Juan Pablo delante de su autobús.

Juan Pablo delante de su autobús. E.E.

Sociedad

Juan Pablo, el madrileño que pasó de rozar la muerte a vivir en un bus durante 8 años: "Me costó 1.200 € en el desguace"

Una pancreatitis casi le cuesta la vida y decidió dejarlo todo: un autobús reconvertido en vivienda y una finca. Ahora empieza de nuevo.

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Las claves

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Juan Pablo sufrió una pancreatitis grave que marcó un punto de inflexión en su vida y lo llevó a replantearse su futuro.

Decidió dejar su vida convencional y transformó un autobús de desguace en su vivienda, invirtiendo 48.000 euros y recorriendo festivales por España vendiendo comida.

Intentó crear un proyecto rural educativo en una finca de 10.000 metros cuadrados, pero la burocracia y la inseguridad le obligaron a abandonar la idea.

Tras vender su autobús, Juan Pablo prepara su mudanza a Filipinas, donde planea iniciar un nuevo proyecto de vida y ayudar a comunidades locales.

Juan Pablo pesaba 146 kilos y tenía un pie en el hospital cuando entendió que su vida, tal y como la llevaba, se acababa. Una pancreatitis grave le hizo ingresar de urgencia y los médicos le advirtieron de que podía no contarlo. Sobrevivió. Y desde entonces repite la misma frase cada mañana: "Me quedan cuatro días. ¿Qué voy a aprovechar para hacer?"

Esa pregunta le llevó a dejarlo todo: su ciudad, su rutina, la idea de trabajar durante décadas para jubilarse algún día. Primero fue una caravana. Después, un autobús urbano de desguace que compró en Arteixo (A Coruña) por 1.210 euros y en el que terminó invirtiendo 48.000 para convertirlo en su casa.

Placas solares, aire acondicionado, lavadora, un pozo propio para el agua. Una vivienda sobre ruedas con la que recorrió festivales de toda España vendiendo hamburguesas y perritos calientes.

Para poder aparcarlo si algún día se averiaba, compró junto a dos amigos una finca de 10.000 metros cuadrados, donde llegó a criar ovejas y gallinas y soñó con montar un centro rural para escolares. La burocracia frenó el proyecto y el miedo a los robos, pese a las cámaras y el vallado electrificado, acabó pesando más que la tranquilidad que buscaba.

Ahora, después de años viviendo así, Juan Pablo, conocido en redes como Juampybus, ha vuelto a hacer las maletas. Esta vez sin el autobús: lo ha vendido. Su próximo destino es Filipinas.

Una enfermedad

Juan Pablo vivía en Santander y llevaba años arrastrando problemas de peso. Llegó a alcanzar los 146 kilos hasta que una pancreatitis le llevó al Hospital Universitario Marqués de Valdecilla. Según relata, los médicos llegaron a advertirle de la gravedad de su situación y de que podía no superar los siguientes días.

Se recuperó y aquella experiencia terminó provocando un cambio radical en su manera de entender la vida.

"Cada vez que me levanto digo: me quedan cuatro días", explica. Desde entonces comenzó a preguntarse qué sentido tenía trabajar seis días a la semana para disfrutar únicamente de uno y disponer de unas pocas semanas de vacaciones al año.

Tras separarse, decidió abandonar Santander y trasladarse a Madrid. Llegó prácticamente sin nada y comenzó viviendo en una caravana junto a su perro.

Durante unos cinco años recorrió festivales por España con la caravana y un coche, donde se ganaba la vida vendiendo comida: hamburguesas, perritos calientes, fajitas y refrescos. El problema era que no podía dejar al animal encerrado durante horas en un espacio tan pequeño. Necesitaba algo más grande.

Un autobús

Fue entonces cuando apareció la oportunidad. Encontró un autobús en un desguace de Arteixo y decidió comprarlo por 1.210 euros. El vehículo había sido utilizado como servicio público y todavía conservaba buena parte de sus características originales.

Juan Pablo se lo llevó conduciendo hasta Madrid con únicamente la documentación de compraventa. "Me la jugué", reconoce.

Una vez en Madrid comenzó el proceso para convertirlo en una vivienda. Y ahí apareció el principal problema: la burocracia.

El autobús no podía pasar directamente de vehículo de servicio público a vivienda particular. Primero tenía que cambiar su clasificación y posteriormente conseguir el permiso de circulación correspondiente.

Autobús de Juan Pablo

Autobús de Juan Pablo Foto cedida

El proceso se prolongó durante un año y medio. Incluso llegó a producirse un problema informático con el sistema de Tráfico después de que Juan Pablo redujera considerablemente el número de plazas del vehículo. "Tuvieron que cambiar el programa de Tráfico de España para poder sacarme el permiso de circulación", asegura.

Su nueva vivienda

Una vez solucionado el papeleo comenzó la verdadera transformación. Lo que había comprado por poco más de mil euros terminó convirtiéndose en una vivienda equipada para poder vivir en ella durante largos periodos de tiempo.

El coste final rondó los 48.000 euros, una cantidad muy superior a los 1.210 euros que pagó inicialmente por el autobús.

La vivienda sobre ruedas llegó a contar con instalación de placas solares, aire acondicionado, lavadora, estufa y diferentes sistemas para garantizar el suministro de agua y electricidad.

La energía procedía principalmente de los paneles solares. Para el agua utilizaba un pozo situado en la finca donde terminó instalándose.

"La luz me la proporcionan los paneles solares. El agua lo que hice fue hacer un pozo", explica.

Autobús de Juan Pablo por la noche

Autobús de Juan Pablo por la noche Foto cedida

El objetivo era poder vivir con la menor cantidad posible de gastos fijos y, al mismo tiempo, mantener unas condiciones que le permitieran quedarse durante años en el mismo lugar.

Festivales

Durante una primera etapa, el autobús siguió siendo también una herramienta de trabajo. Juan Pablo continuó desplazándose a festivales y eventos, donde instalaba su puesto de comida.

Llegó a hacer cinco o seis festivales al año y asegura que los ingresos le permitían vivir, aunque sin grandes lujos.

Pero el autobús también tenía un inconveniente: era un vehículo pesado y mantenerlo y asegurarlo resultaba caro. La asistencia en carretera para un vehículo de más de 3.500 kilos suponía un gasto importante.

Fue entonces cuando surgió otra idea: comprar una finca donde poder dejar el autobús si algún día sufría una avería.

La finca, adquirida junto a dos amigos, terminó convirtiéndose en mucho más que un lugar donde aparcar el vehículo.

Una finca

Juan Pablo comenzó a criar animales y llegó a tener ovejas y gallinas. Las primeras tenían incluso una función práctica: ayudarle a mantener limpia de vegetación una parcela de alrededor de 10.000 metros cuadrados.

La idea inicial de los tres amigos era mucho más ambiciosa. Querían crear allí una especie de centro de ayuda donde impartir cursos, recibir escolares y enseñar a los niños cuestiones relacionadas con la agricultura y la crianza de animales.

Autobús de Juan Pablo por la noche

Autobús de Juan Pablo por la noche Foto cedida

Sin embargo, según explica Juan Pablo, la burocracia terminó haciendo inviable el proyecto.

La normativa y los requisitos necesarios para recibir grupos de escolares, desde las condiciones de la cocina hasta los servicios sanitarios y otros medios de seguridad, hicieron que aquella idea no pudiera desarrollarse como habían previsto. Además, vivir allí tenía otro inconveniente.

Aunque la finca ofrecía tranquilidad y aislamiento, Juan Pablo asegura que también terminó generándole preocupación por la posibilidad de sufrir robos.

Instaló cámaras de seguridad y llegó incluso a electrificar parte del perímetro exterior de la finca. Pero ni siquiera esas medidas consiguieron eliminar la sensación de inseguridad.

"No vives tranquilo", explica. El problema no era únicamente lo que pudiera ocurrir dentro de la propiedad, sino la imposibilidad de marcharse durante varios días sin preocuparse por lo que pudiera pasar.

Aquella situación, unida a las dificultades burocráticas y al coste de mantener el proyecto, terminó llevándole a tomar una decisión: venderlo todo.

Autobús de Juan Pablo

Autobús de Juan Pablo juampybus (Youtube)

Ahora, después de años viviendo de una manera completamente diferente a la convencional, prepara un nuevo cambio.

Filipinas

Juan Pablo ya ha vendido el autobús y tiene previsto marcharse a Filipinas. Su intención es alquilar allí una finca, explica que no puede comprarla directamente, y construir poco a poco un nuevo proyecto de vida.

Su principal fuente de ingresos actualmente son sus redes sociales, donde cuenta con comunidades en plataformas como YouTube, Twitch y Kick. No asegura obtener grandes cantidades de dinero, pero considera que sus ingresos pueden permitirle vivir en un país donde el coste de vida sea menor.

"Aquí en España es muy difícil", sostiene. En Filipinas, donde calcula que muchas personas viven con salarios de entre 150 y 200 euros, cree que sus ingresos pueden darle una mayor capacidad económica.

Su intención no es simplemente trasladar su vida española a otro país. También quiere aprovechar el proyecto para ayudar a las comunidades locales.

Habla de comprar alimentos, material escolar, botas, lápices o incluso instalar una impresora para que los niños puedan realizar sus deberes.

Incluso plantea organizar actividades para ellos y proyectar películas en pequeñas comunidades donde, según explica, algunos niños no tienen acceso habitual a un cine.

La novela

La historia de Juan Pablo tampoco se limita a su particular vivienda. Durante la pandemia comenzó a escribir una novela, 'Reboting the World', una historia de ciencia ficción en la que una inteligencia artificial creada para solucionar los problemas del planeta llega a una conclusión inquietante: los propios seres humanos son quienes generan esos problemas.

La trama comienza durante un confinamiento y tiene como escenario una finca similar a aquella en la que el propio Juan Pablo vivió con su autobús.

Juan Pablo asegura que ya ha hablado con productoras interesadas en llevar la historia a la pantalla, aunque todavía necesita ampliar el contenido para convertirla en una serie de mayor duración. Ahora tendrá tiempo para continuar desarrollándola desde Filipinas.

Después de comprar un autobús urbano por 1.210 euros, invertir 48.000 en convertirlo en su casa, recorrer España y vivir durante años entre placas solares, animales y una finca, Juan Pablo vuelve a hacer las maletas. Esta vez no se lleva el autobús. Lo ha vendido.

Se lleva consigo una forma de entender la vida que empezó después de una enfermedad y que, según cuenta, le hizo dejar de pensar en lo que podía hacer dentro de unos años para preguntarse qué quería hacer hoy.