Imagen de un psicólogo atendiendo a un paciente durante una consulta.
Evitar planes o cambiar rutinas: el síntoma de la ansiedad que muchos ignoran y reduce el malestar a corto plazo
Un estudio de IBIMA y la UMA revela que las conductas de evitación que suponen una pérdida para el paciente son más fáciles de erradicar con terapia de exposición.
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Evitar reuniones sociales, determinados lugares, cambiar trayectos habituales o depender constantemente de alguien "por si acaso" son síntomas incapacitantes de los trastornos de ansiedad que muchas personas padecen y pocos son los que saben identificarlo, según una investigación de IBIMA Plataforma BIONAND y la Universidad de Málaga.
Estos actos que, en definitiva, consisten en la evitación, lo que hacen es reducir el malestar que genera la ansiedad a corto plazo, pero de cara al futuro mantienen el problema, ya que el paciente no tiene la oportunidad de comprobar que aquello a lo que teme no supone un riesgo real.
El estudio, liderado por Pedro Luis Cobos y Francisco José López, del grupo “Cognición Causal” de IBIMA Plataforma BIONAND y el Departamento de Psicología Básica de la Universidad de Málaga, junto a Paula Balea, del Departamento de Psicología de la Universidad Rey Juan Carlos, analiza en profundidad la denominada “extinción con prevención de respuesta”.
Esta técnica, según han explicado en un comunicado, consiste en exponer a la persona al estímulo que teme, por ejemplo, un espacio cerrado o una situación social, e impedir que realice su conducta habitual de evitación. De este modo, el cerebro aprende progresivamente que la situación no es peligrosa.
Sin embargo, la investigación revela que no todas las conductas de evitación desaparecen con la misma facilidad, pero aquellas que no implican un coste evidente para la persona tienden a reaparecer con mayor probabilidad.
134 participantes en el estudio
Para llevar a cabo este estudio, el equipo realizó un experimento con 134 participantes en un entorno de laboratorio controlado. En este proceso, los voluntarios aprendieron que podían evitar un sonido desagradable pulsando un botón.
La clave del estudio fue introducir una variable diferencial que consistía en que en algunos casos pulsar el botón no tenía ninguna consecuencia adicional (evitación sin coste), mientras que en otros implicaba perder puntos virtuales acumulados durante la tarea (evitación con coste).
Los resultados revelaron que cuando evitar tenía un coste, las respuestas de evitación se redujeron de forma drástica. Eso sí, lo más relevante ocurrió después, en la fase de “extinción” que es el equivalente experimental de la terapia de exposición.
La intervención logró eliminar con éxito las conductas de evitación que implicaban un coste. En cambio, aquellas que no suponían ninguna pérdida tangible reaparecieron con mayor facilidad.
Este hallazgo ha hecho a los expertos percatarse de que muchas conductas habituales en los trastornos de ansiedad, entre las que se incluyen tomar medicación de forma innecesaria, buscar compañía constante para sentirse seguro o evitar pequeñas situaciones sin que ello suponga un perjuicio inmediato, no tienen un coste evidente a corto plazo. Precisamente por eso, pueden ser más resistentes al tratamiento y reaparecer con el tiempo.
Claves para mejorar la terapia
“Nuestros hallazgos sugieren que trabajar en consulta los costes reales de la evitación puede ayudar a promover estrategias de afrontamiento más adaptativas”, explican los autores que añaden que esto quiere decir que cuando el paciente toma conciencia de lo que pierde al evitar -en términos de autonomía, oportunidades, bienestar o calidad de vida- disminuye la probabilidad de recaída, incluso aunque persista cierto “miedo residual”.