El consejero de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid, Carlos Novillo, en su visita al desembalse de la presa de El Atazar.

El consejero de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid, Carlos Novillo, en su visita al desembalse de la presa de El Atazar. Comunidad de Madrid

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En el interior de El Atazar, la presa más grande de Madrid: "La vigilamos como a un enfermo en la UCI"

Son 10 de las 13 presas de Madrid las que se encuentran desembalsando agua tras las lluvias. Sus reservas están por encima del 86%.

Más información: El hecho histórico de El Atazar: la presa más grande de Madrid desembalsa agua por primera vez en este siglo

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Las claves

El embalse de El Atazar es la presa más grande de Madrid y representa el 46% del volumen embalsado de la región.

Actualmente, El Atazar está liberando agua debido a que las reservas de los embalses superan el 86% de su capacidad tras intensas lluvias.

La presa cuenta con un avanzado sistema de vigilancia basado en tecnología, mantenimiento, profesionales y normativa estricta, supervisando datos las 24 horas.

El sistema de control permite anticipar y regular caudales, logrando rebajar el flujo medio de agua y garantizando el suministro para los próximos 18 meses.

La Comunidad de Madrid tiene 13 embalses dependientes del Canal de Isabel II que suministran agua a toda la población de la región. Por ello, estas instalaciones disponen de Normas de Explotación y son tratadas como infraestructuras estratégicas, con vigilancia las 24 horas del día durante todo el año.

Actualmente, 10 de ellos se encuentran desembalsando agua tras las fuertes lluvias, pues sus reservas se hallan por encima del 86% de su capacidad total. Una medida que se toma para prevenir inundaciones y reducir el caudal de los ríos ante las pasadas borrascas y el futuro deshielo. Se le llama volumen de resguardo a este determinado espacio útil libre que les permita recibir y regular las posibles crecidas con seguridad.

Una de estas presas es El Atazar, la más grande de la región (con 425 hectómetros cúbicos o, lo que es lo mismo, una capacidad para 425.000 millones de litros), que representa el 46% del volumen embalsado de Madrid. Además, es la última de las cinco que regulan el río Lozoya y ahora está liberando 50 metros cúbicos por segundo (m³/s) por su desagüe intermedio de los tres que tiene.

Por lo tanto, se trata de la que mayor nivel de auscultación tiene. "De los aproximadamente 400.000 datos que se mandan a nuestros centros de control anualmente sobre la explotación de las presas, casi la mitad —hasta 175.000— salen de aquí", ha asegurado Belén Benito, directora de Operaciones del Canal, este martes durante la visita del consejero de Medio Ambiente, Carlos Novillo, a la presa.

"La vigilamos como a un enfermo en la UCI", ha añadido. Para ello, hay una serie de elementos, herramientas y pasos a seguir que miden y garantizan su seguridad.

Sistema de seguridad

Benito explica cómo se lleva a cabo esta vigilancia basándose en cuatro pilares "igual de importantes": la tecnología, el mantenimiento, los profesionales y el cumplimiento de la normativa. El 58% de la información total de la red se toma manualmente, mientras que el 42% restante se obtiene mediante sistemas de telecontrol automático.

El Atazar dispone de unos 700 equipos de medida instalados en 8 kilómetros de galerías y formados por péndulos, piezómetros, extensómetros, manómetros, termorresistencias, medidores de juntas... "No todas las presas necesitan la misma auscultación". Varía en función de factores como su ubicación o altura.

Belén Benito, directora de Operaciones del Canal de Isabel II, y Carlos Novillo en la primera galería de la presa de El Atazar.

Belén Benito, directora de Operaciones del Canal de Isabel II, y Carlos Novillo en la primera galería de la presa de El Atazar. Comunidad de Madrid

"Las presas son como los seres vivos: se mueven y tienen comportamientos distintos en verano o en invierno, según esté el nivel del agua, la temperatura... Necesitamos una serie de aparatos que nos digan cómo se está comportando y si lo hacen en los rangos admitidos ", ha detallado.

Los dos fundamentales para esta labor son los péndulos y los extensómetros. Este primero cumple la misma función que una plomada en la construcción: se cuelga en vertical (o hacia arriba mediante un flotador) de tal manera que se marca cuál es el movimiento de la presa. Una variable que se nota de forma "milimétrica". Por su parte, los extensómetros observan si la presa se expande o se encoge mediante varillas en los cimientos.

El embalse de El Atazar.

El embalse de El Atazar. Rafael Bastante / Europa Press

Asimismo, otro de los elementos que componen el "centro neurálgico de seguridad de las presas" son las mediciones de las filtraciones, pues "la presa no es estanca". Al construirla —esta, en concreto, en el año 1972 durante la dictadura de Franco— se realizó por bloques de hormigón "para poder manejarla y controlar la retracción del material".

Entre ellos se instalan una serie de juntas impermeables. "Pero se pueden estropear y empezar a filtrarse". Se evalúan mediante unos tubos, según los que dilucidar si se está aumentando el rango y si es necesario "inyectar o volver a impermeabilizar".

Vista del embalse de El Atazar.

Vista del embalse de El Atazar. E.E.

Otro punto "crítico" es la unión entre la estructura y el terreno. "Si se colara agua por ese sitio, podría llegar a levantar la presa". Por tanto, es necesario saber cuál es la presión en ese contacto para actuar rápidamente si se detectara alguna filtración.

Sin embargo, "si esto no se mantiene, la tecnología no vale de nada", ha afirmado Benito durante su explicación. En cuanto a esto, Canal de Isabel II se gasta unos "2 millones de euros al año en mantenimiento en todas sus presas".

El péndulo que se usa para medir el movimiento en la presa de El Atazar.

El péndulo que se usa para medir el movimiento en la presa de El Atazar. E.E.

De ello se encarga el equipo de profesionales, que realizan intervenciones como simulacros o mantenimientos, tales como la apertura y cierre de compuertas y válvulas cada tres meses.

Por último, se encuentra en cumplimiento de las Normas de Explotación. Estas indican los niveles de embalse y de resguardo en cada momento del año, así como los protocolos de actuación en situaciones ordinarias y extraordinarias, y los procedimientos de inspección, conservación y auscultación.

Se revisan obligatoriamente cada cinco años y están actualizadas y aprobadas, desde la pasada primavera, por la Dirección General del Agua del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

También la apertura y cierre de válvulas de los actuales desembalses se ejecuta de forma presencial por personal técnico especializado. Todos ellos se comunican con la Confederación Hidrográfica del Tajo y la Agencia de Seguridad y Emergencias Madrid 112, manteniendo una coordinación permanente.

Datos "de récord"

"Este mes hemos tenido un nuevo episodio de récord absoluto junto con marzo del año pasado", ha agregado el consejero desde la galería más superficial, donde el sonido del agua liberada por la presa llenaba todo el espacio.

Y es que Novillo ha destacado algunas cifras: el día de mayor regulación de los cauces se produjo el 10 de febrero, cuando se alcanzó un caudal medio de casi 400 m³/s, "el octavo mayor de la serie histórica". "Gracias a la anticipación de la empresa pública mediante desembalses controlados, se ha podido rebajar el caudal medio a 205 m³/s aguas abajo de las presas".

Además, el consejero ha querido enfatizar que las recientes borrascas también han dejado una "buena noticia": con toda el agua almacenada —El Atazar está al 80% y algunas al 100%— "el suministro de agua está garantizado para los próximos 18 meses".