Isabel Díaz Ayuso abrazada a una niña tras un mitin.

Isabel Díaz Ayuso abrazada a una niña tras un mitin. Fernando Villar EFE

Sociedad

Por qué los madrileños son más abiertos que los catalanes: el hábito social que les hace ser un "pueblo sin complejos"

Mientras los residentes en la capital están acostumbrados a vivir la noche y en la calle con encuentros espontáneos, el catalán suele poner barreras.

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Las claves

Los madrileños tienen fama de ser sociables y receptivos, recibiendo con los brazos abiertos a quienes llegan a la ciudad.

En contraste, los catalanes, especialmente en Barcelona, son percibidos como más reservados y cautos con los desconocidos.

La tendencia de los madrileños a socializar en la calle, bares y terrazas contribuye a su imagen de pueblo abierto y sin complejos.

Estos estereotipos tienen raíces culturales y sociales, pero pueden variar según barrio, edad, clase social y contexto individual.

Medir a todo un pueblo por los estereotipos históricos que este genera es algo que todos hemos hecho alguna vez. Por ello, a los andaluces siempre les persigue la fama de fiesteros y perezosos, aunque luego realmente no sea así.

O a los catalanes de tacaños, aunque eso dependa de cada persona. Y sin ir más lejos, a los madrileños siempre se les ha considerado chulos o que, al menos, se consideran por encima del resto.

Sin embargo, esta no es la única atribución que se llevan los habitantes de la capital y de la Comunidad. A los madrileños también se les conoce por otro tipo de comportamientos que, en muchos casos, están relacionados con sus conductas y con sus hábitos de vida.

Se dice que las personas que residen sobre todo en la capital suelen ser muy receptivos y sociables. Es decir, que casi siempre están con los brazos abiertos esperando para recibir a todos aquellos que llegan a la ciudad, ya sea por estudios, por trabajo o simplemente por buscar una nueva vida en una urbe que tiene el movimiento por bandera.

Para muchas personas, esta personalidad de los madrileños, que muchas veces se descubre mejor gracias al poder del ocio nocturno, contrasta con la que tienen muchos catalanes. Y, sobre todo, las personas que residen en Barcelona.

Ellos suelen ser más reservados, afianzando sus relaciones personales entre los miembros de un mismo entorno, pero mostrándose más cautos con la gente fuera.

Es por ello que, en líneas generales, se tiene esa concepción de la confrontación entre madrileños y catalanes. Unos más abiertos y otros más herméticos. Un choque cultural que además se acentúa con ciertas influencias culturales y que ha quedado incluso recogido por algunos estudios sociales y psicológicos.

¿Por qué los madrileños son más abiertos?

Realmente, no hay un principio científico que indique que los madrileños son personas más abiertas que los catalanes. Más bien es una herencia cultural que ha ido pasando de generación en generación.

No obstante, sí hay tradiciones que vienen a confirmar una tendencia genérica. Algo así como un estereotipo que se cumple más veces de las que no. Y es ahí donde intervienen los estudios psicológicos que se han hecho al respecto y que suelen mostrar al madrileño como una persona menos "cerrada, orgullosa e individualista" que el catalán.

Además, estas mismas corrientes indican que el madrileño se ve a sí mismo más simpático y encantador, lo que también hace que el resto le consideren con actitud "de prepotencia o chulesca". Sin embargo, estos clichés no solo tienen que ver con la tradición y con estereotipos, sino también con conductas y formas de vida.

El hecho de que el madrileño esté más acostumbrado a hacer más vida en la calle, en los bares y terrazas, lo convierte en un animal sociable por naturaleza. Por otro lado, el catalán contrasta al ser una persona que impone barreras naturales como el idioma, con el cual protege su cultura respecto a los invasores.

No obstante, como todo, estas supuestas concepciones dadas no son dogmas de fe que haya que creer al pie de la letra, y también dependen, tanto en madrileños como en catalanes, de factores como el barrio, la edad, la clase social o el contexto en el que se encuentren.