Thais Alonso, autora de 'El hilo rojo de la felicidad'.

Thais Alonso, autora de 'El hilo rojo de la felicidad'. Marta Pastrana

Cultura

Thais Alonso y el arte de vivir el presente: “Es una revolución aprender a quedarse en silencio”

La autora reflexiona sobre El hilo rojo de la felicidad, una obra nacida de su proceso personal contra la enfermedad para bajar el ruido mental.

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Las claves

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Thais Alonso publica 'El hilo rojo de la felicidad', una novela basada en su propia experiencia de transformación tras un diagnóstico médico grave.

La obra narra la historia de Daniel Bennett, un empresario a quien le diagnostican cáncer y que, gracias a la terapeuta Amalia Lluch, inicia un viaje de autoconocimiento.

El libro reivindica la importancia del silencio, el mindfulness y la presencia como herramientas para alcanzar una felicidad estable y enfrentar los miedos.

La gira de presentación comenzará el 2 de mayo en la Feria del Libro de Málaga y continuará en Madrid y Palma de Mallorca.

Daniel Bennett es un empresario de éxito. Una agenda llena, viajes, dinero… Pero un médico le desvela que le queda un año de vida por un cáncer de pulmón que sufre. Ante esa circunstancia, y en un vuelo hacia Londres, conoce a Amalia Lluch, una terapeuta que modifica todos sus esquemas. Empieza a rascar en aquello por lo que no se siente pleno y le propone un pacto extraño: doce encuentros, uno al mes, en lugares inesperados.

La psicoterapeuta Thais Alonsoirrumpe en la literatura con una obra íntima sobre la felicidad duradera, el propósito real de la vida y la transformación que ocurre en el interior de una persona cuando ya no puede mirar hacia otro lado. Una historia que ella misma vivió y decidió trasladarla a un libro: El hilo rojo de la felicidad.

La gira comenzará en la Feria del Libro de Málaga el próximo 2 de mayo, seguida de una presentación en Málaga el 20 de mayo. Posteriormente, la autora visitará Madrid el 31 de mayo y finalizará, de momento, este ciclo de encuentros el 20 de junio en Palma de Mallorca.

Hablamos con Alonso para descubrir cómo se baja el volumen del ruido mental en una vida en automático y de qué forma Daniel, guiado por Amalia, descubrirá su felicidad duradera para encontrarse a sí mismo.

Llevas más de 20 años enseñando mindfulness a profesionales, directivos, emprendedores. ¿Por qué te centras en este tipo de perfiles?

Trabajo con empresas y también de forma individual con personas, pero yo entré en el campo de la empresa porque dirigí una fundación, la Fundación Transpersonal, fuimos pioneros de mindfulness en España y empezamos a llevar la cultura del silencio a la sociedad. Fui de las primeras que hizo formaciones de todo esto para gestionar el estrés y la atención plena con profesionales.

El silencio parece ser un poco incómodo en la sociedad, cuando hay silencio necesitamos algo de ruido…

Aprender a estar en silencio es un acto de valentía, porque al final estás contigo mismo y vivimos en una sociedad en la que necesitamos dopamina en vena, buscando fuera validación externa, ruido para entretenernos y hoy en día la verdad que es una revolución aprender a quedarse en silencio.

¿Cómo se gestiona ese estrés para dejar la mente en silencio?

En todas mis formaciones hablo mucho de neurociencia. Para los que estudiamos cómo funciona el cerebro, tenemos una parte que es la amígdala, que se inflama cuando estamos estresados, y una de las cosas que tenemos que aprender es a entrenar para desinflamar la amígdala.

Otra parte del cerebro es el neocórtex, que es como nuestra cabina del piloto, la que lleva todos los mandos en las decisiones importantes que tomamos; hay que aprender a entrenar eso para no reaccionar ante la vida, sino responder a lo que nos sucede en el día a día.

En tu vida cotidiana, ¿cuánto tiempo le dedicas a estar en silencio? Estar sin nada de ruido, aburrirte directamente.

Llevo 30 años practicando la meditación y estando en silencio conmigo misma. Para mí es medicina en vena y no me aburro. Yo sé que es como pasar la manguera al patio. Pasas la manguera de los pensamientos tóxicos que están ahí. Lo que haces es bajar el ruido de pensamientos y empezar a ser soberana de mi mente; yo decido lo que debe entrar y lo que no.

Hoy en día, dejamos pasar todos los pensamientos tóxicos y eso nos inunda ese cortisol. Entrenar todos los días 20 minutos es fundamental, pero no solamente hay que sentarse en silencio, sino vivir con más presencia. Mindfulness, en realidad, es estar en lo que estás. La mente está en 800 lianas. Esto se entrena para aprender a estar en la vida, no sólo meditando, sino estando presente.

¿Qué te llevó a dar el salto del método científico a la narrativa con tu novela El hilo rojo de la felicidad?

Es una historia personal que yo viví, y hay dos personajes fundamentales, Daniel va al médico y le dicen que tiene cáncer de pulmón. El pronóstico es bastante negativo. Tiene una reunión en Londres, coge un avión, se sienta y conoce en el asiento de al lado a Amalia, que fortuitamente es una mujer que se dedica a acompañar estos procesos. Decide hacer un trabajo con ella en diferentes sitios, todos reales en el libro.

El problema a veces es cuando nos sorprende la muerte y en el fondo no estamos plenos con lo que queríamos hacer, con las decisiones que hemos tomado. Yo he vivido los dos papeles: soy terapeuta, pero también fui Daniel.

Hace dos años, me dieron un diagnóstico médico donde me enfrenté a esto, viví un año como si fuera el último. Ese año fue el mejor de mi vida, todo lo que tenía de enfermedad se fue. Aprendí a ir a lo importante, a lo esencial, quitar conflictos en mi vida. Decidí narrarlo en vez de ensayo, en novela.

¿Cómo aprende Daniel a dejar de vivir en automático?

Lo que va haciendo durante el libro es ir conociéndose a sí mismo, ir encontrándose. Gracias a Amalia, empieza a mirarse, a cuestionarse, a soltar, a enfrentarse a los miedos. El miedo a la muerte es la madre de todos los miedos, pero antes hay muchos miedos pequeños: a los conflictos, a decir lo que pensamos, a hacer daño…

Amalia sería esa mentora que necesitamos cuando la vida se detiene en seco…

Es una superwoman porque es muy sabia, valiente y resiliente. Ella habla más adelante de su vida, por qué llegó hasta donde llegó. Nadie puede acompañar algo que no ha vivido, esta es la realidad. El final de la novela es muy sorprendente.

Los doce encuentros representan cómo se involucra Amalia con Daniel…

Amalia intuye que Daniel es una persona especial o valiosa, o por la forma en que ellos se encuentran. Ella está con la promoción de su libro en Europa y entonces decide quedar en diferentes sitios donde va a ir con su libro. Le cita y van haciendo ese trabajo. Apuesta por él porque sabe que hay algo interesante también para su propio proyecto, que es lo que luego va desencadenando la novela.

¿Daniel busca la felicidad duradera?

El libro es un canto hacia un tipo de felicidad muy distinta a la que nos está vendiendo hoy en día la sociedad. El libro es todo lo opuesto. Es cómo un ser humano puede encontrar una felicidad estable, que eso no quiere decir que no pasen situaciones difíciles, pero sí poder transitar todo ello sin sufrimiento.

En el fondo es un manual para disfrutar la vida, es un mensaje de disfrutar la vida con los cinco sentidos al máximo, lo bueno, lo maravilloso, lo que tiene la experiencia de la vida; pero también tener herramientas para cuando se pongan las cosas complicadas.

¿Qué papel juega la empatía?

Ella está acostumbrada a trabajar con todo el dolor humano y lo entiende muy bien, por eso puede empatizar con Daniel desde el primer momento y no dramatiza, al contrario, no le dice que tiene que cambiar, le va haciendo las preguntas correctas para que él mismo vaya accionando, para que vaya moviéndose hacia la vida que quiere antes de perderla.

¿Qué harías si te volvieran a decir que te queda un año de vida?

Viviría como estoy viviendo ahora: con lo esencial. Para ser feliz necesito pocas cosas. Me agarro a las relaciones cercanas, a decir “te quiero” a las personas que quiero, a pedir perdón cuando tengo que pedirlo. Intento que no pase mucho tiempo.

Vivo experimentando la vida y una de las cosas que creo es que venimos aquí a experimentar todo y que, de alguna manera, Dios experimenta a través de nosotros. Intento vivir la vida desde ese lugar; cuando vienen las cosas bonitas, las disfruto al máximo, soy una gran gozadora de la vida porque sé que se me puede ir en cualquier momento.