Estos días se cumplen 250 años de la muerte de David Hume, fallecido el 25 de agosto de 1776. Hume no fue solamente el escéptico que desmontó la causalidad y puso en su sitio a la razón frente a las pasiones.

También fue, en sus 'Political Discourses', uno de los primeros en pensar con rigor en la seguridad de los estados como un problema de equilibrio, de recursos y de certeza. Por eso creo que conviene releerlo ahora, con Ceuta como telón de fondo, porque describió mejor de lo que pensamos por qué ciertas amenazas nos resultan tan difíciles de calibrar.

Empecemos por donde empieza Hume: ¿qué sentido tiene el gobierno? Para Hume, el gobierno no nace de un contrato abstracto entre ciudadanos racionales, sino de la necesidad práctica de dar seguridad a algo que, sin reglas compartidas, cualquiera podría arrebatarnos.

En Ceuta esa idea no es una abstracción filosófica, es literal. Son los comercios asaltados estas semanas, el miedo de las niñas que tienen que ir acompañadas por sus padres, la mirada de los niños que no saben si van a poder empezar el colegio porque ha sido ocupado ilegalmente por los asaltantes marroquíes, es la tranquilidad cotidiana que una población ya no puede dar por sentada.

Y la misma lógica, escalada al nivel del Estado, es la soberanía territorial. Es decir, de quién es Ceuta no es una discusión jurídica flotando en el aire, es la versión a gran escala de la misma pregunta que se hace un comerciante ceutí sobre su propio local.

"No es una crisis migratoria que además tenga lecturas políticas, es una estrategia política que usa la migración como instrumento"

El Estado existe, en la formulación humeana, para responder ambas preguntas con la misma certeza. Y es precisamente esa certeza la que Marruecos lleva demasiado tiempo erosionando en los dos niveles a la vez.

Porque no nos engañemos sobre lo que está pasando: no es una crisis migratoria que además tenga lecturas políticas, es una estrategia política que usa la migración como instrumento.

El pasado 10 de agosto, el ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, declaró en la cadena saudí Asharq News que Rabat mantiene su reivindicación de Ceuta y Melilla "a largo plazo" y que la plantea directamente en sus reuniones con el Gobierno español.

España ha respondido con un rechazo verbal tajante, recordando que ambas ciudades son fronteras de la Unión Europea y que su soberanía está reconocida internacionalmente. Pero el rechazo diplomático no neutraliza el instrumento y como no hay correlación entre palabras y hechos, la presión migratoria sigue ahí.

Pero hay un aspecto de las ideas de Hume que plantea un tema que no parece estar presente. En su ensayo 'Of the Balance of Power' pensaba acerca de la seguridad entre naciones comparables, casi como una gran familia europea que se vigilaba a sí misma en términos de fuerza militar y capacidad fiscal, planteando quién puede sostener un ejército, quién puede financiar una guerra, quién se endeuda más allá de lo prudente.

"La eficacia de la estrategia de Rabat está, literalmente, en su inconmensurabilidad"

Es, dicho sea de paso, uno de los primeros autores en conectar explícitamente deuda pública y autonomía estratégica porque un estado que compromete su crédito en exceso, advertía, acaba a merced de sus acreedores y de sus enemigos por igual.

Pero el hecho consumado marroquí no juega ese partido. Funciona precisamente porque elude esa contabilidad clásica. No es un ejército, no es una flota, no es una partida presupuestaria que se pueda comparar con la nuestra.

Es un flujo de personas que se activa y se desactiva según convenga, y que no encaja en ninguna de las categorías con las que el marco humeano, o el marco de seguridad nacional convencional, en general, sabe medir una amenaza. La eficacia de la estrategia de Rabat está, literalmente, en su inconmensurabilidad.

Queda un tercer nivel, el más sangrante y doloroso, que Hume no trató en este ensayo sino en el 'Tratado de la naturaleza humana'. En esa obra sostiene algo que cualquier vecino de una ciudad fronteriza reconocería de inmediato.

Y es que no es el mal en sí lo que más perturba a una persona, sino la incertidumbre sobre si va a ocurrir.

La seguridad calma las pasiones, escribe, precisamente porque elimina esa incertidumbre que las intensifica; y el ánimo fluctúa de forma más agitada ante lo incierto que ante lo cierto, incluso cuando lo cierto es peor.

"Es una descripción casi clínica de lo que hoy llamaríamos fatiga por incertidumbre, y retrata con precisión el estado de ánimo de una población"

Es una descripción casi clínica de lo que hoy llamaríamos fatiga por incertidumbre, y retrata con precisión el estado de ánimo de una población que lleva un mes entero sin saber si la presión va a escalar otra vez, ni cuándo, ni cómo.

Y frente a esa fatiga, ¿qué ha ofrecido el Estado que, según Hume, existe justamente para eliminarla? El presidente del Gobierno visitó Ceuta el 31 de julio, un día después de la entrada masiva.

Veinticuatro horas más tarde ya estaba de vacaciones en La Mareta, desde donde gestionó la crisis con dos videoconferencias en tres semanas, sin volver a reunirse en persona ni con el presidente ceutí ni con el canario.

El Consejo de Seguridad Nacional, el órgano creado precisamente para esto, se convocó con carácter extraordinario 25 días después del asalto a la frontera, cuando el asunto ya se daba oficialmente por resuelto pero que empeoraba día a día.

Y nada más presidirlo, el presidente se ha marchado unos días a Andorra a terminar sus vacaciones.

Si el Estado, para Hume, nace de la necesidad de dar certeza donde la falta de reglas dejaría a cada cual a merced del más fuerte, un gobierno que gestiona por pantalla y convoca su propio órgano de seguridad casi un mes tarde no está fallando en los detalles, está fallando en la función misma que justifica su existencia. Sólo cabe la dimisión.