Manuel Robledo en su tienda de Kebah! Lab & Street Food del Bernabéu Market. El Español
El imperio de Manuel Robledo: de llevar Lizarrán a abrir un kebab en el Bernabéu y un café de especialidad a 0,70 euros
Con 68 años, tiene una larga trayectoria en la restauración madrileña. Ha gestionado cadenas como Pomodoro, Foster's Hollywood o Burger King.
Más información: El imperio de Josean Merino, con 5 tabernas en Madrid, la última en el Bernabéu: "Es el Museo del Prado del fútbol"
Manuel Robledo podría haberse retirado hace años. Pero, por ahora, y hasta que "la salud no le jubile", no entra en sus planes. "Es esa vena que se tiene; esa hiperactividad", como explica, lo que posiblemente haya hecho que tras pasar por marcas como Lizarrán, Foster's Hollywood o Burger King, a los 68 años haya preferido hacer justo lo contrario: crear dos negocios desde cero y volver a arriesgar.
Y es que, desde que empezó a emprender con tan solo 20 años, su nombre ha estado ligado a las grandes cadenas de restauración. Pomodoro, Levaduramadre o Pizza Hut han sido algunas de las que también ha capitaneado "como inversor y presidente ejecutivo" dentro de Comess Group, el grupo que fundó en los 80.
Pero, tras la pandemia, decidió dar un giro a su vida. "Me cerraron todo el negocio; 500 locales de un día para otro. Y me cambió el chip. Tenía la ilusión de hacer esto". Y lo hizo. Así se centró en sus nuevas ideas y montó de cero su propia marca de kebabs hace casi dos años: Kebah! Una propuesta que pretende innovar y "revolucionar" este tipo de comida.
Su crecimiento ha sido tal que ya cuenta con tres tiendas en la capital, esta última en donde Manuel recibe a Madrid Total para realizar esta entrevista: el Bernabéu Market, el nuevo mercado gastronómico que incluye el estadio del Real Madrid tras su última remodelación. "Este año abriremos 20 locales en total en toda España", afirma.
Se trata del primer negocio que ponía en marcha de todos los proyectos que tenía en mente. El segundo es su última novedad: Coffea -llamado así por el árbol del café-. Una cafetería de especialidad que ha abierto en octubre su primera tienda en Madrid (calle O’Donnel, 36). En este caso, la diferencia está en lo accesible de su precio, poco común para este tipo de establecimientos: a tan solo 70 céntimos.
—P.- Es empresario por naturaleza.
—R.- Soy de una familia de clase media de cuatro hermanos. Yo soy el segundo. Mis otros hermanos a ninguno les ha dado por esto. ¿A mí porque me dio? Mi padre presumía de que llevaba toda la vida trabajando en el mismo sitio: una empresa cervecera. Un día la compró una multinacional y a todos los de su generación, que habían estado 30 años trabajando ahí, les despidieron.
Les dieron un reloj y les invitaron a una comida como homenaje. Yo le acompañé. Asistí al fusilamiento de mi padre. Y mi padre tan contento porque creía que le están dando un homenaje. Yo ese día juré que a mí no me hacían lo que a mi padre. Y me encanta, aunque trabaje las 24 horas. De todas maneras, mi mujer lo entiende porque es como yo. También tiene sus cadenas.
El establecimiento Kebah! en el Bernabéu Market.
—Pregunta.- ¿Cómo comienza su historia en la restauración?
—Respuesta.- Es una historia muy bonita. Yo empecé a trabajar muy joven nada más terminar la carrera de Económicas y Empresariales llevando cadenas de supermercados. A los 28 años ya era director general de un grupo.
En ese transcurrir, conocí a Luis Irisarri. Él trabajaba en una empresa que vendía aceite y yo en la empresa que compraba aceite. Nos hicimos íntimos amigos y creamos una empresa para hacer algo juntos.
Un día Luis me planteó comprar una cadena de cafés -Cafeterías California-. Se puso tan pesado que la compramos. Nos pareció un mundo mucho mejor que el de los supermercados. Más divertido, no tan competitivo. Así que seguimos creciendo, hasta que él, desgraciadamente, murió en un accidente hace 22 años. Yo le recuerdo todos los días. Para mí es como si hubiera enviudado.
—P.- Esa primera empresa fue el germen de todo.
—R.- Sí. Se llamaba IR: I de Irisarri y R de Robledo. Tenía como objetivo hacer cosas. No sabíamos ni qué cosas.
Manuel Robledo durante la entrevista con EL ESPAÑOL.
—P.- Desde el principio, las empresas que ha creado han comenzado en Madrid. ¿Por qué?
—R.- Yo soy de Madrid, de padres, abuelos y bisabuelos. Vivo aquí y no se me ocurre otra ciudad mejor para vivir. Para mí es de las ciudades más importantes del mundo.
Y he viajado mucho por este trabajo: he estado en Chicago, Nueva York, Sídney, Shanghái [cuando se expandió Lizarrán en China]... Me encantan, ¿pero podría vivir allí? Ni de coña. Yo viví tres años en Zaragoza y si estoy un día más me suicido.
—P.- ¿Qué le da la idea para comenzar con Kebah!?
—R.- Todas las cadenas de restaurantes que he hecho tienen algo en común: el producto se come con la mano. Hamburguesas, pizzas, tacos, bocadillos... Y todas han evolucionado. Pero había uno que todavía seguía con el modelo tradicional: el kebab. Exactamente igual que como había entrado en España.
Una empleada trabajando en el local de Kebah! en el Bernabéu Market.
—P.- ¿Qué diferencias tiene entonces con un local de kebabs al uso?
—R.- Hemos ido acercando y evolucionando el producto hacia el mundo occidental. Queríamos que el consumidor no fuera solo gente joven que sale por la noche y que quiere comer algo a las cuatro de la mañana. Queríamos ser la cadena de kebabs española. Hemos abierto el target a mucha gente que antes no se atrevía a comerlos. Yo, de hecho, nunca había probado uno hasta ahora. No me resultaban atractivos los locales tampoco.
Tenemos muy en cuenta la seguridad alimentaria, cuidamos mucho la calidad del producto, que el tomate y la lechuga sean frescas y la carne sea la mejor; al personal y al local, sin grasa por ningún lado. Además, hemos metido otras recetas, con ingredientes de la cocina mexicana. Es algo más moderno.
—P.- Con tan poco tiempo de existencia de la marca, ¿cómo ha llegado abrir una tienda en el Bernabéu?
—R.- Cuando me enteré de que iban a abrir esto, porque tengo relación con el Real Madrid, presenté la opción y me la negaron. Normal, acababa de empezar y encima una marca de kebabs. ¡Ave María! Pero insistí y me la acabaron aceptando. Y ahora están encantados.
—P.- ¿Y para el negocio qué significa estar aquí?
—R.- Al final todas las grandes marcas buscan lo que llaman los flagship: la Quinta Avenida, Oxford Street... Aquí viene todo el mundo. Imagínate, por ejemplo, el día de la NFL. Estaba esto lleno.
—P.- La acogida ha sido buena, entonces.
—R.- Sí. Estamos mirando para llevarlo incluso a Estados Unidos y Emiratos Árabes.
—P.- ¿Y Coffea? ¿Cómo surge?
—R.- El café era el siguiente paso. Es la segunda materia prima más consumida de la tierra después del petróleo y el segundo alimento más importante del mundo después del agua. En Madrid, se ponen 14 millones de tazas al día. Pero de las 100 veces que me pido un café en cualquier sitio, 99 es bastante malo.
Los cafés de especialidad están creciendo, pero sigue habiendo muy pocos. Me los he visitado todos y son muy aburridos. Son tristes; solo te ponen un trozo de bizcocho o una galleta. Entonces se nos ocurrió mezclar el café de calidad con complementos de comida -como el Sando japonés o los sandwiches- y a precios muy competitivos.
—P.- Llama la atención el precio. Y más en Madrid. Según la OCU, el precio medio de un café con leche normal en Madrid es de 1,60 euros. Y en cafeterías especializadas suele superar los 2 euros.
—R.- Pregúntaselo a ellos. Pero que se puede, se puede. Claro que se puede. Y el café es igual, pero han decidido ganarle mucho dinero a cada unidad.
—P.- Los planes de expansión ya apuntan a una franquicia con presencia nacional, pese a que el proyecto es muy reciente. ¿Es una cuestión de ambición o de tener muy claro el modelo desde el inicio?
—R.- Estoy convencido de que va a ir bien. Por sentido común. ¿A quién no le gusta comprar una cosa de calidad a un precio más barato? Si ha salido bien Kebah!, esto es más fácil.
—P.- ¿No es un riesgo apostar por cosas más originales?
—R.- Yo lo que no haría nunca sería hacer una cosa que ya existen. Ahí no puedo aportar nada. Más riesgo es pelearte en sectores donde ya hay mucha competencia. Todavía hay mucha comida que tiene que llegar. Hay que viajar mucho y hay que estar abierto a probar.
—P.- ¿Qué diferencia hay entre empezar con estos proyectos y llevar grandes cadenas?
—R.- Es mucho más fácil gestionar una cadena como Burger King. Todo tiene su equipo y solo tienes que organizarlo. Pero en esto empiezas de cero. Solo estás tú. Y construir una marca cuesta, pero es muy bonito. Es un lienzo en blanco.
—P.- ¿Qué planes tiene para el futuro?
—R.- Tengo unos diez proyectos en estudio. De lo más variado. Por lo menos uno o dos más quiero hacer en mínimo un par de años.