Francisco Gutiérrez posa en el Parador de Gibralfaro, con las vistas de Málaga de fondo.
"En Málaga se expulsa a los vecinos por una supuesta modernidad que está acabando con las señas de identidad"
"¿Qué sentido tiene la Torre del Puerto? Estoy en contra de querer parecernos a Dubái. Málaga no es Dubái, no es Nueva York"
"Si seguimos creciendo en población y metiendo más torres llegará un momento en que esto colapse a nivel de movilidad. Málaga ya está siendo incómoda para moverse".
"Creo que Paco de la Torre está bastante agotado y si me pidiera mi opinión, le diría: 'mira Paco, has hecho ya todo lo que podías hacer; retírate, deja paso a otro'".
Paco 'Guti', como gusta que le llamen desde niño, fue durante varias décadas uno de los rostros protagonistas del día a día de Málaga. Primero como secretario general de Comisiones Obreras (CCOO) con apenas 37 años, en los tiempos en los que la capital aún podía presumir de empresa de gran tamaño; después como Defensor del Ciudadano, puesto desde el que denunció el fenómeno del acoso inmobiliario, con los temidos 'asustaviejas'.
Ya jubilado, 'Guti' demuestra hablar con la serenidad de quien se siente orgulloso de lo que ha hecho, sin deudas pendientes y, con la capacidad intacta, para seguir ayudando cuando se lo piden. Su papel fue crucial en el desenlace final de la última gran operación inmobiliaria de El Perchel.
En esta conversación, que tiene lugar a primera hora del pasado jueves en el Parador de Gibralfaro, con la perspectiva privilegiada de Málaga de fondo, habla de la ciudad, de su gente, de la política y de sus males.
¿Le gusta lo de Paco Guti?
Me encanta lo de Paco Guti. Es que de pequeño… Desde el colegio me decían Guti, y después Paco.
¿En su casa también era Paco Guti?
A mi padre al principio le costó, a mi familia le costó. No les gustaba porque decían que ese no era mi nombre. Pero al final lo terminaron aceptando. Mi padre me llamaba Frasco. Algo que sabe muy poquita gente es que mi nombre completo es José Francisco. Lo que pasa es que cuando llega el día de San José no me felicita nadie, pero cuando llega el de los Pacos me felicita un montón de gente.
Francisco Gutiérrez gesticula durante la conversación.
¿Qué debe saber quien quiera conocerlo más?
Soy nacido en Málaga, en el barrio de El Perchel. Calle Balme, 16, junto al Corralón de la Tripa. Y, afortunadamente, he vivido toda mi vida en Málaga. A pesar de haber tenido opciones de salir por temas laborales, de haberme trasladado a Madrid, nunca he querido irme de Málaga. Digo que soy un cateto malagueño y me costaría mucho vivir fuera.
Y como Serrat, nací en el Mediterráneo. Soy un amante del mar. Estoy muy orgulloso de haber nacido en Málaga y de vivir aquí todo este tiempo.
¿Lo de ser perchelero marca?
Sí. Bastante. Yo estuve en El Perchel hasta los 12 años, que fue cuando las máquinas entraron y echaron abajo todo lo que era la calle Balmes. Esa calle estaba colindante con la fábrica de Cervezas Victoria. Mucha gente no lo sabe, pero frente a El Corte Inglés estaba la fábrica de cerveza.
El Perchel marca, porque se vivía en la calle. Afortunadamente, no había redes sociales ni televisión… Se vivía en la calle en invierno, con un brasero puesto; con las sillas y charlando con los vecinos. Y los niños corriendo allí. Porque aquello era campo. Toda la Avenida de Andalucía era huerta, hasta Carranque.
"El Perchel marca. Se vivía en la calle; en invierno, con un brasero puesto; con las sillas y charlando con los vecinos. Y los niños corriendo. Toda la Avenida de Andalucía era huerta, hasta Carranque".
Hablamos de un tiempo en el que había muchas necesidades. Yo no he pasado hambre, pero eran muchas las necesidades y mucha la solidaridad.
Mi madre murió con 56 años. Yo era pequeño. Cogió una enfermedad de los bronquios que hoy se hubiera curado fácilmente. Le daban crisis respiratorias. Y cuando eso ocurría yo me iba a dormir a casa de los vecinos. Yo dormí en todas las casas que había en la calle Balme, en la calle Laso, en los callejones. Dormía en las casas de los vecinos, comía allí… Esa solidaridad pese a las necesidades marcó mucho mi carácter, mi forma de pensar y de enfocar el mundo. Creo que la inmensa mayoría de los que nacimos en El Perchel nos sentimos orgullosos.
De aquel barrio no queda nada…
Ya no queda nada. Los últimos vestigios fueron los edificios que fueron demolidos hace poco en una operación en la que interviene en defensa de los vecinos. Es verdad que no había otra salida.
¿Qué sensaciones tiene?
Son agridulces. Dulces porque se logró que más de 50 familias hayan tenido una salida negociada. La alternativa era que se quedasen en la calle. Hablamos de familias con niños, muchos ya jubilados… Al final ha sido un gran éxito. Pero al mismo tiempo es una sensación agria porque con la eliminación de esas casas ha desaparecido el último vestigio de los percheles malagueños, de los que ya Cervantes habló.
Y de ese modo desaparece una de las señas de identidad de Málaga. Ese es uno de los grandes problemas, el de la gentrificación, el de la expulsión de las personas que han nacido en un barrio, que están siendo expulsadas por una supuesta modernidad, que está acabando con las señas de identidad de Málaga. Los centros de los grandes municipios se están despoblando como consecuencia de toda la especulación urbanística.
Lo que ocurre con El Perchel es extensible a otras zonas.
En el caso concreto de El Perchel siempre he querido ser realista y tener los pies en el suelo. La alternativa a lo que finalmente ha sucedido era muy costosa, porque hubiese pasado por la rehabilitación de los edificios. Pero soy consciente de que con esta actuación se ha dado un pasito más en la destrucción de la Málaga antigua. Aquí ya no nos queda un barrio de la Viña, como en Cádiz; un centro histórico como el de Córdoba; o el Sacromonte, en Granada… Todo en Málaga se ha incorporado a esa modernidad, a un turismo que, aunque crea un dinamismo económico, también se carga la seña de identidad malagueña.
Lo que ocurre es que son muchos los que se agarran al argumento de que el turismo crea empleo…
Claro que lo hace. Casi todo el mundo en Málaga vive del turismo, de una manera directa o indirecta. Pero ese turismo no tiene por qué justificar todo este destrozo urbanístico ni que se sigan destruyendo las señas de identidad en la provincia y, especialmente, en la capital. Un ejemplo es el Centro histórico, que está despoblado. No vive nadie porque se le está expulsando. Todo parece estar al servicio del turismo.
¿Cree que hay voluntad de cambiar esa dinámica o va a más?
No percibo que exista esa idea. Un ejemplo claro es el de la famosa Torre del Puerto. ¿Qué sentido tiene? Parece que está encallada esperando que haya un cambio de Gobierno. Es un absurdo. Es una visión urbanística que no comparto. Estoy en contra de ese proyecto y querer parecernos a Dubái. Málaga no es Dubái, no es Nueva York.
Los que apuestan por esa torre son los que apuestan por un turismo que está arrasando. Si quieres hacer algo en ese terreno que sea algo que beneficie a los malagueños no a los grandes fondos de inversión.
De los muchos proyectos que vienen planteándose en Málaga desde hace décadas, ¿con cuál se queda? Hablo de operaciones como la del Guadalmedina.
"Los que apuestan por la Torre del Puerto son los que apuestan por un turismo que está arrasando. Si quieres hacer algo en ese terreno que sea algo que beneficie a los malagueños no a los grandes fondos de inversión"
Eso al final es como el comodín. Cada cierto tiempo sueltan el comodín. Me acuerdo del primer mandato de Celia Villalobos e incluso de los últimos años de Pedro Aparicio, cuando ya se hablaba del Guadalmedina. Es verdad que es un proyecto de ciudad.
Es lo mismo que ocurre con el saneamiento integral. O con los espacios verdes. ¿Qué sentido tiene hacer esas grandes torres en los terrenos de Repsol en lugar de hacer un gran parque? El crecimiento no es ilimitado.
Otra imagen de Francisco Gutiérrez.
Nos quejamos de los grandes atascos, pero es que cada vez más personas viven en Málaga y las carreteras no son chicles que se estiran a medida, tienen los carriles que tienen. Pero si seguimos creciendo en población y metiendo más torres llegará un momento en que esto colapse a nivel de movilidad. Málaga ya está siendo incómoda para moverse.
Usted también fue testigo de las primeras propuestas del tren de la Costa del Sol. Y 26 años después estamos igual.
Claro. Hay que recordar cómo se destruyó algo que hoy sería fundamental: la famosa Cochinita, que iba de Málaga a Vélez-Málaga. Era un tren, una especie de Cercanía. Y se destruyó para hacer muchos chalés y muchas casas.
Las consecuencias las estamos pagando ahora, un montón de años después. Y eso mismo es lo que puede pasar con lo que se plantea ahora. ¿Y por qué se destruyó esto? ¿Y por qué en lugar de un parque se hicieron torres? Las decisiones urbanísticas no son reversibles. Si decides hacer la Torre del Puerto ya no se podrá echar abajo.
Un ejemplo es lo que pasó en los años 50 con el Hotel Málaga Palacio. Un hotel que tapa la Catedral. Llegas por el puerto y lo primero que ves es un hotel y no la Catedral. No aprendemos de eso, vamos a seguir haciendo las mismas barbaridades.
Hablaba usted de la solidaridad que recuerda cuando era niño en El Perchel.
Era un barrio solidario, con identidad. Recuerdo que se hacían ferias, fiestas, se adornaban portales, se hacían comidas de convivencia entre los vecinos. Había una conciencia de pertenecer a una comunidad. En El Perchel nos sentíamos partícipes de esa comunidad. Las casas estaban abiertas, entrabas y te quedabas. Unos vecinos venían a mi casa, yo iba a la casa de los otros.
Existía el trueque. Parece que es de la época de los romanos, pero es algo que he vivido con mi padre. Él tenía una barbería y muchos de sus clientes trabajaban en el mar, en la pesca. Y cuando llegaban decían: ‘Pepe hazme un recortillo’. Y a la hora de pagar le dejaba un cubo de boquerones o dos pulpos o un resto de sardinas. Llegó un punto en el que le decía a mi madre que iba a aborrecer el pescado.
Hoy nos metemos en un ascensor y no conocemos ni al de arriba ni al de abajo. Y a lo mejor conocemos al de enfrente porque he ido a protestar porque hace ruido.
Usted se convirtió en máximo responsable de Comisiones Obreras en la provincia con solo 37 años. ¿Cómo recuerda esa etapa?
Hubo dos detalles originales. Una, que el secretario general más joven de una unión provincial de toda España. Y la otra que fui el primer secretario general que no pertenecía al Partido Comunista. Eso entonces era muy importante.
Recuerdo aquella etapa con gran satisfacción. Llegué en un momento en que el sindicato necesitaba un cambio y eso se produjo con la salida de Marcelino Camacho, que fue muy traumática. Fue fundamental para la modernización de Comisiones Obreras.
En mi etapa pusimos en marcha un gabinete técnico, con economistas. Siempre decía que cuando nos sentábamos a negociar un convenio teníamos que hacerlo con argumentos. Se potenció mucho la formación sindical. No se trataba de dar gritos, sino de usar argumentos y convencer. Y si no convences, por lo menos que sepan que sabes de lo que se habla.
Mi etapa supuso una apertura del sindicato hacia la sociedad malagueña, empezó a tener un peso. Muchas de las críticas que me hicieron es que teníamos buena relación con los empresarios… Eso me lo decían en el sector de la izquierda. Me decían socialdemócrata como una especie de insulto.
Llegaron a criticarlo por acudir al Congreso del PP de Málaga en el que fue elegido Manuel Atencia como presidente.
Se llevó a un consejo provincial del sindicato y hubo un debate de unas cuantas horas, en el que se pedía incluso mi dimisión. Eran unos tiempos en los que en las manifestaciones se gritaba aquello de "Obrero parado, patrón colgado".
¿Cómo han cambiado los sindicatos desde su época?
El sindicato forma parte de la sociedad y, desgraciadamente, la sociedad ha evolucionado. Otra cuestión clave que se da en Málaga es que en mi etapa había más movilización, más conciencia que ahora. Y para hacer sindicalismo hay un problema serio. En mi etapa, aunque se cerraron muchas empresas, había firmas como Intelhorce, con 1.000 trabajadores; Confesiones Sur, con 700… Hacer sindicalismo en una gran empresa es mucho más fácil que hacerlo cuando el tejido económico está formado por microempresas.
Tenemos una sociedad que atiende mucho más al individualismo que a lo colectivo. Y eso afecta a los sindicatos. A pesar de ello, en Málaga, Comisiones Obreras tiene unos 32.000 cotizantes. Es un número muy importante. Y cuenta con casi 3.000 delegados sindicales. Eso quiere decir que el sindicato tiene vida.
Habla usted de un cambio social que, parece evidente, impacta también sobre la política.
La situación política es horrible. Esos controles parlamentarios. Ver hoy día eso es una vergüenza. Se ha perdido el sentido de respeto. Ahora se insulta de una manera brutal; es barriobajero. Y eso va creando una desazón en la ciudadanía, una desafección que viene de la mala praxis política.
En muchas charlas con amigos recuerdo que al principio de la Transición había una clase política que, sin ser perfecta, tenía respeto, tenía formación.
"La situación política es horrible. Esos controles parlamentarios. Ver hoy día eso es una vergüenza. Se ha perdido el sentido de respeto. Ahora se insulta de una manera brutal; es barriobajero"
Y la gente se pregunta por qué crece la extrema derecha. Crece porque su voto es de la gente que está hasta las narices, aunque no vaya a solucionar los problemas ni tenga programa. Es el voto del cabrero. Eso es, para mí, lo más preocupante. Es algo que vemos en todo el mundo, como demuestra la llegada de Trump.
En España, que ha sido un país muy solidario, creo que ese cabreo y esa indignación son culpa de la clase política, que utiliza las instituciones para cosas que no son.
'Guti', con el puerto de Málaga al fondo.
¿Le tentaron alguna vez desde los dos principales partidos de la izquierda?
Es innegable que soy una persona de izquierdas, pero no tengo partido. Nunca he tenido el carnet de un partido político. Soy un poquito anárquico, poco disciplinado, y eso en un partido a veces es complicado
Sí hubo propuestas de Izquierda Unida y del PSOE para formar parte de sus listas, pero no me veía. Es cierto que en una ocasión me lo planteé en la esfera municipal, pero me duró nada, 24 horas.
¿Para ir en una candidatura del PSOE?
Sí, me lo plantearon. Pero veía que iba a tener que salir, porque no me encuadro en la idea de tener que votar sí a todo. Al final he estado donde he querido estar. Un ejemplo es el tiempo que estuve como Defensor del Ciudadano. Fue una etapa preciosa, incluso más que el sindicato. Como Defensor del Ciudadano abordaba problemas reales de la gente.
¿Qué historias recuerda?
Hubo muchas, pero sobre todo las que estaban relacionadas con el acoso inmobiliario. Me llegaron dos señoras de 80 años contándome que llevaban viviendo en una determinada calle toda su vida y que había llegado un señor con un maletín diciendo que tenían que irse en un mes. Me contaban que habían ido al Ayuntamiento y que les habían dicho que no podían hacer nada
Cuando empecé a indagar y me puse en contacto con gente de Cádiz, que ya tenían experiencia con los asustaviejas.
¿Cómo ve la situación política en Málaga capital?
Tengo muy buena relación personal con él, más allá de mis discrepancias en determinados asuntos. ¿Qué va a pasar con Paco de la Torre? Parece que tiene la intención de seguir. Como alguien a quien respeto, le diría que no siguiera. Llega un momento en que se agotan las ideas. Es como pasa en los los matrimonios, en los que no es lo mismo el primero año que el año 30. Creo que Paco de la Torre ya está bastante agotado y si me pidiera mi opinión, le diría: ‘mira Paco, has hecho ya todo lo que podías hacer; retírate, deja paso a otro’. Lo que pasa es que el Partido Popular tiene un problema con quién puede sustituir a Paco de la Torre. No debería volver a presentarse.
¿Es el mismo consejo que le daría a Dani Pérez, en el PSOE?
Creo que es un buen trabajador, pero sería bueno que diese un paso al lado. Y lo mismo ocurre en el ámbito de Unidas Podemos o de Izquierda Unida… Ese siempre ha sido el gran pecado de la izquierda, que no somos capaces de unirnos. Debería ser una asignatura obligatoria La vida de Brian.