros señalan hacia lo que le duele y, en este caso, habla sobre esos invisibles a los que el sistema prefiere no mirar.

"Son familias que viven en los márgenes, en barrios guetos, y que no le importan a nadie. Son personas que no tienen ningún valor para nadie. Solamente son cifras, son números. Para mí, son los invisibles. Me gusta escribir de ellos, darle voz a los invisibles", declara.

El detonante para escribir esta historia llegó en una reunión de profesores, porque ella, antes que escritora, fue maestra. "En ellas me daba cuenta de que la realidad que yo he visto no es la realidad que tienen mis compañeros. Ellos no pensaban que había niños pasándolo tan mal.

Si tú no vives esa realidad, no es posible vivirla", explica esta escritora, que durante años ha sido maestra en un colegio de Palma-Palmilla, uno de los distritos más vulnerables de Málaga.

De ahí su empeño en retratar la pobreza desde dentro, sin estereotipos ni maquillaje. "Lo hago con la parte buena y la parte mala. Con las cosas negativas que se adhieren a la vida y con la parte bonita, esa armonía que nace alrededor de las personas que sufren pobreza", sostiene.

Lola Cabrillana.

Lola Cabrillana.

Cabrillana no se anda con eufemismos cuando habla del sistema educativo: "Es un parche en sí mismo. Tiene mucho que cambiar. No puede seguir manteniendo el porcentaje de absentismo y de fracaso escolar de la población gitana que tiene y no hacer nada".

A su juicio, la escuela ha quedado desfasada respecto al alumnado real que recibe. "Las características de los niños actuales son totalmente diferentes a las de los niños que teníamos hace 20 años. Y la escuela no se ha adaptado a ese cambio".

Además, el profesorado, dice, está desbordado: "Son tantos los alumnos con vulnerabilidades sociales y con una demanda alta del profesor para su autonomía, que es muy difícil atenderlos en un aula; las ratios son imposibles".

En la novela aparece reflejado uno de los momentos más duros que ha vivido como maestra: ver cómo las autoridades se llevaban a un alumno del colegio. "Para mí ha sido el momento más dramático de mi carrera. Nadie te enseña, nadie te explica, nadie te entrena para entregar a un niño a tutela de menores. Viene la Policía y es un momento muy excesivo para el niño, y muy duro para ti". En sus libros no hay casos reales literalmente, pero sí mucho de lo que sus ojos verdosos han vivido como profesional.

En cuanto a Mara, la protagonista de La maestra gitana, dice que vuelve por petición popular. "Yo quería volver mucho antes a ella. Quería no haberla soltado nunca, pero fuimos a por otra historia antes", confiesa. "Han sido los propios lectores los que han demandado que Mara vuelva ahora", matiza. La primera edición de La maestra de los invisibles se ha agotado en apenas unas semanas, lo que demuestra las ganas del público de reencontrarse con Mara, y la autora no descarta una tercera entrega en torno a la popular maestra: "Tengo intención de que Mara sea un personaje vivo, he dejado todo muy abierto. Va a depender de lo que quieran los lectores".

Cabrillana reconoce que con cada libro la presión se multiplica. "Yo pensaba que en el primero iba a tener muchos nervios, pero me doy cuenta de que cuanto más libros tengo, más nervios siento. Porque la responsabilidad es mayor".

Lola Cabrillana, en la calle Larios.

Lola Cabrillana, en la calle Larios.

En esta novela ha jugado con la construcción textual a dos voces, alternando capítulos. Una de ellas es la del padre, Paco, un personaje inspirado directamente en su propio padre. "Cuando escribí La maestra gitana, todo el mundo me decía: 'Me ha encantado el personaje de Paco, es muy gracioso'. Y pensé: tiene que tener voz". Le pasó cada capítulo a su padre antes de cerrarlo. "Para ver si su voz era esa, si había algún gesto o alguna frase que no cuadrara. Me ha corregido muchísimas cosas. Ha sido un trabajo de dos, por eso no me ha sido tan complicado escribir desde la voz de un hombre; siempre contaba con su respaldo".

Una de las líneas más delicadas de la novela es el abuso sexual. En los agradecimientos figura Silvia Pastor, especialista en prevención de abusos y sexualidad infantil, a quien Cabrillana sigue desde hace años. "Su trabajo me inspira mucho. Hemos compartido talleres y formación y siento que he aprendido mucho de ella. Por eso decidí dedicarle la novela". Curiosamente, no hablaron del contenido del libro antes de su publicación, no la ha asesorado realmente para escribirla. Pastor se enteró cuando la autora le anunció, días antes del lanzamiento, que tenía "una sorpresa" para ella.

En La maestra de los invisibles aparece una niña tiktoker de éxito. A través de ella, Cabrillana lanza una de las reflexiones más duras del libro acerca de la exposición infantil en redes.

"La infancia debería estar mucho más protegida de lo que está. Cuando se expone a una infancia en redes sociales se está exponiendo una vulnerabilidad. En el mundo que vivimos hay muchos depredadores y mucha gente con muy malas intenciones. Uno no sabe quién va a recibir ese mensaje. La infancia debe ser algo sagrado", asevera.

Sobre el cambio significativo en los adolescentes actuales en redes, que apenas suben publicaciones con su rostro a Instagram, cree que no se debe a una técnica de autoprotección, lamentablemente. "Creo que responde a la falta de autoestima. Los niños cada vez tienen menos autoestima. Se ven mal. No se ven guapos, no se ven perfectos. Se comparan con filtros y con gente perfecta. Y son carne de cañón si se exponen por eso no publican tanto", expone.

Málaga, su Málaga, sigue siendo el escenario obligado de su literatura, aunque cada vez desde focos distintos. "Es una ciudad muy rica para escribir. Tiene de todo: turismo, campo, playa, diversidad, gente migrante. Voy a seguir escribiendo de Málaga, pero también de los pueblos, de las pequeñas ciudades que están alrededor, al final, me nutro de lo que he vivido".

A Mara, en cambio, en esta aventura, se la ve distinta. Más cansada, quizá. Más madura. "Creo que más que Mara, he evolucionado yo como escritora, y eso lo voy proyectando en mi personaje". Asegura que sigue dando pasos, aprendiendo de otros autores, leyendo ahora con una actitud mucho más crítica. "Es una herramienta para aprender que tengo muy al alcance de la mano". Y reconoce que el personaje ha terminado escapándose de lo que tenía atado en un principio: "Yo tenía una intención con ella y un objetivo de llegar a un final, pero ha trazado su propio camino. Mis personajes me llevan a mí".

Activismo

Lola Cabrillana es gitana y es una de las activistas más reconocidas del colectivo, convirtiéndose en todo un referente para el pueblo gitano.

En este sentido, hay un dato que le martillea la cabeza. "He preguntado a más de mil niños gitanos cuáles son sus sueños. En infantil aparecen. A lo largo de primaria desaparecen. En secundaria, ningún niño y ninguna niña gitana tiene sueños. Se pierden por el camino. No tienen quien los alimente, quien los nutra, quien los motive", dice con tristeza.

"Me alegra ver que cada vez somos más los referentes gitanos que estamos saliendo a la luz con el único objetivo de que los niños y las niñas gitanas tengan referentes, es muy necesario ", relata.

A la hora de escribir, asegura, no piensa en que es un referente. "Al final, estoy escribiendo como Lola. Lola Cabrillana. No soy consciente. Pero cuando voy a recibir un premio o a dar una charla, ahí sí lo soy. Existe esa responsabilidad, pero intento que la referencia no se quede en mí, sino aupar a otras compañeras y amigas que también lo son".

Actualmente, Cabrillana es experta educativa externa en el Ministerio de Educación, dentro del grupo de trabajo dedicado al pueblo gitano. Forma a profesorado en historia y cultura gitanas en un intento de cubrir un vacío formativo histórico. "Intentamos ofrecer esa formación que le falta al profesorado".

Por una complicada situación familiar, el ritmo que lleva como escritora y nuevas aventuras como la del Ministerio, ha tenido que aparcar su labor como maestra. Reconoce que fue una decisión dolorosa, ya que echa mucho de menos a sus niños y sus historias. "Por cuestiones familiares, sin duda, no he tenido otra opción. Tenía que cuidar a la familia o hacer todo lo que quería. Tenía que sacrificar algo del puzle y ha sido el aula".

Hoy vive, literalmente, en un tren, viajando de formación en formación. "Como sigo tocando el aula continuamente, de otras formas, eso al menos lo palia".

Preguntada por si su literatura es activismo o si el activismo se le cuela en la literatura, Cabrillana resopla, pero lo tiene claro: "La literatura es activismo. Es un altavoz: tú tienes un mensaje y llega a muchísima gente. Y en mi activismo me apoyo en mi literatura. Yo no soy activista si no tengo un discurso bien elaborado, con una base sólida, y eso lo consigo en parte escribiendo".

Responde con serenidad a quienes la acusan de idealizar al pueblo gitano en sus novelas: "Si tú tienes una experiencia y conoces a un sector, no puedes creer que todo sea igual. El pueblo gitano es muy heterogéneo. Eso es lo que pretendo demostrar". Le ha llegado el reproche, sobre todo, por mostrar en sus libros a gitanos en buenas condiciones, buenas personas, que estudian. "A algunas personas no les parece normal en los tiempos que corren", dice.

El mercadillo, escenario clave en La maestra gitana, regresa también en esta entrega, aunque con menos protagonismo. "Si en la vida de Mara estaba el mercadillo, el mercadillo tenía que estar ahí".

Cabrillana sigue acudiendo, por cierto, al puesto de su familia. Unos días después de esta conversación, dice, tendrá que recoger antes de tiempo el puesto para llegar a una firma de libros. "Me voy directa de una cosa a otra". Recuerda, divertida, a quien una vez le dijo en su propio puesto: ¿tú cómo vas a ser la autora famosa? "Si fueras una escritora, no estarías aquí vendiendo libros", espetó la clienta. Su hermana, presente en la escena, no pudo contener la risa: "Señora, pues sí, es ella". Sigue habiendo un gran prejuicio tras los mercadillos que Lola trata de derrotar con sus novelas, ya que es un espacio que no suele estar presente en la literatura.

La portada.

La portada.

La autora ya tiene cerrado un nuevo proyecto, esta vez en literatura infantil, un campo que hasta el momento no había tocado. Su próxima obra se llama Un limón de cuatro patas, ilustrada por Sandra Carmona. Describe la historia de unos niños y un perrito, Limón, como una herramienta ideal para profesores, pero también para padres: "Una ayuda a quienes tienen que incluir la historia y la cultura gitanas en el aula por currículum, por ley, y no saben cómo hacerlo. Al final es un material reflexivo, lleno de valores".

Y aún hay más sobre la mesa. Cabrillana ya está dando forma a una novela nueva, prepara un ensayo y participa en varias colaboraciones, entre ellas una serie de cuentos del pueblo gitano editada por el Instituto de Cultura Gitana. "Ojalá no pare nunca, está siendo muy bonito", dice.

Y en medio de ese vértigo que provoca compaginar los trenes, las formaciones, el mercadillo, las firmas o los libros que se acumulan en el horizonte... hay una frase de la novela que lo resume todo. La pronuncia Lala dirigiéndose a Mara: "Yo soy invisible. Todos los niños de este barrio lo somos. No le importamos a nadie".

Ahí, en esas tres líneas, está el germen del título y de la manera de trabajar de Lola. "Cuando buscábamos un nombre que sintetizara la novela, nos pareció que Los invisibles englobaba todo lo que contenía", explica. Le pido, para terminar, que ponga un titular a su carrera. No tarda en encontrarlo: "Soy, o quiero ser, la escritora que muestra lo que nadie quiere ver".

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Un tour por Málaga este fin de semana

Lola Cabrillana estará el próximo viernes en Mijas presentando su nuevo libro en el Lagar Don Elías desde las 19.00 horas, con entrada libre y gratuita. El sábado en Fuengirola, a las 13.15, en la librería Teseo, un lugar que adora. Y el domingo en Benalmádena, en el Patio de la Casa de la Cultura a partir de las once de la mañana, donde compartirá conversación con Mariló Berdún, profesora del IES Poetas Andaluces.