Marta Jiménez Serrano, autora de 'Oxígeno'.

Marta Jiménez Serrano, autora de 'Oxígeno'. Jairo Vargas

Cultura

Del borde de la muerte a fenómeno editorial: la historia detrás de 'Oxígeno', la novela que denuncia la crisis de vivienda

La obra de Marta Jiménez Serrano, presentada en el festival Marpoética de Marbella, parte de una intoxicación de monóxido de carbono que vivió en su piso de alquiler.

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Las claves

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'Oxígeno', de Marta Jiménez Serrano, es una novela basada en su experiencia personal de intoxicación por monóxido de carbono en 2020.

La obra denuncia la crisis de vivienda en España, resaltando la precariedad y la falta de derechos de los inquilinos frente a los propietarios.

Jiménez Serrano mezcla biografía y ensayo para explorar temas como el trauma, la culpa, el amor y la pertenencia tras una experiencia cercana a la muerte.

La autora destaca la importancia de la comunidad, el apoyo psicológico y el acompañamiento en la recuperación del trauma vivido.

Vivienda. Trauma. Culpabilidad. Amor. Desidia. Esas cinco palabras definen el andamiaje de Oxígeno de Marta Jiménez Serrano, una obra publicada por Alfaguara en enero de este año y que la autora madrileña presentó el pasado martes en el Festival Marpoética de Marbella. Ahora es una de las obras del momento.

Con valentía y un proceso de investigación detrás, Jiménez ha edificado una biografía con tono ensayístico que critica lo que para los españoles, según el CIS, se ha convertido en el principal problema: la vivienda. Junto a su pareja, alquilaron un piso en 2020 y un sábado cualquiera se intoxicaron con monóxido de carbono. No llegó al coma, pero casi.

Hablamos con Marta Jiménez Serrano para conocer cómo se reconstruyen unos hechos como estos después de debatirse entre la vida y la muerte y cuál ha sido la reacción de los lectores al descubrir la obra.

Has asistido hace unos días a esta edición del Festival de Marbella Marpoética. ¿Cómo ha sido la experiencia?

Muy bonita, la verdad. Fue estupendo, la charla fue fenomenal, todo estaba muy bien organizado y el público, muy participativo. Sobre todo estuve con Carla Nyman y Juana Dolores, que me interesaron muchísimo. También fue un placer charlar con Javier Vicedo, al que ya conocía.

Has presentado Oxígeno, la nueva novela que ha publicado Alfaguara a inicios de año, ¿por qué has decidido convertir el accidente doméstico de 2020 en una novela?

Es muy difícil tener una experiencia cercana a la muerte, ser escritora y no contarlo. Era un tema que me obsesionaba. Aunque el libro partiese de esta historia personal, quería que apuntara a algo más: a la relación que tenemos todos con la muerte, el miedo, el hogar y el sentido de pertenencia.

¿Has conocido a personas cercanas que hayan estado al borde de la muerte?

Las he conocido y además creo que todos hemos estado alguna vez cerca, lo sepamos o no. Para escribir Oxígeno fue muy importante el libro Sigo aquí de Maggie O'Farrell, donde cuenta ocasiones en las que estuvo a punto de morir por cosas tan cotidianas como cruzar la calle.

Estabas inconsciente cuando eso sucedió… ¿Cómo se escribe algo así? ¿Cómo se reconstruyen los hechos?

Fue uno de los retos más grandes. Entrevisté al enfermero que me atendió para completar las piezas del puzzle que yo no tenía. Por otro lado, me interesaba que el libro expresase ese “fundido a negro”, revelar la ausencia y contar cómo, durante un rato, yo no sabía qué pasaba.

¿En qué instante empiezas a escribirlo?

Justo cuando me ocurrió, aunque hubo muchas fases y momentos en los que pensé que no lo terminaría.

¿Cómo se ve la llegada de la muerte?

Ni se ve ni se siente.

¿Qué te salvó realmente?

La comunidad, quien entonces era mi pareja al llamar a la ambulancia, los servicios de emergencia que llegaron a tiempo con lo necesario y, de otra manera, mi psicólogo. Tuve la buena suerte de que fue consecuencia de la unión de muchas cosas que se entrelazaron.

¿Cómo se gestiona la culpa?

Tengo claro que es de mi casera. Fue su negligencia. El problema es la impunidad que el mercado da a los caseros para no responsabilizarse de los pisos. Sé que hubo otras personas implicadas, como la inmobiliaria, que tendrían que haber asumido parte de la responsabilidad. Nadie lo hizo. No podía saber lo que estaba pasando, así que lo dejé todo en manos del azar.

Entonces la obra expone una crítica a la crisis de vivienda actual

Sin duda. La precariedad y el precio de los alquileres en Madrid hacen que los inquilinos tengan pocos derechos. Esa situación genera una relación de abuso por parte de los propietarios porque los caseros saben que van a alquilar la casa sí o sí.

¿Cómo gestionas el trauma?

Con una terapia que ha sido esencial para superar este episodio y otros muchos miedos que detonaron a raíz de esto.

¿El tono ensayístico de la obra le resta cercanía o se conjuga bien con la parte personal?

Se conjuga bien. Los lectores me dicen que es una voz cercana, como escuchar a una amiga. El tono del narrador está justamente en esa tensión entre la distancia analítica y la intimidad de la confesión.

¿Hay algo de ficción?

Todo lo que cuento es real, pero en el momento en que seleccionas, jerarquizas y eliges un narrador o una composición de escenas, ya estás ficcionando. No es un documental; yo decido cómo componer la historia.

Viéndolo ya publicado, ¿qué ha sido lo peor y lo mejor del proceso?

Lo más bonito, el diálogo con los lectores y hablar con ellos sobre la muerte o qué es un hogar; lo peor, que me faltan horas de sueño por la intensidad de la gira, pero ya las recuperaré.

¿Qué comentario te ha marcado más?

Me impresiona cuando relacionan Oxígeno con otras obras mías a través de los nombres propios o cuando se emocionan y me dicen que el libro les ha llegado o les ha cambiado. Los libros siempre son espejos. Cuando lo que cuento les “rebota” en algo propio, es precioso.