Una imagen de Cristina y una colonia de gatos.
Adiós a Cristina Mammut, la escaladora fallecida el sábado en el Mulhacén: un referente del activismo animal en Málaga
La activista animalista, gestora de la colonia felina número 13 de Gatos de Málaga, falleció el sábado tras precipitarse 200 metros en la cara norte de Sierra Nevada, un lugar que le apasionaba.
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"Trabajando y ahorrando para subir montañas". Eso decía la biografía de Cristina en sus redes sociales, una declaración de intenciones de apenas siete palabras que resumía su forma de entender la vida. Cuatro emojis acompañaban la frase: unas botas y tres montañas. No le hacía falta más para ser feliz.
El sábado 2 de mayo, Cristina, conocida como Cris Mammut entre quienes la querían, murió haciendo precisamente eso. Subir montañas, aunque no cualquiera, sino la cara norte del Mulhacén, en Sierra Nevada, el techo de la península ibérica.
El aviso entró en el centro coordinador del 112 Andalucía a las 10:45 de la mañana. Una escaladora malagueña había sufrido una caída de unos 200 metros en el corredor central de la cara norte del Mulhacén, una de las zonas técnicamente más exigentes de Sierra Nevada, conocida por la dificultad de su acceso y por las condiciones cambiantes del terreno.
El operativo se activó de inmediato. Servicios sanitarios del 061, Guardia Civil y, sobre todo, el Grupo de Rescate e Intervención en Montaña (GREIM), que se desplazó hasta la zona en helicóptero porque no había otra forma de llegar. Cuando los rescatadores alcanzaron el lugar, no había nada que pudieran hacer. Cristina había fallecido en el sitio. Las circunstancias exactas de la caída todavía no han trascendido.
El miércoles 30 de abril, apenas 48 horas antes del accidente, Cristina escribió en el grupo de Facebook '¿Cómo está Sierra Nevada?' un mensaje breve: "Muy buenas tardes!! Alguien tiene información de cómo está la norte del Mulhacén? Gracias…".
Preguntaba por el estado del corredor que dos días después se la llevaría para siempre. Esa pregunta demuestra que Cristina era una montañera profesional y responsable: se informaba antes de salir de casa, preparaba la actividad y tanteaba las condiciones de la sierra. Era una escaladora habitual y en su diccionario no se contemplaba la improvisación. Sus redes están llenas de fotografías en la naturaleza, casi todas haciendo escalada, senderismo o vía ferrata. "Subir montañas en mi tiempo libre es mi manera de encontrar la paz y la libertad, alejándome del estrés diario", escribía en uno de sus posts.
La otra Cristina: cinco gatos y una colonia
Pero Cristina no solo era parte de la montaña. Era también, y sobre todo para mucha gente en Málaga, una impresionante defensora de los animales, y más concretamente de los gatos. En su perfil de Facebook, de hecho, ponía, con gracia, que hablaba "gatuno".
Llevaba años trabajando como gestora en la asociación Gatos de Málaga, donde había estado desde sus inicios y donde se ocupaba de la colonia felina número 13. La asociación confirmaba su muerte este fin de semana en un comunicado oficial cargado de dolor: "Defendió los principios de nuestra asociación desde nuestros inicios y luchó incansablemente por los gatos de su colonia y por todos los que se cruzaron en su camino". Prometían, además, velar por el futuro de sus animales, para que no les faltara nada, como ella hubiera querido.
Porque Cristina deja cinco gatos propios. Cinco "michis", como los llamaba Mercedes, una de sus amigas, en su despedida en redes. Entre ellos, una gata ciega que rescató hace pocos meses del Hospital Civil de Málaga y que terminó adoptando, según recordaba la asociación Amigo Animal Aman, otra de las entidades con las que colaboraba. "Nos quedamos con su implicación y su coraje", escribieron. "El mensaje que nos unía era trabajar por ellos, más allá de las diferencias".
Era una figura conocida en el activismo felino malagueño. Participaba en concentraciones por el bienestar animal y trabajaba con varias asociaciones a la vez. Sus cinco gatos, escribió esa misma asociación, "fueron su familia, su refugio y su alegría diaria".
Las despedidas
Las redes sociales se han llenado estos días de mensajes de quienes la conocían desde distintos ámbitos de su vida. La amiga, la compañera de escaladas, el activismo animal. Casi todos coinciden en lo mismo: una mujer intensa, valiente, con un corazón "que no cabía en el pecho", como escribía Mercedes.
Antonio, un amigo, le dedicaba un mensaje desde su perfil de Facebook acompañado de una foto de ella en la sierra: "Te has ido haciendo lo que amabas y cualquier desafío era poco para ti. En tu Sierra, en tu Mulhacén, ahí estarás siempre". Le pedía además que saludara a su hermano fallecido, allá donde esté y mandaba ánimo "a su compañero de cordada". "Mucha fuerza en este momento tan duro".
Angie, otra amiga, la despedía como "compañera de escaladas y gran amante de animales y naturaleza, defensora de ellos hasta la médula". Y Siguiendo Huellas, la asociación, lo resumía así: "Cris fue luz, fuerza y pasión, una mujer que vivió con intensidad".
Cristina murió en lo que Siguiendo Huellas describió como "la inmensidad de la cara norte de Sierra Nevada. Un lugar tan libre y valiente como ella, donde el cielo parece más cercano". Ella decía que trabajaba para subir montañas y así murió, haciendo su gran pasión. Ahora deja a sus cinco gatos, una colonia felina entera y la promesa de varias asociaciones de cuidar de todos ellos. Y queda para siempre una frase que ahora suena de otra forma: que la montaña era su manera de encontrar la paz. Ojalá la haya encontrado eternamente.