De izquierda a derecha: Noelia Clavero (Librería Rayuela), Carlos Sanjuán (Librería Proteo) y Janet Armenteros (Librería Luces).
Así se levanta la Feria del Libro de Málaga: el engranaje de libreros y editoriales que el lector no ve
Rayuela, Proteo y Luces relatan cómo se organizan para encarar las dos semanas de la Feria del Libro, la gran fiesta de las letras de la ciudad.
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El alba de la 55.ª edición de la Feria del Libro de Málaga es inminente: del 30 de abril hasta el 11 de mayo, 71 casetas recorrerán el Paseo del Parque con variedad de títulos para todos los gustos. Los lectores llegan y lo encuentran todo organizado, pero para que eso sea posible, la labor de los libreros y de la organización de la Feria son esenciales.
Noelia Clavero es presidenta de la Feria del Libro de Málaga y, además, librera en Rayuela. Aquí se preparan normalmente el mes antes y las dos o tres semanas previas se empiezan a tramitar pedidos y a pensar qué libros van a colmar las estanterías y los mostradores de las casetas. Suelen destinar una parte a libros infantiles, otra dirigida al público juvenil y una última, a los adultos.
Este año han alquilado dos casetas. En plantilla son tres personas y saben que las horas extras forman parte de la Feria: “Son doce días ininterrumpidos; no libras en doce días, necesitas por lo menos estar rotando”, explica Clavero.
Los libros los trasladan con una furgoneta y el encargado realiza el porte tanto de Rayuela como de Proteo. A través de la Feria, Rayuela trata de mostrar su personalidad. “Dedico mucho esfuerzo y tiempo a ir eligiendo todos los títulos porque aparte de los pedidos que hacemos, hay que seleccionar bien cuáles me voy a llevar. Suelen ser tendencias u obras que tienen buena aceptación”. También aprovecha para dar cabida a las escondidas en los rincones, sobre todo de editoriales más pequeñas.
“El Paseo del Parque siempre ha sido un sitio emblemático de la Feria, los años anteriores han sido buenos, pero creo que este año será mejor porque la programación se ha dinamizado más”.
A esta edición asistirán autores de la talla de Lorenzo Silva el 30 de abril, Martín Caparrós el 8 de mayo o María Dueñas el 9 de mayo. Desde Rayuela, tratan de hablar con las editoriales de los autores más populares para repartir firmas entre las librerías: “No todas quieren coger firma, hay quienes ya han organizado la suya o no les apetece porque también es un trabajo extra”.
Noelia Clavero, en la planta baja de Rayuela.
“La Feria del Libro es rentable, sobre todo los fines de semana. Los días laborables son más tranquilos, sobre todo las mañanas. El descuento del 10% anima al lector a comprar, en especial si son varios libros”, detalla Clavero. También hay lectores más reticentes en el contexto de inflación actual: “Entiendo que si tienes que elegir entre un libro o pagar un alquiler, escoges lo segundo; pero hay que comprender que una obra de 20€ es muy barata para el proceso que hay detrás”.
En Librería Proteo, desde principios de año estaban confirmando su asistencia. En el último mes han empezado a recibir propuestas por parte de autores o editoriales que quieren promocionar su trabajo y les piden un hueco en la caseta. Firmas hay todos los días; de media, cuatro o cinco autores por jornada.
“Tenemos una selección de nuestras preferencias y las recomendaciones de la librería, que no tienen otras como FNAC. Nos saltamos el sota, caballo y rey y buscamos obras que no salgan en la televisión”, afirma uno de sus libreros, Carlos Sanjuán, y añade: “Solemos apostar por los ensayos y libros de humanidades. Siempre le damos más trascendencia a la filosofía, la política o el feminismo”.
“Los autores más en boga son García Llovet, que dará el discurso de apertura y hemos vendido algunos, y sobre todo Benjamín Labatut, un autor chileno que aborda cómo la ciencia y la técnica inciden en el mundo actual”. Otros que también arrasan son Eduardo Mendoza o David Uclés.
Carlos Sanjuán y otro librero, en Proteo.
Intentan estar al día para luego poder recomendar títulos en las casetas, pero también hay que compaginarlo con estudios u otros proyectos. Sanjuán, por ejemplo, regenta una pequeña imprenta artesanal. Reconoceque las aplicaciones móviles también le abducen: “A los libreros nos sucede igual y por eso entiendo que se lee menos”, bromea Sanjuán.
Denuncia el coste del alquiler de las casetas y reclama un abaratamiento para poder aguantar mejor el resto del año: “No nos supone un gran apoyo económico, hay que hacer horas extras y asumir unos costes asociados a cubrir la caseta. Por suerte, las editoriales nos hacen un 5 o 10% de descuento extra en abril y el Día del Libro”.
En la Alameda Principal se palpa la emoción de lectores voraces que abarrotan la Librería Luces. Janet Armenteros, al fondo de la tienda, es su rostro visible al frente de la caseta.Luces, a diferencia de Proteo y Rayuela, cuenta con tres. “Las editoriales nos proponen autores y otra parte es la organización, que consigue a otros tantos y nosotros los incluimos en nuestra firma”.
Los libreros podrían escribir una novela solo con las peticiones de los lectores. Biblias, obras descatalogadas o demasiado antiguas y alguna que otra confusión. “El año pasado, un compañero sugería un libro de María Belmonte y el interesado pensó que se refería a la cantante. Resultó muy gracioso porque le preguntó: ‘¿Pero esa mujer tiene libros?’. Mi compañero le respondió que tenía muchos, hasta que se dio cuenta de que no hablaban de la misma persona”.
Sus secretos para aguantar tantas horas son echarle ganas, buena vibra y querer vender. Eso sí, pendientes del cielo para que un día no quede estropeado por unas gotas de lluvia: “Me ha pasado en muchas ferias y eso hace daño a la librería desde el punto de vista comercial”.
Del fondo actual, unos 30.000, solo se llevan 3.000. Para ellos, supone una gran inversión y también un gran beneficio: “Es rentable sobre todo porque es tradición, la gente va a comprar libros, hay un público que tiene interés y los descuentos ayudan porque con lo que te ahorras de varios, te acabas comprando uno de bolsillo”.
Los escritores autopublicados, incluidos… con matices. “Tengo especial debilidad con las editoriales independientes y pequeñas, aparte de que conozco a gente cercana que se autoedita y está en Rayuela con su libro”, reconoce Clavero, pero a la vez observa la congestión de un mercado editorial al que le cuesta respirar. Cuando llegan las Ferias del Libro, es imposible organizar huecos para todos.
Constantemente, autores independientes le solicitan tener ejemplares en su tienda. El problema es la capacidad, que no es ilimitada. No obstante, trata de hacer un esfuerzo: “Hay gente que nos deja su libro en depósito y luego nos piden que liquidemos sus ganancias”.
Janet Armenteros, librera de Luces.
Sanjuán denuncia que no se puede pretender vender un libro en la caseta de Proteo sin un margen para el librero: “Nosotros no somos bibliotecas, para eso tendríamos que tener algún apoyo público y no tenemos mucho. Lo que se pide es, al menos, un 30% de beneficio para la librería”.
Critica a los autores que publican en Amazon por estar “pegándose un tiro en el pie”: no cree que el futuro del libro pase por las grandes plataformas. “Si es hacia donde vamos, me parece un poco negro, por suerte la gente que va a la Feria del Libro busca lo físico”. Proteo, de hecho, alberga su propia editorial, Ediciones del Genal,que funciona como autoedición y la mayoría de los costes editoriales los asume el autor.
“Nos encargamos de la labor de coordinación editorial, impresión, depósito legal, todo para que los autores tengan su obra en buenas condiciones. Por eso, creo que recurrir a Amazon es un recurso muy pobre. No voy a boicotear a quienes deciden esa vía, pero no contemplan las alternativas que se ofrecen, es decir, lo local”.
En Luces, los autopublicados encuentran más barreras por la distribución. Por eso,normalmente apuestan más por firmas de renombre. “Se complica mucho cuando tienes que pedir libros, que esta persona tenga que traerlos, llevárselos y desde el punto de vista administrativo, llevar una contabilidad”, admite Armenteros.
Gracias a su trabajo, Málaga se dispone un año más a demostrar que, mientras haya un libro en manos de un lector, la esperanza en un mundo mejor seguirá viva.