María y Miguel, funcionarios de la prisión de Aranjuez que sufrieron una grave agresión el pasado domingo.

María y Miguel, funcionarios de la prisión de Aranjuez que sufrieron una grave agresión el pasado domingo. Cedidas

Sociedad

María y Miguel destapan el infierno de la cárcel de Aranjuez: un intento de violación y agresiones

El pasado domingo, esta funcionaria de prisiones sufrió un intento de violación por parte de un preso. Su compañero terminó muy grave por defenderla. 

25 noviembre, 2023 02:44

La cárcel de Aranjuez fue este domingo el escenario de una macabra escena. Un preso conflictivo, con antecedentes por violencia sexual, secuestro y numerosas órdenes de alejamiento, intentó violar a una funcionaria y agredió violentamente al compañero que fue en su defensa. 

Los protagonistas de esta triste historia son María y Miguel Ángel, veteranos funcionarios de esta prisión madrileña, que han decidido dar la cara para contar el episodio más terrible de su carrera profesional, y denunciar la indefensión y el abandono que sufren los funcionarios de prisiones por parte del Ministerio de Interior.

Ambos están de baja. Miguel tiene numerosas fracturas en todo el cuerpo y tardará alrededor de un año en volver a caminar. Ella, físicamente, está mejor, pero el trauma vivido se revuelve en su cabeza como una pesadilla. Este es el relato de María desde el otro lado del teléfono: 

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"Estaba siendo una mañana relativamente tranquila. Después de comer subimos a los internos a las celdas de la manera que solemos proceder. Estábamos dos funcionarios en el módulo: Miguel Ángel y yo. Primero subió Miguel con los internos de la segunda planta y cuando ya los de la segunda estaban cerrados, subí yo con los de la primera. Los internos los subimos en dos tandas, primero suben el grueso de internos y luego siempre auxiliares que se dedican a la limpieza o bien alguna persona que tiene autorizada una llamada a esas horas y demás".

"Acto seguido, cuando ya todos están en sus respectivas celdas, realizamos el recuento para comprobar que efectivamente están todos. Aquel día subieron casi todos, nos imaginamos que todos, porque no habíamos hecho el recuento, pero ya prácticamente para nosotros teníamos 64 internos. Imaginamos que ya todo el mundo estaría arriba y nos disponíamos a bajar a por las tablillas donde figuran los internos que viven en cada celda".

"Bajábamos tranquilamente. Entonces cuando bajábamos mis ojos se fijaron en el rellano que lo vi un poco extraño, cuando realmente acababa de subir hacía escasos diez minutos y no había visto nada parecido. Había muchas hojas de revista que eran imágenes de revistas de contenido pornográfico, arrancadas, colocadas, o sea, no estaban puestas al azar, estaban como colocadas tapando en la mitad del espacio del relleno de la escalera. Y luego estaba también una chaqueta de tipo chándal, también cuidadosamente colocada, como si alguien se fuese a sentar encima a tomar algo".

"Acto seguido, salió un interno que estaba agazapado del último tramo de la escalera. Nos agredió sin mediar palabra. Se abalanzó sobre mí, me cogió por el cuello, me manoseó y Miguel en ese momento cogió el walkie para intentar pedir refuerzos. En ese momento el interno se abalanzó sobre Miguel, le arrebató el walkie y ya ahí empezaron a forcejear y tiró a Miguel por las escaleras".

"Yo no podía bajar porque las escaleras estaban ocupadas con ellos. Intenté de alguna manera poder escurrirme por algún hueco, pero ya el interno se abalanzó sobre mí, me sometió, me agarró el cuello muy fuerte, me aplastó contra la pared gritando: 'Te voy a matar, te voy a matar'. Yo intentaba forcejear, pero imposible. No podía soltarme ni un centímetro. Nada".

"Mi compañero Miguel, ya en ese momento malherido, intentó levantarse y agarrarle por la pierna. Entonces yo, que seguía forcejeando continuamente, ahí sí pude escaparme. Me escapé, corrí escaleras abajo gracias a la valentía de Miguel. Estando tan mal, todavía tuvo ese arrojo para intentar sacar algún partido de esa situación".

"Y como digo, escapé corriendo, ya llamando auxilio a los funcionarios que estaban ya abajo en la cabina, en la zona de seguridad, funcionarios del módulo justo de al lado que ya habían terminado su cierre. Y entonces fueron alertados. El interno en ese momento me dio alcance de nuevo. Él se abalanzó sobre mí. Me volvió a coger por el cuello, tirándose encima de mí y diciéndole a los funcionarios que si entraban me mataba".

"Los funcionarios no se lo pensarán dos veces. Consiguieron entrar rápidamente y ahí consiguieron liberarme, sacarme al interno de encima y trasladarlo a un departamento de seguridad interna. Fue así. No sé el tiempo que pasó. Imagino que diez minutos o así. Terrible. Terrible".

Las secuelas

Fruto de esta brutal agresión, Miguel tiene esguinces de segundo grado en ambos pies, una vértebra rota, tres costillas rotas -y varias fisuradas-, el dedo índice de la mano derecha con capsulitis y edema óseo, rotura múltiple del calcáneo y afectación del astrágalo. Ahora vive postrado en un sofá a la espera de varias operaciones.

María, por su parte, sufrió moratones, contusiones y arañazos. "Tuve durante una semana dificultad para abrir la mandíbula porque la presión en el cuello era hacia esa zona de la mandíbula y no podía abrir la boca correctamente. Y un pequeño hematoma en la cabeza que ya se me quitó".

Su mayor herida no es física. "Ayer mismo me vio la psiquiatra y me diagnosticó un episodio agudo de estrés y ya me citó para atención psicológica y estoy ya a la espera de que me llamen".

Los funcionarios protestan de que estas son las tempestades de unos vientos que se llevan sembrando desde hace mucho tiempo. Ambos están sindicados en Tu Abandono me Puede Matar, agrupación sindical de funcionarios de prisiones, cuyo nombre lo dice todo.

Los compañeros de estos funcionarios se manifestaron este miércoles a las puertas del penal de Aranjuez como muestra de apoyo a los compañeros, y para reivindicar, de nuevo, mejores condiciones de trabajo.

"Estamos abandonados por parte del Ministerio de Interior, por parte de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, por parte de la Dirección de Madrid. Llevamos varios años haciendo las mismas reivindicaciones. No pedimos cada año una cosa nueva", protesta Miguel, inmovilizado, desde el sofá de su casa.

"Nosotros queremos ser reconocidos como agentes de autoridad. Eso al erario no le supone ningún gasto. Nos llevamos las manos a la cabeza cuando entendemos y sabemos que un profesor frente a sus alumnos tiene condición de agente de autoridad, que un médico frente a sus pacientes tiene condición de agente de autoridad, que si un paciente le pega una torta a un médico, eso es atentado contra autoridad".

"A nosotros nos pegan una paliza, como en este caso un interno, y no somos agentes de autoridad. O sea, no, a este interno no le va a caer una pena de 1 a 4 años, que es lo que está establecido".

"Pero aparte de esta reivindicación de agente de autoridad, queremos que nos doten de medios. La gente nos pregunta: '¿Qué armas lleváis allí para defenderos?' No, armas ninguna, no es como en las películas. Nosotros llevamos un bolígrafo para apuntar. No tenemos ningún tipo de pistolas taser. Hasta hace poquito sí que se utilizaban las esposas para las reducciones". Pero ya, ni eso.

"Vamos a peor"

"Vamos cuesta abajo y sin frenos", prosigue María. "Vamos a peor con menos medios humanos, de formación, incluso de información. Miguel y yo trabajamos en un módulo conflictivo y nosotros no teníamos información de que este interno tenía antecedentes de secuestro, agresión sexual, multitud de órdenes de alejamiento y delitos relacionados con violencia de género". De haberlo sabido, "estaríamos más alerta", y quizás otro gallo hubiese cantado.

María lleva 16 años y jamás había sufrido algo así. Eso sí, la violencia sexual contra las funcionarias es un constante en las prisiones, según denuncia. "En los últimos años estamos entrando muchas mujeres y cada vez estamos en un entorno más hostil".

"Hay agresiones de tipo sexual, insinuaciones, manoseos, masturbaciones. Todas estas agresiones se tratan de una manera que no ocurre como en la calle. Allí una mujer sufre una agresión de tipo sexual, se la considera víctima de violencia de género. Yo, dentro de un centro penitenciario, sufro una agresión de tipo sexual y el interno digamos que se va de rositas. Es como una agresión genérica".