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Las claves

Las claves

Guille Galván, guitarrista de Vetusta Morla, debuta en solitario con el disco 'Nadie con ese nombre vive aquí', inspirado en vivencias personales y familiares.

El proyecto nace durante el parón de Vetusta Morla, permitiendo a Galván explorar un sonido más íntimo y artesanal, grabando en casa y priorizando la emoción sobre la perfección técnica.

El disco aborda temas como el duelo, la familia, la infancia y el crecimiento, reflejando su deseo de conectar de manera más directa y sincera con el público.

Galván resalta la importancia de la autenticidad en la música, alejándose de la presión por los números y valorando la conexión real con los oyentes.

Guille Galván, guitarrista de Vetusta Morla, ha hecho suya la máxima más preciada de la escritura, esa que te lleva a buscar la pluma por necesidad vital. Y esa voluntad, la de construir historias, la ha ejercido buscando en lo más profundo, en lo más íntimo. Con su instrumento y su voz; con sus memorias, sus recuerdos de hogar y su estudio como ágora de creación. Con todo ello, ha construido su primer disco en solitario: Nadie con ese nombre vive aquí —ya disponible en todas las plataformas desde el pasado viernes—.

El título nace inspirado por una de esas canciones que acompañan a quien las escucha durante toda su vida: My Father’s House, del disco Nebraska, de Bruce Springsteen. En el tema, una persona sueña con que vuelve a la casa familiar donde se crió, toca la puerta y alguien sale y le dice: ‘Nadie con ese nombre vive aquí’.

Y algo parecido le pasó al propio Guille Galván, que el día que se citó con Laura C. Vela —responsable de crear la imagen de su portada— se encontró llegando a un estudio que estaba a tan solo cinco metros de la casa de su juventud. No había vuelto en décadas y allí ya nadie le esperaba ni le conocía.

“Quería que quien escuchara el disco sintiera que estaba conmigo dentro de una habitación escuchándolo”, explica en esta entrevista con EL ESPAÑOL. De ahí la calma con la que lo creó, sin referencias externas, aprovechando los dos años de parón de Vetusta Morla, con “los pajarillos y el tren” como únicas bandas sonoras. Y con un aval inapelable, quizá el único que debiera importar en cualquier representación artística, la de armar canciones desde el corazón.

P.—¿Por qué esta aventura en solitario?

R.—Llevo más de 20 años escribiendo canciones y, durante esta última época, por distintas razones, tenía la necesidad de encontrar una manera de escribir para mí. Quería trabajar mi propia voz y construir un espacio que no tuviera que ver con los grandes recintos —que por suerte he podido disfrutar con el grupo—. Tenía la necesidad de relacionarme con las canciones y con lo que hacía desde un lugar casi de origen, primigenio.

P.—¿Qué le dijeron sus compañeros de Vetusta Morla cuando les contó que iba a hacer un disco en solitario?

R.—Fue a los primeros que se lo dije. El disco lo empecé a grabar en casa y prácticamente nadie sabía que lo estaba haciendo. Se lo conté a mi mánager y a mis compañeros. Todos hemos hecho cosillas por nuestro lado. Me animaron y me hizo mucha ilusión su apoyo.

P.—De momento no ha anunciado fechas para presentarlo en directo. ¿Lo hará?

R.—Me gustaría hacerlo, pero lo quiero preparar bien y en un momento en el que no esté de presentación de gira y de promoción. Será más adelante, cuando pueda darle forma al espacio que te decía que estaba intentando pensar.

Pero no he hecho esto para montar otra banda, sino para tener un proyecto con el que pueda relacionarme de cara a cara tanto con las canciones como con el público en sitios más pequeños.

Guille Galván.

Guille Galván. David Morales EL ESPAÑOL

P.—Pasa de estar en la retaguardia a pasar al primer plano. ¿Cómo lleva eso?

R.—Ya lo he vivido de alguna otra forma, como cuando he publicado los poemarios, o con las bandas sonoras. Y es verdad que hay una parte de esa soledad que es bonita y otra que da vértigo.

P.—¿Qué le da vértigo?

R.—Me ha dado vértigo componer, grabar un disco, transitarlo y terminarlo. El vértigo inicial era hacerlo. Ese ha sido el click más grande. El resto (la promoción, las entrevistas...). Para mí eso no es algo nuevo. Forma parte de lo que suelo hacer: crear discos, contárselos a la prensa y promocionarlos.

P.—¿En qué momento concreto pensó: voy a grabar un disco?

R.—Tenía muy claro que quería hacer algo que no tuviera que ver con la manera en la que trabajo en el grupo. Por eso decidí salir con una canción que es a guitarra y voz: En qué momento dudé de ti. En todo esto había algo de ir a pecho descubierto, de ir tan desnudo, que me excitaba de verdad. Tenía la necesidad de hacerlo.

Durante los últimos dos o tres años he ido trabajando esa parte y he encontrado una serie de canciones con diferentes temáticas que no eran para el grupo, sino que eran para hacerlo yo con mi voz.

P.—Grabó las canciones mientras su padre tenía cáncer. ¿Cómo se compagina algo así con la creación del disco?

R.—Lo que estás haciendo y cómo lo haces acaba formando parte de una misma cosa. Y el parón con Vetusta Morla también tuvo que ver con pasar tiempo con los míos, preparar un duelo y al mismo tiempo celebrar lo que tenía.

En momentos tan duros, como cuando hay enfermedades o pérdidas, te das cuenta de que hay mucho que honrar y que celebrar por parte de todos los que nos quedamos. Y para mí ese fue el chip, que estaba haciendo un disco que hablaba de mi gente más cercana. De gente con la que no había tenido ese arrojo de hablar o de poner en valor porque al final son cosas como más privadas.

Me di cuenta que necesitaba hacer un disco que pusiera en valor a la gente que me hace ser quien soy y que me da soporte y amor. Entonces, empecé a hablar sobre mí y me di cuenta de que escribía sobre mis hijos, mi pareja, mis amigos...

Esa ha sido la linterna que me ha ido llevando a pensar que era un proyecto en sí mismo, que además hago en un momento de ecuador de mi carrera, con 45 años y más de 20 años dedicado a escribir canciones. Y surge también de tener un espacio, sea más grande o más pequeño, donde sienta que estoy contando cosas que necesito contar.

Muchas veces, cuando escribes las canciones, lo más difícil es saber de qué quieres hablar o de qué es importante hablar. No le das la misma importancia a las cosas cuando tienes 25 años que cuando eres más mayor. Lo importante es que sean importantes para uno. Y que eso sea el motor para escribir.

P.—Hablando de poner en valor a esas personas que le hacen ser quien es. Tiene una canción en la que habla de sus hijos.

R.—Me he quitado el pudor de escribir de lo que quiero de una forma tan directa. Hay una canción que se llama Túnel de la M-30 que la hice un día que mi hijo me dijo que tenía miedo a hacerse mayor y olvidarse de lo que era ser niño y de sus recuerdos. Y le dije que somos como los anillos de los árboles, que aunque vayamos creciendo, llevamos dentro algo de todas esas personas que nos han querido.

P.—¿Qué le dijeron al escuchar la canción? Canta: 'Anoche te dormí tumbado entre mis piernas y hoy despiertas dando vueltas al sol; anoche te dormí y hoy sueñas por tu cuenta. Me gusta verte así, valiente en las tinieblas, tan deprisa que da miedo mi amor'. ¿La escribió cuando eran ellos pequeños (ahora tienen 12 y 15)?

R.—No, la escribí hace un año y pico. Es una canción que habla de crecer, de hacerse mayor y del miedo que da, pero también de lo fuerte que nos hace crecer con el amor de los demás y saber que aunque ya no estén, hay una parte de ellos que es nuestra.

P.—En el disco también hace referencia a su infancia cuando en Huellas al aire tararea la sintonía de Érase una vez el hombre. ¿No hay que olvidarse de lo que fuimos?

R.—Además de componer y grabar el disco, durante este tiempo, he tenido mucho contacto con material de cuando era chico y de cintas de cassette que grabábamos en casa. Me he encontrado con mi propia voz y con las primeras veces que cantaba cuando era pequeño, y era bastante emocionante en el contexto por el que estábamos pasando.

Me parecía muy chulo incluir ese fragmento de Érase una vez el hombre para que cerrara esa canción y diera paso a Túnel de la M30, que es la que viene después.

Y, por cierto, esa canción de Érase una vez es de José Luis Perales. Tuve que pedirle permiso para usarla.

P.—Siguiendo con la infancia, pero con la de sus hijos. ¿Qué le preocupa como padre?

R.—Supongo que lo mismo que a todos, que mis hijos sean felices, que tengan un futuro en el que puedan ser ellos quienes elijan su propio camino. Y que cometan sus propios errores y tratar de dejarles el mundo lo menos malo posible. Intentar también dejarles esa pasión por lo que te gusta y que tengan la sensación de que hay que luchar por lo que crees que está bien y por tus vocaciones. Eso merece la pena.

Yo me dedico a algo que el Guille pequeño jamás hubiera pensado en vivir. Me siento muy privilegiado, pero también creo que he tenido la tenacidad —incluso cuando todo estaba en contra— de creer que lo que me movía era esto y tirar para delante. Eso me gustaría que lo tuvieran. Y luego que fueran buena gente, y felices. Luego decidirán ellos. Hay un momento en el que los padres ya somos más suyos que ellos nuestros.

Guille Galván.

Guille Galván. David Morales EL ESPAÑOL

P.—¿Qué le decían sus hijos cuando lo veían en la tele, haciendo giras por toda España o llenando el Metropolitano?

R.—Es lo que han vivido desde pequeñitos. Para ellos es lo normal, no es extraordinario. Es el trabajo de papá y ya está.

P.—Volviendo al disco. Es un poco contracultural. En estos tiempos en los que parece que la IA nos va a sustituir a todos, apuesta por hacer canciones con una guitarra, con letras elaboradas...

R.—Había algo de todo esto que me ponía, que era trabajar desde la artesanía cuando el disco se podía haber hecho de mil formas distintas y con herramientas que todo lo dejan perfectamente pulido. Obviamente, algo de tecnología hay, pero haber elegido grabar guitarra y voz sin poder separar ni afinar las cosas, da una sensación muy orgánica. Yo quería desde el principio que el que lo escuchara pensara que estaba conmigo dentro de una habitación. La idea de que le estoy contando algo a alguien. Eso lo quería mantener. He intentado que, incluso las canciones que han ido creciendo a nivel de músculo y arreglos, partieran de esa sensación de intimidad.

P.—¿Cómo ve uno la música después de 20 años metido en esta vorágine?

R.—Creo que vive un momento de ebullición muy grande, en el que hay varias formas de entender la música, y creo que es un momento muy rico y muy variado también. Creo que lo difícil no es encontrar la música, sino tener tiempo para organizarla, seleccionarla y darle un espacio óptimo de escucha.

P.—¿Nos hemos vuelto un poco locos también? Cuando empezaron ustedes llenar La Riviera tres días era todo un éxito y ahora hay quien hace siete.

R.—Sucede en la música y en todos los ámbitos. Esa ansia por el dato rápido. En el periodismo, por cuál es la noticia más leída —como si significara algo—. Esa urgencia por el conteo a tiempo real de todo no le hace bien a nada que tenga que ver con tomarse su tiempo, trabajarlo...

Hay algo que me parece supernocivo, no sólo para la gente que escucha la música, sino también sobre la percepción que se tiene de los artistas. Y es que en las plataformas aparezcan el número de escuchas, los oyentes mensuales... Es como si esa información fuese lo más importante y colocara algo sin escucharlo en un determinado lugar. Dice si alguien tiene éxito o no. Y lo damos por bueno como manera de catalogarlo.

Pasa muchas veces, se estrena una película un viernes y el sábado ya sabes si va a funcionar porque ya hay datos. Es terrible. Hay gente tres o cuatro años haciendo un trabajo y en una tarde está sentenciado. Esa parte es la que arrastramos en todo lo que hacemos público.

P.—Y a veces no es mejor lo más escuchado.

R.—Siempre he aspirado a que quien escuche mis canciones considere que son importantes para él o para ella. Que le den un valor porque sean importantes en su vida. Si son 100, fenomenal; si son 1.000, también perfecto. Pero prefiero 100 personas que realmente sientan una conexión con el artista y las canciones que la gente que pasa de puntillas. Esos están hoy contigo y mañana ya no.

P.—¿Valora la lealtad?

R.—Bueno, la lealtad hay que trabajársela y ganársela, no es un cheque en blanco. Pero sí que creo que una canción que te haya cambiado la vida o que te haya hecho más feliz en un momento determinado te une con la persona que la ha hecho, y eso es algo que te tiene que durar toda la vida y que es importante para mí.

Guille Galván, durante la entrevista con EL ESPAÑOL.

Guille Galván, durante la entrevista con EL ESPAÑOL. David Morales

P.—¿Qué lección ha aprendido en todos estos años?

R.—Ninguna. ¿De qué me siento orgulloso? De haberme atrevido a recorrer el camino y haber llegado a un punto en el que, como se titula el disco, Nadie con ese nombre vive aquí. Llegas a otro lugar y eres otra persona. Te vas quitando capas de ti y van naciendo otras. Somos personas distintas a medida que pasan los años. Lo difícil es mantener los pilares fundamentales e ir incorporando y mudando lo que no te sirve de ti mismo.

P.—¿Qué es lo más valioso que le enseñó su padre?

R.—Su pasión. Me enseñó a tocar la guitarra y a jugar al fútbol, que son las dos cosas con las que más he disfrutado en la vida. Y, mira, una de ellas me da de comer.

P.—¿El fútbol?

R.—Sí, el fútbol (risas).

P.—Bueno, escribe en la revista Líbero.

R.—Sí, eso es verdad, me dan de comer las dos. Pero como tenga que vivir del fútbol, mal vamos (risas).

P.—¿Es del Madrid, no?

R.—Sí, pero este año tengo más ilusión por el Rayo. Estoy bastante desapegado del Madrid esta temporada con todo lo que está haciendo.