Restos óseos esparcidos en una de las mesas del área de Antropología del Instituto de Medicina Legal de Madrid.

Restos óseos esparcidos en una de las mesas del área de Antropología del Instituto de Medicina Legal de Madrid. Jaime Susanna

Sociedad

En el 'donut' de Madrid donde diseccionan la muerte: "No es una morgue ni el CSI"

Madrid Total recorre el interior del peculiar edificio de Valdebebas, que alberga desde 2020 el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses (IML) de Madrid. 

12 febrero, 2023 01:44

Cada día, los trabajadores del 'donut' de Valdebebas, en el norte de Madrid, estacionan su vehículo en el parking de la planta -2 del edificio. A simple vista, parece un aparcamiento subterráneo más. Pero uno se percata enseguida de que no lo es. No tiene columnas, sus plazas son muy anchas y en las paredes hay cajetines con salidas para enchufes. "Las 32 plazas están preparadas para convertirse en camas de autopsia", revela Eduardo Andreu, director del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses (IML) de Madrid, el organismo que ocupa este peculiar edificio desde finales de 2020.

El 'donut' es la única estructura que se levantó del fallido Campus de la Justicia que proyectó Esperanza Aguirre. Le debe su apodo a su forma de enorme rosco de color plateado. Está ubicado entre solares, junto al Hospital Isabel Zendal y muy cerca de la ciudad deportiva del Real Madrid. A pesar de que aún no estaba en marcha, el inmueble se estrenó como morgue provisional en primavera de 2020, durante los meses más duros de la pandemia. 

El traslado a esta nueva sede ha significado un antes y un después para el trabajo de los forenses en la Comunidad de Madrid. Dejaron atrás el viejo edificio del Instituto Anatómico Forense en la Facultad de Medicina de la Ciudad Universitaria, donde se realizaron autopsias de tragedias como el 11-M, el accidente de Spanair o de los asesinados por ETA.

El 'donut' de Valdebebas, el edificio que alberga la sede del IML.

El 'donut' de Valdebebas, el edificio que alberga la sede del IML. Jaime Susanna

En el IML se va más allá. Su servicio de Patología es lo que sería el antiguo Anatómico Forense. El 'donut' centraliza todas las autopsias de la región y no solo las de las víctimas fallecidas en la capital o la de casos más especiales. Cuenta con 205 cámaras frigoríficas y 18 puestos para realizar autopsias -a los que hay que sumar las 32 plazas del parking-.

El edificio de Valdebebas tiene seis plantas: dos subterráneas y cuatro sobre cubierta. Todas ellas tienen forma circular. El personal trabaja en los anillos exteriores de cada nivel. Las zonas interiores están ocupadas por almacenes y baños. Toda la estructura gira en torno al 'agujero del donut', un enorme vestíbulo recubierto por una carcasa con forma de bombo de la lotería.

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Es fácil perderse si uno no conoce el edificio. El interior del 'donut' es luminoso, con paredes y suelos de colores claros. De hecho, entra luz natural incluso en la primera planta sótano. Pero el diseño de los pasillos y las habitaciones es complejo. Está pensado para que las zonas 'sucias' -aquellas donde se trabaja directamente con los cuerpos- queden aisladas del resto de espacios. Se evita así que nadie se cuele sin querer en una sala de autopsias o en áreas de riesgo biológico y que el olor que desprenden los cadáveres se expanda de una planta a otra. En cada piso están los puntos cardinales señalizados en la pared. 

Eduardo Andreu, director del Instituto de Medicina Legal.

Eduardo Andreu, director del Instituto de Medicina Legal. Jaime Susanna

Eduardo Andreu atiende a Madrid Total el miércoles a mediodía. Nadie como él para enseñar los interiores del edificio de Madrid donde se 'estudia la muerte'. Lleva 34 años trabajando como médico forense; casi la mitad de ellos, en puestos de gestión. En 2006 asumió la dirección del Anatómico Forense. Cuando se puso en marcha el IML, también fue el elegido. Pero Andreu no ha 'colgado la bata': sigue realizando autopsias y cumpliendo guardias en los Juzgados de Plaza de Castilla. También da clase en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid.

Cuando habla, el director del IML imprime seriedad, pero también pasión por el moderno diseño del 'donut' y sus profesionales. Defiende a capa y espada la disposición compleja del edificio como un escudo para proteger la "dignidad" de los cadáveres y de los familiares a los que les toca pasar el trauma de acudir al edificio. "Somos muy cuidadosos en que no haya ninguna filtración en relación a casos que son judiciales, tenemos la obligación de preservar todos los datos", señala.

10 nuevos cadáveres al día

Cuando uno atraviesa la puerta principal del 'donut' y entra a la planta cero, se sorprende por su luminosidad. En este nivel están las dos aulas donde enseñan a fiscales, estudiantes o a los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad del Estado. Cada sala dispone de una mesa de autopsia tamaño XXL. La biblioteca, los despachos de los psicólogos del centro y de los trabajadores sociales que tratan con las familias también se encuentran en este piso.

En la planta -1 se extreman las medidas de seguridad. Acoge el servicio de Patología, salas múltiples de autopsias, cámaras de refrigeración y una sala de bioseguridad de nivel 3, la joya de la corona del IML. Los cuerpos ingresan por un aparcamiento específico construido en este nivel. Aquí también se trabaja la 'parte sucia' del servicio de Antropología, es decir, el proceso de limpieza de los huesos de los restos cadavéricos.

Cada día, ingresan en torno a 10 nuevos cadáveres en el IML. En uno de los pasillos de la planta -1 el olor es fuerte, aunque no insoportable. "Este olor es el habitual en un servicio de Patología. Se intenta limitar a esta zona", explica Andreu. Justo al lado de este mismo pasillo está uno de los vestuarios de los técnicos de autopsias, donde no se percibe ningún aroma.

Cámaras individuales del IML.

Cámaras individuales del IML. Cedida

Por una "cuestión de humanidad" -detalla el director del IML- el objetivo de los forenses es entregar el cadáver lo más rápido posible a las familias afectadas. "Es una situación de trance y estrés" para ellas. Cuando ingresa el fallecido, primero se le toman sus datos -en la medida de lo posible-. Después, el especialista realiza la autopsia y elabora un primer informe. Más adelante, se eleva al juez instructor un estudio definitivo.

Durante el proceso de autopsia, los cadáveres pasan por cámaras de refrigeración a 4 ºC grados de temperatura. Si resulta que cuesta más identificarlo, se trasladan a cámaras de congelación a -18 ºC. Como máximo, un cuerpo puede pasar hasta cuatro meses en las cámaras de congelación del 'donut'. Después, es la Comunidad de Madrid, tras un proceso burocrático complejo, la encargada de dar sepultura a estos restos.

Una treintena de cámaras averiadas

De las 123 cámaras frigoríficas individuales del Instituto de Medicina Legal, unas 30 están estropeadas desde hace semanas por un problema con sus baterías, confirma Eduardo Andreu. "Hay que estar pendiente y vigilante (...) No existe una situación de alarma", asegura el director del centro, que niega que estas averías hayan generado fuertes olores y un riesgo de saturación. "Hay cámaras individuales vacías", añade. El IML recibirá el 20 de febrero desde Italia las nuevas baterías que sustituirán a las de las cámaras averiadas.

A Andreu le chirría que se asocie el IML con una morgue: "Es una palabra que no me gusta nada. Una morgue es un depósito de cadáveres y el Instituto no lo es en ningún caso. Salvo en situaciones de emergencia, que es algo excepcional, los cadáveres ingresan para un estudio técnico científico".

El orgullo del IML

Durante parte del recorrido con este diario, el director del 'donut' está acompañado por Juan Manuel Cartagena, el jefe del servicio de Patología del centro. Los dos presumen de la sala de bioseguridad de nivel 3, también en la planta -1. "Ningún Instituto de Medicina Legal en España la tiene", asegura Andreu. "Fue el origen de la puesta en marcha de este edificio", revela.

Sala de bioseguridad del IML, en la planta -1.

Sala de bioseguridad del IML, en la planta -1. Jaime Susanna

La sala permite diseccionar a los cadáveres con enfermedades infecciosas -como con meningitis, tuberculosis o covid en su día- que pueden suponer un riesgo para la población. El cuarto es de tamaño medio. Tiene una cama de autopsia de tamaño XXL en el centro de la sala y tres cámaras frigoríficas empotradas en la pared. Pero lo que la hace especial es su sistema de ventilación negativo y de depuración de agua. Quien utilice este recurso, deberá ducharse en uno de los cuartos 'estanco' anexos a la sala.

Bajo el suelo de la -1 se sitúa la planta más profunda, la -2, que alberga el peculiar aparcamiento diseñado para responder a grandes catástrofes. Cada plaza cuenta con una salida electrónica para "acceder a bases de datos". El sistema de alcantarillado también está preparado para casos de emergencia. Aunque, por ahora, el parking solo ha servido para que el personal estacione sus coches.

Fluidos, órganos y huesos

Las plantas que están sobre cubierta acogen a los laboratorios. En el nivel 3 trabaja el área de Toxicología. Estudian si el fallecido padecía patologías previas o si había ingerido algún tipo de sustancia, como drogas, psicofármacos o medicamentos.

Un piso más arriba se encuentra otro laboratorio, el de Histopatología, donde analizan con microscopio los tejidos de los órganos extraídos durante la autopsia. Las muestras llegan a esta sección en un ascensor que conecta con la planta -1.

Mapeo de las partes de un corazón realizado por el área de Histopatología.

Mapeo de las partes de un corazón realizado por el área de Histopatología. Jaime Susanna

La sección de Antropología está comandada por el médico forense Enrique Dorado, autor del libro 'Lo que cuentan los muertos'. El laboratorio impresiona: los forenses trabajan con los restos óseos esparcidos en mesas. Analizan los huesos de los cadáveres en los que se complica la identificación, ya sea porque los cuerpos están quemados, putrefactos o descuartizados. Su trabajo -explica Dorado- "siempre" es el mismo: descubrir quién es el cadáver no identificado, cuándo murió y cómo.

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"La antropología requiere mucho tiempo, dedicación y paciencia. No todo es tan fácil como parece", afirma Andreu. Como anécdota, el director del IML recuerda que, en tiempos del Anatómico Forense en Ciudad Universitaria, Dorado le pidió presupuesto para comprar unas sierras en Leroy Merlin para averiguar cómo seccionaban una parte concreta del hueso.

Andreu desmonta la imagen de los forenses que se idealiza en televisión. Fuera de la ficción, se trabaja con ritmos más reposados: "¡Esto no es el CSI!".