Un montaje con una fotografía de María Luz en solitario y otra con militantes de su partido.

Un montaje con una fotografía de María Luz en solitario y otra con militantes de su partido.

Málaga

María Luz, la joven de 90 años que compite por la presidencia de la Junta de Andalucía con la lista de 'Un Mundo Más Justo'

La malagueña de adopción, ya que nació en Granada, encabeza la lista de Por Un Mundo Más Justo en las elecciones del 17 de mayo y se convierte en la candidata a una autonomía de mayor edad de los últimos tiempos.

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Las claves

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María Luz Gómez, de 90 años, es candidata a la presidencia de la Junta de Andalucía por el partido 'Por Un Mundo Más Justo'.

Defiende que la edad suma y propone planes de empleabilidad para mayores de 50 años y programas para paliar la soledad entre ancianos.

Impulsa la formación digital intergeneracional y la convivencia entre jóvenes y mayores como solución a la brecha digital y a la vivienda.

El partido M+J centra su discurso en la dignidad, la fraternidad y los derechos humanos, rechazando fronteras y priorizando a las personas más vulnerables.

María Luz Gómez tiene 90 años y una misión: que España deje de mirar a los mayores como si estorbaran. En un territorio que, según denuncia, arrincona a sus mayores, ha decidido dar un paso al frente y colarse en el centro del tablero político andaluz.

Lo hace con el apoyo de su partido, Por Un Mundo Más Justo, y con una idea clara: demostrar que la edad, en lugar de restar... suma. El próximo 17 de mayo, su nombre estará en las papeletas para presidir la Junta de Andalucía.

Se ha convertido en la candidata a presidenta de una autonomía de mayor edad que se recuerda. “Estoy por encima de Fraga y de Revilla, según me han dicho”, cuenta a este diario. Supera, de hecho, a Pedro Cañada, que fue candidato de Extremadura Unida con 89 años en las pasadas elecciones regionales.

Y ojo, aunque reside en Málaga desde hace años, realmente es nacida en Granada. Otra provincia que le apasiona. Nació en tierras nazaríes porque su madre se empeñó: sus padres eran granadinos y a ella le hacía ilusión que la niña fuera de allí.

Está bautizada en la iglesia de la Magdalena y de la Málaga de su infancia guarda un recuerdo luminoso: unos padres que hablaban claro, una hermana, una casa "muy organizada a las necesidades del momento", pero sobre todo, con un ambiente feliz y de respeto. Ese que, a su parecer, en la actualidad brilla por su ausencia.

Por eso ha dado el paso de liderar la candidatura como número 1 en la lista de Málaga. ¿Y por qué a los 90?, se preguntarán. "La edad es un número, no limita la capacidad", repite una y otra vez Gómez.

"Nunca se es lo suficientemente mayor para aportar, ni lo suficientemente joven para no servir", expresa la mujer, sacando a pasear una de las propuestas de su partido, crear un plan de empleabilidad para los mayores de 50 años que se quedan en un limbo cuando no tienen trabajo.

"Todos somos válidos para todo. Lo que no sabemos, lo aprendemos", dice María Luz, que asegura que en España hay millones de personas más allá de los cincuenta a los que la sociedad ha jubilado en todos los sentidos. "Nadie les da voz", señala.

Cree sin ningún tipo de rodeo que a ella, con 90 años, la sociedad actual le pediría sillón, manta y viajes con el Imserso. "Sobre cómo me metí en esta aventura… Pues sin pensarlo. El día menos pensado a ti te puede ocurrir. Si me meto a los 30, tengo claro que me como medio mundo. Me ha llegado a los 90, pues porque sería mi momento", sostiene.

No es de las que aspira a ganar, prefiere que se la escuche, que el ruido de una señora de noventa subida a una lista autonómica sirva para remover conciencias y corazones.

"No ambiciono ni parecer ni no parecer. Ni desplazar a nadie, ni quitarle el puesto a nadie. Quiero un altavoz donde se me escuche por todos, porque lo que digo lo digo desde aquí [se señala el corazón]".

Por los mayores que viven solos, para los que quiere crear programas para paliar la soledad. Para los de cincuenta que ya no encuentran trabajo, a los que piensa dar un plan de empleabilidad. “Y por supuesto para los jóvenes, que sois el futuro de este planeta”, asegura.

Nació en el 35, con la guerra asomando

De la Guerra Civil no habla más allá del acontecimiento histórico, no puede, tenía meses. Pero hay algo de aquella educación que recibió que vuelve una y otra vez en la conversación, y que explica por qué esta mujer ha acabado haciendo lo que hace.

"Desde muy pequeñita, a los amigos de mis padres, que yo veía mayores, me encantaba oírles contar su historia. He vivido historias no solamente de mi niñez, sino contadas por personas mayores". Varias décadas después, sigue escuchándolos y ahora trata de hacer política por todos ellos.

Estudió en el colegio del Monte, con las monjas francesas, y luego se convirtió en perito mercantil en la Escuela de Comercio de Málaga. Sacaba buenas notas, iba al conservatorio (tres años de solfeo y cuatro de piano) y a clases de baile. Y ya entonces apuntaba maneras: "Lo que yo aprendía se lo enseñaba como profesora a mis amigas. Imagínate qué elemento"; siempre le ha gustado compartir con los demás.

A su marido lo conoció de adolescente. Él iba a los Maristas, ella al Monte. "Nos echamos ojitos, como la juventud de la época, imagínate". Se casaron pronto, él era ingeniero agrónomo en Córdoba y pasaba mucho tiempo en el campo, y ella crió a seis hijos.

Podría haber sido solo eso: en los años sesenta y setenta, en una familia de clase media andaluza, lo habitual habría sido que su historia ‘profesional’ quedara solo en eso.

Una imagen de un evento de su partido.

Una imagen de un evento de su partido.

Pero un día le ofrecieron un trabajo en una empresa de cosmética. Podía hacer reuniones en casa mientras los niños estaban en el cole. Se lo pensó, habló con su marido, que estaba encantado… Y aceptó.

Gómez acabó dirigiendo a un equipo de 140 personas. Algo menos que a los andaluces que dirigiría, aunque cerca, por ejemplo de la población del pueblo malagueño de Atajate, donde residen unas 170 personas.

"Aquel trabajo fue una ayuda económica. Con seis hijos, y sus estudios, como la Ingeniería, la Arquitectura... es un grifo abierto importante en lo económico". Su marido nunca le puso pegas e insiste en la suerte que tuvo.

"Él siempre decía: lo que tú quieras, lo que tú veas. En ese aspecto no he tenido problema", dice, consciente de que no todas las mujeres pudieron trabajar con total libertad. Se llamaba Alberto y murió hace tres años.

Tiene seis hijos y catorce nietos, y habla de ellos con una ternura que se desborda. "Si he tenido la suerte de tener catorce guapos, inteligentes, qué voy a hacer si me ha caído esa suerte".

Los nietos le hacen campaña: en sus colegios, los compañeros ya conocen el partido de la abuela, y a ella le dicen "abuela presidenta, abuela presidenta". “Me hacen ellos la mejor campaña en sus coles”.

De hecho, con su slogan “Con María Luz al Parlamento Andaluz” acaba de llegar a TikTok buscando el voto de jóvenes como ellos, pues sabe que la juventud empatiza con sus mayores más de lo que muchos creen.

A la política llegó por una de sus hijas, Lorena, que una tarde volvió a casa contándole a su madre que había conocido a un matrimonio joven militante de un partido distinto. "Me contó y le dije: 'Lorena, por Dios, pues a mí me gustaría conocer eso'. Y por ahí me introduje, día a día, con más y más ilusión", dice. De aquello han pasado ya seis años. Tenía 84, pero su vitalidad sigue al máximo.

De esos seis años, cuatro los lleva coordinando el grupo de mayores del partido a nivel nacional. Sus reuniones las hace por videollamada, con gente del norte, del sur, del este y del oeste, y lo que no sabe lo aprende. "Me lo enseña mi nieto y estoy encantada".

La candidata de M+J.

La candidata de M+J.

Desde ese grupo llevan años cocinando propuestas que ahora ella defiende como candidata como, por ejemplo, redes de mentores jubilados acompañando a jóvenes emprendedores, “porque ambos pueden nutrirse” o plazas de dependencia en los pueblos del ámbito rural para que los ancianos no tengan que abandonar su tierra.

Hay un momento de la conversación en el que una olvida que está hablando con alguien nacida en 1935. Usa inteligencia artificial, la usa bastante, de hecho, para conocer más sobre su funcionamiento.

Y, fiel a su costumbre de rebautizar las cosas para hacerlas suyas, le ha cambiado hasta el nombre. Cuando habla con “la máquina”, como ella denomina a la IA, no habla con la máquina, sino con quien está detrás: "Yo sé que sois una serie de máquinas construidas con una inteligencia sobrenatural. No habéis caído de un platillo volante. Hay mucho estudio por medio. Cuando hablo con vosotros, en realidad hablo con el ser humano que os ha creado", explica la anciana, que le habla a ChatGPT como un correo cordial dirigido a sus creadores.

Está ahí presente otra de sus batallas silenciosas: la brecha digital de los suyos, de los mayores. "Hay quien tiene el móvil pero no sabe usarlo", dice. Su propuesta es tan sencilla como potente: que los nietos enseñen a los abuelos: formación digital intergeneracional. “Como decía antes, los ancianos pueden enseñar con su experiencia a los jóvenes, pero también al revés”.

De hecho, cree que una medida que paliaría también el problema de la vivienda, en cierta medida, sería que personas mayores que viven solas en casas grandes acojan a jóvenes o familias que cuidarían de ellas a cambio de un techo. "Ya estamos uniendo generaciones, algo precioso, y encima ayudamos”.

A María Luz le gustan las metáforas, pero cuando se le habla del techo de cristal, no termina de convencerle: "A mí lo de romper el techo de cristal no me va. Al romper, los cristales saltan y pueden perjudicar a alguien. Mejor una puerta. Una puerta para salir con naturalidad, y empezar a comprender que lo que hay dentro es positivo, es necesario, hay que hacerle caso", declara.

Así se define ella, como una persona que ha venido a abrir puertas. A ser amable y gentil, pues está dispuesta a atender en sus redes sociales a todo el que lo desee, pero también a ponerse seria, como es con la inmigración o con el término que ha viralizado VOX en las últimas semanas con el pacto en Extremadura: la prioridad nacional (poner por delante a los españoles frente a aquellas personas que llegan de fuera).

"El planeta Tierra es de todos. El hecho de haber nacido en un lado o en otro son circunstancias de la vida. No pongáis tanta frontera. 'Aquí todo es mío, todo mío'. Pero, ¿qué decís?", apunta.

María Luz se enfada porque cuando, dice, “se ponen a hablar de los migrantes”, nadie piensa en quién está cuidando hoy en Andalucía a los mayores, quién sostiene el campo, la construcción... "Son personas que aportan. Tienen el mismo derecho que yo. ¿Por qué no? ¿Porque no tienen mi misma piel, mi misma estatura?".

María Luz no promete milagros pase lo que pase el día 17 de mayo. Lo repite varias veces. No le va ese tipo de política. Lo que espera es que alguien, al ver a una mujer de noventa años en una papeleta, piense por un segundo en su abuela. En su madre. En ese vecino jubilado que ya no habla con nadie. En la vendedora de cincuenta y cinco a la que no le cogen el currículum ni para limpiar escaleras.

"Lo vamos a vivir con muchísima ilusión. Lo que pase será lo que tenga que ser, para que el camino de las futuras generaciones esté más allanado. Que sea lo que Dios quiera. Lo vamos a recibir con alegría y ánimo, un ánimo que no debería faltar jamás haga lo que haga nadie", concluye la mujer, con el dedo pulgar en alto.

Su partido

Por Un Mundo Más Justo (M+J) es una formación de corte humanista que se sitúa al margen del eje clásico izquierda derecha y centra su discurso en la dignidad de las personas, especialmente de las más vulnerables. Fundado en 2004, el partido defiende una política basada en el respeto, la transparencia y la fraternidad, con especial atención a cuestiones como la desigualdad, la migración, los cuidados o la soledad no deseada. Se define además como pluriconfesional y apuesta por una “ciudadanía global fraterna”, una idea que recorre gran parte de su ideario y que busca poner en el centro los derechos humanos por encima del lugar de origen. En Andalucía, su presencia es aún minoritaria, pero su propuesta se articula como una alternativa ética que prioriza las personas frente a las estructuras de poder.