Trump ya no sabe qué hacer para salir del lío de su guerra con los ayatolás.
Una guerra que, según los analistas, se inició con información equivocada. Parece que el Mossad, el famoso servicio de inteligencia israelí, aseguró un levantamiento de la población iraní que acabaría con el régimen teocrático, cuando se produjera el primer bombardeo.
No ocurrió. Al revés, se consolidó su gobierno teocrático con la guerra.
Entonces, esa guerra se convirtió en un intercambio de misiles y drones. Es decir, en algo interminable porque el bombardeo no es el fin de la guerra, sino un medio para ganarla. Es el paso previo a la infantería, no al revés.
De las cosas que aprendí sobre estrategia militar en la mili, una era que una victoria suponía la ocupación del territorio y la posterior explotación del éxito. Ninguna de ellas se ha producido.
Ahora bien, suponiendo que Trump pudiese poner en práctica su ocurrencia, habría roto con uno de los consensos en derecho internacional
De todo el conflicto de oriente medio la única ocupación del terreno la ha hecho el Ejército israelí en Gaza y zonas de Líbano y Cisjordania. ¿Cuál será la explotación de ese éxito? Está por ver. De momento ha sido la reducción de la capacidad militar de Hamás y Hezbolá, las dos marcas terroristas subsidiarias de los ayatolás.
Desde el punto de vista israelí el balance de la guerra es, de momento, positivo. Pero no definitivo.
No puede decir lo mismo Trump para las Fuerzas Armadas estadounidenses. Por eso su última ocurrencia es declarar territorio estadounidense el estrecho de Ormuz. Pero no ha ocupado ningún territorio nuevo.
La US Navy tiene uno de sus portaviones insignia, Abraham Lincoln, en el Golfo Pérsico y Persia es el nombre histórico de Irán.
Esa presencia bélica estadounidense es insuficiente, porque los drones iraníes pueden bloquear el tráfico lo mismo que los de EEUU.
Es más, Omán ha llegado a un acuerdo con Irán para no cerrar el estrecho a las embarcaciones que les interese.
Además, se empieza a consolidar la sospecha de que la capacidad de bombardeo de la US Navy está bajando, porque sus almacenes de misiles tienen los stocks menguados.
Ahora bien, suponiendo que Trump pudiese poner en práctica su ocurrencia, habría roto con uno de los consensos en derecho internacional.
La Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Mar (CNUDM) define la libertad de navegación comercial en los estrechos, sin que los países ribereños lo puedan impedir, salvo casos muy determinados.
Por tanto, la pretensión de Trump es discutible, según el derecho. ¿Quién le habrá aconsejado semejante declaración? Desde luego ningún experto en derecho internacional.
No obstante, en el caso de que se llevase a cabo ¿cambiarían las normas de navegación de los estrechos? ¿qué consecuencias tendría ese cambio?
Por ejemplo, ahora que Ceuta se ha convertido en actualidad por la perversa maniobra de Marruecos y la negligencia del gobierno Sánchez, ¿podría el Estado español alegar su derecho a regular el estrecho de Gibraltar?
Tiene territorios a los dos lados del estrecho.
Bien es cierto que el peñón de Gibraltar es de soberanía británica. Pero el tráfico entre la Línea y Ceuta o entre Almería y Melilla, de soberanías españolas, justificarían un derecho de paso regulado por España.
Ahora bien, la política exterior del gobierno Sánchez ha dejado a España en la zona de nadie.
Sigue en la OTAN, pero sospechoso de deslealtad.
Marruecos ha reforzado sus lazos con Trump e Israel. Ninguno de los tres apoyaría la pretensión española.
En la UE no parece que tendría tampoco la solidaridad de la Comisión, ni del parlamento de Bruselas.
No le interesaría ni a Rusia ni a China con intereses en el Mediterráneo.
En resumen: la pretensión de Trump puede producir estupor e incredulidad, pero la de España produciría hilaridad. Las carcajadas sonarían en todas las cancillerías.
Hasta este nivel de inanidad nos ha llevado la política exterior sanchista.
Las declaraciones del ministro Albares no es que no sean tenidas en cuenta, es que dan risa en los círculos de la política internacional.
Mientras tanto Sánchez en la Mareta y Ceuta a un paso de acabar en cuarentena sanitaria, migratoria y económica.
** J. R. Pin Arboledas es profesor del IESE.