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Opinión

Septiembre no es un plan de negocio para las baterías, sino los próximos 15 años

Ignacio López Martín
Publicada

En septiembre, el megavatio hora costó de media 45 euros en el mercado diario entre las diez de la mañana y las seis de la tarde. Entre las ocho y las doce de la noche, 216 euros/MWh. El mes cerró con una media de 143 euros, la más alta desde 2022. Son datos de OMIE.

Para quien desarrolla baterías, septiembre parece la prueba definitiva. He hecho la cuenta con los precios oficiales de cada día: una batería de cuatro horas que hubiera acertado cada día las horas más baratas para cargar y las más caras para descargar habría ingresado en el mercado diario unos 770 euros por megavatio al día.

Ahora hagamos la misma cuenta en diciembre de 2025: unos 160 euros. Casi cinco veces menos. En enero de este año, la diferencia media entre el mediodía y la noche fue de 26 euros; en septiembre, de 170. Y de todo lo que esa batería habría ganado en los últimos doce meses, el 42% se concentra en julio, agosto y septiembre.

Ningún banco presta sobre septiembre. Y hace bien.

Primero, porque ese verano tiene una causa que no va a durar siempre: la noche la marca el gas, y el gas se ha encarecido con la crisis de Oriente Próximo.

Segundo, porque esa cuenta es un techo, no una previsión: supone acertar cada día las mejores horas, y ninguna batería real lo hace.

Y tercero, porque cada batería que entra estrecha el diferencial del que vive.

El primero que llega cobra la escasez; el décimo cobra el coste de resolverla.

Lo sé porque es la conversación que tengo con cada financiador. Presido el consejo de una desarrolladora de almacenamiento, y la pregunta nunca es cuánto ganó una batería el mes pasado. Es cuánto va a ganar, con seguridad, durante quince años. La garantía del fabricante suele limitar la batería a un ciclo al día, así que un mes malo no se compensa trabajando más. El banco no financia el arbitraje: financia el suelo.

Ese suelo es lo que falta. Y hay tres formas de construirlo que no dependen de nadie de fuera.

La primera, contratos con la forma del consumo. Los grandes consumidores que trabajan de noche, la industria a tres turnos, los centros de datos, el agua o el frío, pueden comprar energía nocturna a precio fijo a quien la guarda. Es un contrato a largo plazo como los que ya se firman con la solar, pero con el perfil de su demanda.

La segunda, hibridar. Miles de megavatios solares ya tienen conexión a la red y la usan a medias, porque de noche no producen. Una batería en esa misma conexión aprovecha la capacidad sin pedir un megavatio más de red, y comparte ingresos con una planta que ya está financiada.

La tercera, que el mercado de capacidad deje de ser una orden en el BOE y se convierta en subastas. Hoy es el único ingreso a quince años que existe sobre el papel.

Esto no es una conversación para especialistas. Cada megavatio hora que se compra a 216 euros por la noche lo acaba pagando un hogar o una fábrica. España ya tiene electricidad muy barata a mediodía. Puede tenerla también por la noche, pero no con baterías financiadas sobre el mejor mes del año. Con contratos.

*** Ignacio López Martín es ingeniero industrial y empresario. Cofundó Cable Energía, adquirida por Shell en 2022, preside el consejo de Capflex Energía, desarrolladora de almacenamiento, y dirige Eolinet Renovables.